Por María Vesga Lema.
"Así como Papá Jaime (Jaime
Jaramillo), el director de la Fundación Niños de los
Andes, se encarga de sacar y recuperar a los menores que
viven en las alcantarillas para transformar su vida y
hace algo con ellos muy bonito: él hace que cada niño
pinte su sueño y lo fije frente a su cama, para que cada
día al levantarse sea su sueño la primera imagen que ve
y por la que tiene que luchar para lograrlo, así
deberíamos hacer todos, pintar nuestro sueño y trabajar
hacia él, hasta convertirlo en nuestra realidad".
En eso consiste el
ejercicio práctico de la vida para Oscar Cañón, un
colombiano que recorrió toda Suramérica en bicicleta. A
punta de pedal y pedal llegó hasta donde su sueño se vio
cumplido. Con olla, cocina, carpa, ropa, cámara y una
que otras cosas más que sumaban 40 kilos de peso,
equiparó a su compañera del alma, la bicicleta, para
recorrer a Suramérica, su proyecto de vida.
Una travesía de 687 días ,
una osadía para la rutina de la gente, para sus padres
que en un principio consideraban una locura que un
joven, "casi un señor" de de 31 años, que en ese momento
era funcionario de la dirección de asistencia
territorial en el Ministerio del Medio Ambiente,
Vivienda y Desarrollo Territorial en Colombia, teniendo
seguridad laboral y estabilidad "que es lo más
importante, se ponga aventurar a estas alturas de la
vida" dijeron ellos.
"Pero para mí fue una
decisión madura, yo siempre había iniciado con el
montañismo, y bicicleta practicaba todo el tiempo, fue
todo un proceso, quería conocer Suramérica y de esa
manera, encima de las 2 ruedas, sino era en ese momento
no era nunca, era hora de cumplir el sueño tantas veces
dibujado en mi mente", Recuerda Oscar, rememorando
aquellos momentos en los que aún no sabía la mágica y
fascinante aventura que le esperaba.
"Fue duro, claro que fue
duro", pero ha sido "la experiencia más íntima con la
soledad". El proyecto inicialmente arrancó con otros 3
amigos de Oscar, pero llegando al norte de Perú se
disolvió, "en parte porque yo sentía que no era lo mismo
el viaje como grupo, éste era un viaje personal", así
siguió, pedaleando desde el 1 de mayo de 2004
hasta el 18 de marzo de 2006.
¿Y el Patrocinio?
Nada, sin patrocinio de
nadie, con los ahorros de toda la vida y un presupuesto
ajustado empezó a construir su historia: "toqué puertas,
pero es muy difícil, sobre todo porque el recorrido era
largo, no me conocían y además no creían, pero la
aventura consistía en eso, con 400 mil pesos mensuales
tenía que lograrlo. Hamaca, carpa, estaciones de
bomberos y el hospedaje de una que otra persona, eso era
todo, y en lo que podía creer para lograrlo, ya había
tomado la decisión, era hora de hacerlo, la carencia
exigía más contacto con al gente y eso me gustaba".
El verdadero Viaje
"Con éste viaje el que más
cambié fui yo, adquirí una visión distinta, ahora huyo
del ritmo caótico de la ciudad, porque ya no lo siento
propio". Fue un recorrido intenso, pero por la fuerza
que tuvieron los momentos para Oscar: "Lo más
difícil tal vez fue la Patagonia chilena, por el frío,
rodaba congelado" pero fue una lucha a la perseverancia,
una ausencia total de paisajes muy abiertos, "un
desprendimiento absoluto".
Mientras se comunicaba por
Internet en días en los que se establecía en ciertas
ciudades y hacía una que otra llamada para hablar con
los de su casa, su familia se transformó en un montón de
gente, en los humildes pobladores de todas las regiones
que recorrió y que muchas veces, le brindaron su campo
para poner la carpa y en su mayoría, la cama donde paso
varias noches, comida caliente y lavado de ropa.
"Hay una regla en el viaje,
eso lo viví, el que menos tiene más te da. Le di el
verdadero valor a la convivencia, somos más parecidos de
lo que yo creía, los latinoamericanos somos creativos.
Hay mucho contraste, todo el tiempo, hay bastante
pobreza y desigualdad, es muy duro sobrevivir, pero la
gente es alegre y trata de ser feliz con lo que tiene,
es luchadora, es berraca".
Un viaje de amor y dolor de
patria: "lejos valoras más todo, lo bueno y lo malo
también duele más, la gente casi siempre preguntaba
sobre la violencia en Colombia, sobre la guerra, pero yo
vendía a Colombia en otra dirección en la que también
existimos". Con calcomanías, música y cartillas de
turismo Oscar convenció a sus casi 700 amigos que
hizo en el viaje, de visitar Colombia.
Las Dos caras
"Sentí miedo muchas veces,
sobre todo cuando se desató una tormenta, estaba en
Argentina, y de pronto la carpa se levantó y se iba a
romper, me toco salir y guardarla, no me podía quedar
sin carpa, qué tocó hacer, acurrucarme y esperar,
pedirle a Dios. En ese momento el miedo se transformó en
fe y entonces sentí el milagro de la vida, como cuando
ví las lagunas de múltiples colores en el sur de
Bolivia, eso fue precioso. El valor del esfuerzo, de la
satisfacción, ese mismo reto de vivir en Colombia
tratando de cumplir lo sueños.
Aprovechó los "tiempos
libres" para visitar parques naturales, para caminar
porque también se cansaba de la bicicleta, para dormir,
ver televisión en alguna de las casas que le dieron
hospedaje y para planear su próximo sueño con la
infaltable cámara de video, que esta vez no había sido
parte del equipaje, porque no existía.