RUMBO A TIERRAS ANTIOQUEÑAS: CON EL RIO CAUCA COMO TESTIGO

De PANACA hasta mi entrada a Medellín. Del 30 de nov al 8 de dic de 2011

 

 

 

 

Esta parte del viaje fue bastante variada, en cuanto a lugares, personas, geografía y clima.

Salía de PANACA y me encaminaba a La Virginia. Pero para ello, tenía que regresar a Pereira o bajar hasta Cartago y hacer una pequeña entrada al departamento del Valle. Escogí esta segunda opción y Cartago, a pesar de mi paso rápido, me dejó con una agradable sensación. Su parque lleno de iguanas y ardillas, su basílica, su malecón sobre el río la Vieja ( a pesar de lo dejado que se encuentra) y sus lindas mujeres, todo ello me dejó con deseos de regresar algún día con más tiempo.

Para llegar a La Virginia nuevamente me tocó subir un buen tramo antes de bajar ahora hasta el crecido río Cauca. Allí los bomberos nuevamente fueron mis anfitriones.

No me quería devolver por la misma ruta, por lo que preguntando, me encontré con la posibilidad de hacer un camino diferente. Tenía que seguir por el margen del río Cauca, sin embargo ya sabía que se me acabaría el camino y tendría que montar la bicicleta en un carrito esferado y empujarlo con un palo sobre los rieles del ferrocarril. Todo marchaba excelente: el paisaje, el clima, la nueva actividad, sin embargo en un momento el carrito se frenó bruscamente con un palo y la bicicleta se deslizó, con tan mala suerte que los dientes del plato me cortaron a la altura del tendón de Aquiles. Llegué a Estación Pereira, donde el río Otún desemboca en el río Cauca, con bastante sangrado. Me hice una curación y con un dolor siempre fuerte, fue necesario retomar la rodada por un camino que implicaba mucha subida para llegar al cruce de la carretera principal hacia Marsella. Claro que la ruta que al final escogí, hizo que padeciera mucho más de lo esperado. El desnivel se puso tan fuerteal final que me fue difícil pedalear todo el tiempo y los últimos 200 metros los tuve que empujar. Tuve la fortuna que una señora me ayudó a empujar la bici en los últimos 50 metros, ya que el dolor en el pie de la cortada no me permitía apoyar bien el pie y la inclinación era realmente absurda.

Por fin llegaba a Marsella y nuevamente los bomberos fueron mis salvadores. Nueva limpieza de la herida, pero lamentablemente tenía bastante hinchado el tendón y el caminar lo tenía que hacer con mucho cuidado. Por ello ese día lo tomé con calma para descansar el pie, aunque pude conocer un poco de la ciudad y de su bonita arquitectura. Se destaca lo bello de la arquitectura de su casa Cultural y muchas casas del marco de la plaza.

El día siguiente me trajo una grata sorpresa. Antes de salir de Marsella, quise visitar a Julian Zapata, un ambientalista, observador de aves, educador ambiental, trabajador incansable por dejar un mensaje y una actitud positiva en los niños de la región. Hablamos largo y tendido, donde pude entender el gran potencial que tienen los niños para generar cambios en todos los niveles. En ellos está el futuro de nuestro medio ambiente y son ellos los que desde ahora pueden generar cambios de actitud y trabajos concretos de protección. Me dejó una gran lección y terminamos el día visitando el jardín botánico de Marsella, lugar que vale la pena conocer.

Como todavía tenía un par de horas, quise emprender recorrido nuevamente hacia el departamento de Caldas al municipio de Chinchina, pueblo cafetero por excelencia, sin embargo un fuerte aguacero, faltando unos 6 km para llegar, hizo que tuviera que refugiarme y buscar campamento prematuramente.

Gracias a Carlos y su familia, pude tener un refugio seco, comida y buena compañía para disfrutar esa tarde y noche pasada por agua.

Al siguiente día busqué avanzar un poco más y bien temprano inicié el recorrido que implicaría largas subidas y bajadas. Primero, 6 km hasta Chinchina, luego bajar nuevamente hasta el río Cauca a la altura del corregimiento de Arauca, nuevamente emprender un ascenso de 17 km hasta el municipio de Risaralda, nuevamente bajar unos km para emprender el ascenso hasta Anserma, uno de los municipios más antiguos del país.

