LA BICICLETA COROTIADA, POR LOS CAMINOS CALDENSES

Rodando por el norte Caldense. Del 29 de octubre al 4 de noviembre de 2011 .

 

Emprendía un pequeño circuito por el norte de Caldas. En esta región iba a pasar por fincas cafeteras, un valle de palma de cera, la cultura lechera de la región, el paso por un páramo y el descenso por un camino que más parecía una trocha.

Iniciaba el recorrido rumbo a Filadelfia. Allí me esperaba una bonita familia gracias al contacto de Santiago Giraldo. Mi idea era pasar allí el domingo y tener un día de descanso mientras ocurrían las elecciones de alcaldes y Concejales a nivel nacional.

La carretera, casi toda pavimentada, fue muy agradable de tomar. Lo primero que llamaba la atención era la cantidad de gente con baldes esperando en cada esquina, para que un carro tanque los surtiera de agua. Ya Manizales llevaba más de una semana con ese problema por el daño del tubo madre del acueducto. Claro que el problema más grave, en realidad, era la negligencia de sus gobernantes que permitieron que se llegara a ese punto.

La salida de Manizales en bajada, dejaba ver en las colinas vecinas, cultivos de café y plátano, muchos de ellos llegando hasta el borde de la carretera. Espero que esta ruta me permita empaparme no solo de estos paisajes, sino de toda la cultura que gira entorno a nuestro símbolo patrio: el café.

Mi primer destino era Neira, pero para llegar a él, tenía que descender casi 600 metros para luego volverlos a subir. Ya empezaba a ver lo que me esperaba el resto de días con la geografía tan quebrada que presenta esta parte del país.

De Neira hacia Filadelfia el paisaje cafetero se acentuó mucho más. Las colinas con recuadros que denotaban los cultivos de café con sus siembros bien alineados, las matas de plátano que sobresalían en algunos de ellos y en las partes cercanas a las cañadas, los penachos de guadua que matizaban el escenario. La arquitectura también es parte del paisaje, con sus casas de adobe, de puertas siempre abiertas, con balcones y flores y de un predominante juego de colores, especialmente entre el blanco y el rojo.

 

En Filadelfia, en la casa de Amanda y Cristobal, , se podía sentir este mismo ambiente. La casa evocaba tiempos antiguos y el tinto no podía faltar en cada momento del día. Fueron 2 días de tranquilidad, que la vida de los pueblos pequeños suele tener.

Pero aunque uno se amañe en un lugar, siempre está el momento de la partida. El lunes con todo recargado, mi destino era la ciudad de Salamina. Sabía que su centro histórico es monumento nacional, por lo que descubrir los tesoros que su arquitectura exhibe, era parte de lo que esperaba encontrar al final del día.

Nuevamente la ruta era de un sube y baja constante, cosa que al final del día superaba otra vez los 1200 mt de ascenso. A pesar de ello, llegué temprano a la ciudad. Pude hace una primera mirada a la ciudad, pero me fui a los bomberos con la intención de garantizar mi alojamiento y tener tiempo de volver a degustar con más cuidado, todo ese patrimonio que tiene Salamina.

Yo creo que la gran mayoría de nuestros pueblos tendrían una arquitectura como esta, sin embargo pocos pueblos la han podido conservar. Aunque ya existe mucha construcción moderna, Salamina mantiene mucho de ese patrimonio arquitectónico que nos dejó la colonia y en especial en estas regiones cafeteras.

Al día siguiente me esperaba otra jornada de buena subida en medio de una carretera destapada y solitaria. Poco a poco Salamina se veía más lejana y el frio se sentía más cercano. Luego de una travesía final llegaba a San Felix, un corregimiento de Salamina. Mi destino planteado era acercarme a Marulanda, a ver la palma de cera, pero la gente me comentó, que el bosque más conservado, lo encontraría en la vereda Samaria de San Felix, en el sentido opuesto. La decisión estaba tomada. Antes de seguir iría a conocerlo.

Lo que no supuse era que la visita me iba a tomar como 3 horas haciendo videos y compartiendo con Eugenio, quien iba a trabajar en una parcela cercana y que al final se convirtió en mi guía local. Lástima que la mayoría de palmas crecen en medio de potreros, donde las vacas no permiten que crezcan nuevos brotes. Si no se hace nada, estos grupos de palmas serán las últimas en la región.

