NUEVAMENTE EN CUNDINAMARCA |
|||
|---|---|---|---|
|
Entre Norcasia (Caldas) y Bogotá. |
|||
|
Salir de Norcasia era sinónimo de acercarme a mi departamento, Cundinamarca. Siempre en los viajes, el entrar a un área conocida genera un sentimiento especial de tranquilidad. Sin embargo Caldas se despidió con la calidez y amabilidad que todos los departamentos del eje cafetero supieron brindarme. Llegando a La Dorada pude conversar con Johan, quien en su motocicleta rodó junto a mí por unos kilómetros para al final invitarme a almorzar. Luego de recargar energías y esperar que el aguacero cediera un poco, entraba nuevamente a Cundinamarca y emprendía el retorno a regiones más conocidas por la ruta del sol. Es una vía que está en construcción y aunque está sin pavimento, está bastante bien para rodar. Al final de la tarde fue Ricardo y su familia la que me recibieron en su casa para poder colocar mi carpa y recargar energías. Pero también me recibieron los miles de mosquitos jejenes que no perdieron la oportunidad de dejar su marca en cualquier pedacito de mi cuerpo que no estuviera protegido. La ruta hacia Utica transcurrió todo el tiempo siguiendo el valle del río Negro. Hasta el sector del Guaduero el único inconveniente son las nubes de polvo que los camiones de la obra dejan a su paso, pero ya en este sitio es necesario tomar la antigua vía del tren. Este recorrido lo había realizado en una oportunidad y aunque existían sectores con algunos problemas, todo era transitable. Sin embargo en esta ocasión un sector de unos 50 metros se había destruido dejando tan solo algunos soportes metálicos y un metro de calzada a modo de puente, que realmente no daban ninguna seguridad ya que el río se sentía con fuerza unos metros abajo. Era tomar el riesgo de pasar o regresar y dar una vuelta de unos 2 días para llegar a Utica. Fue necesario quita las maletas y pasar en 3 tandas todo el equipaje. Nuevamente la adrenalina me ayudó a mantenerme muy alerta. Lástima que este corredor férreo que fue tan importante en una época no tan lejana, hoy día está a punto de quedar sólo en el recuerdo. Utica me recibió con problemas mecánicos en la tracción que traté de resolver pero también con la ayuda de mi amigo Deiby Mahecha y los amigos de Dosis Verde. Gracias a ellos pude tener una estadía muy tranquila. Lo que no tuve tranquilo fue el día siguiente rumbo a La Peña. Primero la ruta estaba bastante destrozada por el invierno, en un paso de una quebrada crecida, el agua se me llevó una de las alforjas que afortunadamente pude recuperar, luego habían varios sectores donde tuve que empujar la bicicleta por el lodo, y al final definitivamente la bicicleta se dañó y me quedé sin tracción y me tocó empujar la bicicleta en subida por unos 10 km hasta la entrada del municipio de La Peña, para luego bajar con el impulso otros 10 km y al final me dieron un aventón en una camioneta por los últimos 5 km para llegar a Tobia. Tuve la fortuna que mi amigo Leonardo Buitrago tenía programado un viaje de descanso muy cerca de allí y me pudo llevar toda una rueda trasera para cambiarla y así solucionar mi problema. Mientras lo esperé durante un día completo pude hacer rafting en el río Negro y descansar un poco del día anterior que había estado bastante desgastante. Con la bicicleta reparada estaba listo para seguir. Ahora para llegar a Supatá la ruta me llevó por Nimaima y Vergara. Afortunadamente una ruta sin muchas complicaciones aunque con algo de lluvia en el camino. Supatá es un pueblo conocido para mí ya que un gran amigo tiene su familia allí y he podido visitarla en varias ocasiones para realizar caminatas y conocer sus alrededores que tienen realmente lugares espectaculares. En Supatá quería buscar una ranita muy especial, ya que fue descubierta hace muy poco tiempo y ahora es símbolo del municipio. Lamentablemente la persona que conocía el sitio no me pudo acompañar, pero si estuvimos hablando de los problemas que ahora tienen esta especie recién descubierta. No se conoce mucho de ella y ya está en un peligro grave de extinción y lamentablemente las autoridades municipales la utilizan como símbolo, se ufanan de tenerla, pero realmente hace muy poco por preservarla. Es algo parecido a lo que pasa a nivel nacional donde nos ufanamos de ser uno de los primeros países en biodiversidad, pero cada día destruimos bosques enteros, se matan y comercializan miles de animales silvestres y en fin, no somos nada coherentes con ese título. Mi siguiente destino era nuevamente dentro de la Sabana de Bogotá, por lo que tocó subir bastante. Primero Pacho y luego el páramo de guerrero fueron las dos metas intermedias. Un día con unos 2000 metros de ascenso que al final me permitieron llegar a Zipaquirá. Aunque vivo relativamente cerca no había visitado esta ciudad con ojos de turista. Pude recorrer sus calles coloniales pero lamentablemente no pude entrar a la Mina e iglesia de sal. Como mi presupuesto es tan limitado, siempre trato de gestionar las entradas a estos lugares contando mi proyecto, pero el gerente se encontraba en empalme y no pude tener respuesta positiva. Sin embargo los que si me dieron un visto bueno para entrar, fueron las directivas de la Mina de Sal de Nemocón. Por ello mi siguiente destino fue este bonito pueblo donde pude adentrarme en las entrañas de la tierra para conocer otro lugar mágico de Cundinamarca. Todo el conjunto es interesante para visitar: sus galerías, sus espejos de agua, su cascada de sal, sus estalactitas y estalagmitas el corazón tallado en sal y toda la historia que encierra el trabajo que desde los tiempos ancestrales de nuestros indígenas ha tenido este lugar. |