Esta vez la posibilidad para hospedarme en bomberos o la defensa civil estuvo complicado, por lo que continué unos kilómetros más de ascenso y afortunadamente en la primera casa, la familia Suescum me recibieron muy bien. Tuve una tarde muy bella con unas vistas del municipio de Quinchia y uno de sus cerros tutelares, el Batero, de gran belleza.

Justamente al día siguiente la idea fue visitar Guatica y Quinchia para ver más de cerca toda esta serie de cerros y el paisaje tan especial que generan. Sin embargo ese juego permanente del clima, para antojarme de un lugar con un atardecer cargado luz y color y al siguiente día mostrarme solo lluvia y niebla, fue lo que nuevamente me sucedió. En Guática solo alcancé a visitar Los Chorros y el agua nuevamente empezó a caer.

 

Llegué al final a Quinchía totalmente empapado, aunque bien acompañado ya que en el camino pude conocer a Martha Cecilia Botero y Carlos Alberto Marín, dos amigos ciclistas que salían a entrenar. Conversamos, me invitaron a almorzar y luego de que estaba a punto de tomar la decisión de quedarme en Quinchia, el clima empezó a cambiar y eso hizo que quisiera avanzar un poco más.

Con algunos consejos de Carlos Alberto decidí tomar otra vía destapada que me llevaría a los pies del cerro Batero. La subida sería dura, pero mucho más bello el camino.

Estaba en la subida, que resultó fuerte pero con un paisaje de postal, cuando a eso de las 5 de la tarde se desgajó un aguacero impresionante. Afortunadamente y gracias a Belisario Betancur, un amigo de la vereda, pude refugiarme y al final tener un sitio donde colocar mi carpa.

El siguiente día amaneció de forma similar. Gris y con toda la intención de seguir lloviendo. Llegué empapado nuevamente a Riosucio y al comentar que me dirigía a la ciudad de jardín, Antioquia por la trocha, nadie me auguraba nada bueno: Que la carretera estaba muy mala, que no llegaría ese día, que era muy sola, que hacía mucho frío. En fin, lo único que hice fue esperar a eso de las 10:30 que dejara de llover para emprender el recorrido sin pensar en todos esos augurios.

Fue muy sola, hizo mucho frio y lluvia, fue larga, pero fue un recorrido especial de muchas sensaciones. Al comienzo de tristeza, al ver zonas deforestadas y los únicos árboles presentes, eran pinos o eucaliptos de plantaciones forestales. Poco a poco el bosque nativo fue apareciendo, perotambién los parches de esos bosques acabados de talar para sacar madera y carbón. Por fin el ánimo fue cambiando al ir entrando a sectores bastante conservados, incluyendo una reserva natural de aves con Palma de cera que preservan entre otros al loro Orejiamarillo.

Bajaba por fin a Jardín y el tiempo de claridad se hacía más corto. Llegué a este hermoso municipio hacia las 6 de la tarde y fue difícil encontrar lugar donde acampar. Al final mi bicicleta se quedó en la estación de policía y yo en mi carpa en un coliseo cubierto.

El día siguiente me levanté bien temprano para recorrer Jardín y disfrutar de su arquitectura y colorido para luego iniciar el recorrido hacia Jericó, otra ciudad con gran reconocimiento en estos mismos temas.

Otra vez el río Cauca fue del destino luego de buenos kilómetros de descenso, pero para llegar a Jericó tendría que subir más de lo descendido. Al final la noche me agarró subiendo y tuve que buscar a última hora, con ruptura de cadena y todo, donde acampar. Como siempre la buena fortuna estuvo conmigo y gracias a Mariela tuve un excelente lugar para colocar mi carpa e incluso invitación a cenar.