Gracias a la ayuda de Emiliano, esa noche tuve un cuarto donde plantar mi carpa. Noche fría que auguraba una mañana despejada. Y justamente saliendo de San Felix dos personas me preguntaron del por qué andaba tan corotiado en mi bicicleta. Siempre me tomo un tiempito para contarles mi viaje y se convierte en una buena forma de dejar un pequeño mensaje.

Me acercaba a Marulanda pero al llegar al cruce que desviaba a Neira tomé la decisión de seguir de una vez en esta dirección. Realmente fue pereza de recorrer 16 km en un sentido para luego tener que re andarlos en sentido contrario.

Así fue como enfilaba pedal rumbo a Manizales. Pero para ello, tendría que cruzar un páramo y superar un alto a 3650 msnm. El ascenso fue lento pero constante. La primera parte me acompañó un vecino a caballo con quien pude saber lo que me esperaba más arriba, recargar agua y guardarme un pedacito de panela para más adelante, junto con la leche recién ordeñada que me habían regalado unos kilómetros atrás.

Ya en la parte alta me encontré de repente, luego de una curva, con la hacienda Hojas Anchas. Solo me hicieron un par de preguntas y enseguida me invitaron a seguir a la cocina donde un buen almuerzo fue el premio a esta primera parte de la subida. Charlamos otro poco y continué mi camino agradecido por esos regalos que personas como Nelson y Doracelly tienen con el desconocido. Esos gestos son los que le dan el valor al viaje.

La carretera continuaba tan sola, como hermosa. Luego de pasar el Valle de Romerales y por fin llegar al tope del ascenso a 3651 msnm, la bajada se dejaba ver en medio de cerros hermosos bastante pendientes. Lo que también se estaba dejando ver era la nubosidad a la que me acercaba. La sensación que la lluvia estaba por ser mi compañera de recorrido, aumentaba cada vez más.

Pero la suerte no me desamparó. Afortunadamente llegué primero a la hacienda El Guayabo, donde esperando a que Humberto llegara para pedirle permiso de acampar en una casa cercana, se desató una tormenta de granizo y relámpagos que cayeron realmente muy cerca.

Al final la familia me adoptó esa noche. Con semejante tormenta era imposible moverme de allí. Buena comida, dormida y desayuno me dejaron listo para emprender camino a Manizales. Antes de partir pude ver un poco todo el trabajo que tienen que hacer estar personas de campo para que la leche llegue a las ciudades. El proceso empezó desde las 3 y media de la mañana y el camión llegó por la leche a las 8 y 10 minutos. Mucho trabajo, en ocasiones para muy poca ganancia.

Lo que no contaba en mi retorno, era que en su primera parte, el camino estaba destrozado. En algunos sectores tuve que alzar a Fura para cruzar la palizada y las piedras que obstruían el camino. Inclusive con un poco de nervios por pasar en sectores donde la montaña te podía caer en cualquier momento.

La bajada fue lenta; por lo malo del camino me tarde casi 3 horas en hacer 20 km, pero al final nuevamente Manizales se veía a la distancia y la certeza de tener un lugar donde recargar energías hicieron el último premio de montaña mucho más llevadero.

Llegaba al encuentro de mis amigos Bacho y Ecua, quienes conocía de tiempo atrás, ya que también habían emprendido un gran proyecto para recorrer Suramérica en bicicleta. Nos une el amor a viajar en bicicleta y eso hace que el encuentro sea como de hermanos que hace mucho tiempo no se ven.

Un descanso merecido y alistando baterías para el siguiente recorrido, donde el Parque Nacional de los Nevados, espero sea el gran protagonista del recorrido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DATOS DE INTERES

Kilómetros recorridos: 231

días de recorrido: 5

días de descanso 2

Ascenso realizado aproximado 5250 metros

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

  • Amanda y Cristobal en Filadelfia. Me sentí como en casa
  • Gracias al cuerpo de Bomberos voluntarios de Salamina. Gracias a su gestión pude colocar mi carpa en el coliseo municipal.
  • Gracias a Emiliano Perez en San Felix, por brindarme su casa para pasar la noche y a Eugenio por su compañía y guianza en todo la vereda de la Samaria para ver las palmas de cera.
  • En la hacienda Hojas Anchas a Nelson y Doracelly por su invitación a almorzar. Era la recarga de energía que necesitaba para completar la subida al páramo.
  • En la hacienda El Guayabo realmente muchas gracias a Humberto Grisales, su esposa María y Antonio Giraldo por su acogida en medio de la tormenta
  • En Manizales a mis amigos Sebastian Jaramillo"Bacho" y Edwar Alarcón "Ecua" por su recibimiento como un hermano más.

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