||
Ese mismo día me dio tiempo de llegar a Suesca, darle una mirada a las rocas, donde alguna vez hice algunos intentos de subir algunas rutas no tan complicadas, para luego continuar paralelo al río Bogotá y desviarme hacia el oriente buscando otra de las puertas del llano hacia Machetá. En esta parte del recorrido quería conocer todo el proyecto de la represa de Chivor y luego subir nuevamente hacia el centro de Cundinamarca por la represa del Guavio. Del primer recorrido, por esta región de Boyacá, fue muy interesante todo el paisaje que la represa de Chivor genera alrededor de muchos pueblitos y el paso de los 16 túneles de este sector, incluyendo una cascada escondida de más de 150 metros de altura. El destino final de este tramo fue el pueblito de Santa María. Allí me dejaron un poco preocupado sobre la ruta de mi siguiente día hacia Ubalá, ya que en definitiva es una vía que hasta hace unos pocos meses abrieron y en realidad me decían que muchos carros 4x4 no se habían atrevido a hacerla en el sentido en el que yo pensaba hacerlo por las condiciones de la carretera. Y como yo no he aprendido de los tramos complicados de rutas anteriores, nuevamente me le lancé a la ruta. Hasta el corregimiento de Mámbita las cosas fueron normales, inclusive con unos pocos kilómetros pavimentados, pero luego de la sala de máquinas de la represa del Guavio, que está en este punto, la carretera se convirtió en una verdadera trocha en algunos sectores. Al final, el ascenso desde el puente Trompetas hasta el campamento vial me tomó más de 3 horas para hacer tan solo unos 7 km. Había rampas de más de 14% de inclinación con terreno rocoso que me obligaba a empujar, o mejor dicho a arrastrar a mi niña Fura, lo que me dejó realmente sin un aliento al final de la jornada. Afortunadamente todos los amigos del campamento vial me trataron de una forma excelente. Una buena comida, un baño, lavado de ropa y una buena conversación, me hicieron olvidar lo duro de la jornada. El día siguiente empezó con un amanecer muy bello. Los llanos que están apenas unas montañas adelante, dejaron ver muchos tonos rojizos antes que el astro rey se dejara ver en toda su plenitud. Luego del desayuno acepté el aventón de los próximos 4 km que seguían con las mismas condiciones del día anterior. Realmente no valía la pena tanto esfuerzo empujando la bici y preferí disfrutar el paisaje de ese sector que se ponía cada vez más virgen. Me llevaron hasta el sector de Tominejas y a pesar de ello necesitaba subir otros 5 km hasta el verdadero alto del los Quemados. Este último tramo, a pesar de lo exigente, se podía hacer pedaleando. Eso sí, era necesario hacer varios descansos que los aprovechaba para disfrutar lo bello y solitario del paisaje. Luego de empezar el descenso, pasar por el poblado de Palomas y de sortear algunas subidas y bajadas, llegaba por fin al embalse del Guavio. Aquí había dos posibilidades: una ruta por Gachala y Gama o la otra por Ubalá. Al final escogí la segunda alternativa que tenía más pavimento pues ya había tenido rutas duras los días anteriores. Esta ruta es muy bonita por la vista de la represa del Guavio, por el paso de dos túneles y por los paisajes cambiantes que presenta esta región. Otra jornada que al final sumó muchos metroa de ascenso por lo que antes de llegar a Gachetá ya había encontrado mi sitio de camping. Enfilaba pedaleada para cruzar el páramo de Guasca y así prepararme para entrar al Parque Nacional Natural Chingaza. Fue un ascenso muy bonito empezando a los 1700 msnm y llegando a los 3360 msnm, sintiendo todo el cambio que el clima y la vegetación pueden presentar. En Guasca pude visitar una de las pocas iglesias doctrineras de la zona que es monumento nacional pero que deja mucho que desear frente a su cuidado. Al final del día en el campamento me empezó una preocupación por un dolor un poco fuerte en un dedo de la mano. Lo vi un poco hinchado y con un dolor al que no le veía razón, ya que no me había golpeado, cortado o algo similar. A pesar que el dolor aumentó, al siguiente día emprendí el recorrido a las lagunas de Siecha que hacen parte del PNN Chingaza. Realicé la caminata, que es espectacular, con un día agradable aunque siempre tuve una nube que no daba la mejor luz para tomar fotografías. Sin embargo la magia del lugar, que era sagrado para nuestros indígenas, y la soledad que tuve para recorrerlas me dejaron realmente recargado de energía. Claro que la recarga no alcanzó para mejorar el dedo, que ya me empezaba a preocupar, por lo que mi intención era bajar rápidamente y buscar hospital. Veía claramente que era una infección y sabiendo que necesitaría drenaje, antibióticos y unos días de cuidados, decidí a última hora hacerlo directamente en Bogotá. Por ello tuve que detener mi viaje pensando en mi salud. Faltaron unos 10 días de esta etapa que en otro momento terminaré. Por ahora a preparar la siguiente etapa y a terminar de recuperarme. Nuevamente en casa con sensaciones encontradas, tratando de asimilar lo aprendido en esta etapa y tomando decisiones para la siguiente. Espero encontrar más ayudas pues ha sido muy difícil rodar con casi nada de presupuesto. Necesito algunos apoyos y espero encontrarlos en estos días. El viaje continua cada día, así se esté en casa.
|
|
||
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
|
|||