Jericó es otra ciudad que mantiene su arquitectura colonial y adicionalmente le han agregado un verdadero espíritu multicolor, sus casas forman un mosaico de todos los colores posibles que generan un ambiente muy especial. Allí pude entrevistarme con Monica Ocampo y Nancy Pelaez y conocer acciones que Corantioquia realizan en toda la territorial Cartama. Ojala que no solo las obligaciones legales sino el amor por lo que hacen, como me lo mostraron, sean otra forma de sumar trabajos en pro de dejar un mejor lugar para las próximas generaciones.

Regresaba nuevamente en la noche a casa de Mariela en el sector de la cascada y tuve algunas sorpresas adicionales. La primera no muy buena, al poder escuchar un poco de una reunión de algunos campesinos con un técnico de la Federación nacional de Cafeteros, donde les presentaban todo un paquete tecnológico para renovación de cafetales por la variedad Castillo, donde se requiere menos sombra e indirectamente, tendrían que talar los bosques que interactúan con las plantaciones sembradas en la zona. Realmente no sé qué tanto se evalúan estos impactos en todo el ecosistema de la zona para proponer estos cambios, o sólo el parámetro económico inmediatista es el que prima en nuestras políticas agrícolas. De por sí, el café es uno de los mayores culpables de la deforestación casi total de los bosques de toda la región. En contrapartida, conocí a Edwin y Mauricio, quienes vienen trabajando en esas mismas plantaciones de café con bosque, conociendo el comportamiento de algunas aves migratorias que han aprendido a buscar su sustento en dicho sistema agrícolas y en los bosques cercanos. Llevan varios años en ese trabajo que esperan sirva de base para que sustente la necesidad de conservar bosques y sistemas agrícolas bajo ciertos parámetros de conservación de ecosistemas anexos. La última sorpresa fue el poder visitar una bella laguna situada en la zona y escuchar monos aulladores que todavía están en esta área. Lamentable están en una pequeña isla de bosque nativo, con muchas presiones a su alrededor, pero escucharlos genera un sentimiento de esperanza.

Sentía Medellín cerca y realmente el siguiente día me dejó a tan solo 20 km de mi real destino: Itagui. Como los días anteriores, nuevamente tuve que bajar hasta el río Cauca y luego subir más de 1400 metros para llegar a la casa de un gran amigo que me auguraba unos días de descanso que ya me estaban haciendo falta.

En fin, esta parte del viaje me ha mostrado matices de nuestra relación con nuestro entorno que van desde exitosos trabajos de conservación, hasta la sensación de destrucción total. He ido de la esperanza al desconsuelo y viceversa. Necesitamos muchas más personas como Julian Zapata, Edwin y Mauricio y el compromiso real de instituciones como Corantioquia, para que todos podamos tener un espacio en este planeta.

 

 

 

 

 

 

DATOS DE INTERES

Kilómetros recorridos: 512

días de recorrido: 12

 

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

  • A los bomberos de la Virginia por su ayuda en mi recorrido.
  • A los bomberos de Marsella. Gracias por la curación de mi herida, la posibilidad de ver como hacían los tamales y por permitir quedarme en sus instalaciones
  • A Julian Zapata por todo el trabajo que le ha dedicado a dejar un mensaje de conservación en muchos niños de la región. Gracias por todas las enseñanzas que me dejó.
  • A Carlos y su familia por dejarme colocar la carpa y la invitación a comer cuando diluvió llegando a Chinchina
  • A doña Fabiola, su esposo Carlos Suescum y sus hijos Jhon, David y Oscar. Tuve una tarde excelente en su casa saliendo de Anserma. Era un día difícil de encontrar el lugar de campamento y lo convirtieron en una tarde ideal.
  • En Jardín Antioquia muchas gracias a la policia nacional por su ayuda.
  • En el sector de la Cascada en jericó. Muchas gracias a Mariela y su esposo. Ese espíritu de ayuda ojala lo tuvieran más personas. Ese día como en 3 partes me negaron el espacio para la carpa, pero doy gracias pues llegué a ese lugar tan especial.
  • Edwin y Mauricio. Gracias por trabajar por la conservación de nuestras especies.
  • Gracias a Daniel y Ovidio por su ayuda para quedarme en su taller antes de llegar a Itagui.

 

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