SALIENDO DE NUESTRO PAÍS (Rumichaca, 22 de mayo)

 

Un viaje de más de 20.000 km como este, se tiene que vislumbrar por medio de metas cortas que se vean más cercanas. Es así, que nuestra primera meta era salir de nuestro país. Fueron casi 1000 km y una buena experiencia para conocernos un poco más y ver como nos acoplábamos. Sin embargo al salir de Colombia nos sentimos un poco desamparados. Otra moneda, otras comidas y costumbres, en general una manera diferente de ver las cosas, era novedad que traían tanto incertidumbre como expectativa. Sin embargo el principal sentimiento era de alegría por la aventura que se estaba realizando.

Ecuador sin embargo nos recibió con bastante lluvia y frío, que nos recordó que la frontera no tiene diferencia en estos aspectos. Y creo ahora, que realmente nuestros países en su esencia tienen mucho más en común de lo que creemos. Las diferencias nos las crean la política y las preconcepciones externas a nuestra verdadera vida y esencia andina latinoamericana.

 

 

COMO REYES EN POPAYAN (14 de mayo)

Gracias a una nota de prensa, algunas personas ya conocían el proyecto y nos ayudaron en la vía. En Popayán, Claudia y Carlos Parada fueron nuestros anfitriones. Este último nos invitó a quedarnos en su casa campestre. Ya pueden ver cuanto sufrimos allí. Además con su hijo y algunos amigos de su club de ciclismo, nos acompañaron un buen tramo de nuestro recorrido hacia la salida del país. Una compañía muy agradable de unos buenos amigos ciclistas.

 

 

LAS ENSEÑANZAS DE JUNIOR (9 de mayo de 2004)

 

En el viaje que realizamos en diciembre de 2003, conocimos a Junior. Un artesano caleño, guerrero de muchos caminos que buscaba unir en bicicleta el sur con el norte de Colombia. Como nos había dejado su teléfono, le contactamos y nos invitó de manera muy sincera a su casa. Pudimos conocer de primera mano muchos de los secretos y trucos utilizados en sus viajes anteriores. Gracias a ello replanteamos algunas cosas que no teníamos claras. Además vimos la importancia de la creatividad, improvisación y la necesidad de tener la mente y espíritu abierto frente a lo que te pueda suceder en el viaje.

 

Muchas gracias Junior por tus consejos y tu compañía en Cali.

 

 

YO TAMBIEN TENGO MI CAMIONCITO (5 de mayo)

 

Subiendo al alto de la Línea, nos llamó la atención estos carros esferados que utilizan muchos de los pobladores que viven cerca de la carretera. Ellos esperan un camión que por su peso suba lentamente y se enganchan con unas cuerdas de manera arriesgada. Parece un espectáculo de circo. Ya en la bajada se sueltan y la gravedad hace su trabajo. En estos carros se transportan varias personas o los utilizan para transportar leña u otros enceres. Creo que ya han tenido varios accidentes pero estas costumbres son difíciles de cambiar.

 

Lo curioso es la forma como adornan y equipan los carros de tal forma que se parezcan a los camiones verdaderos.

 

 

DURA SUBIDA (En camino al alto de la Línea. 4 de mayo de 2004)

 

El ascenso a la Línea es uno de los premios de montaña de primera categoría en la vuelta ciclística a Colombia. Para nosotros se constituyó en un primer reto de pedaleo, mas, cuando llevábamos varias semanas sin poder montar en bicicleta antes de nuestra partida, pues estábamos concentrados en los preparativos para tener a punto la bici y el resto del equipo.

 

Por ello lo tomamos con calma y disfrutamos del paisaje. Afortunadamente el clima estuvo muy agradable y en últimas nos gustó mucho estas jornadas de ascenso.

 

Como niños estrenando juguete, cada vivencia era de gran trascendencia para el grupo.

 

 

LA PARTIDA, DURA DESPEDIDA (1 de mayo de 2004)

 

Así llevara muchos meses soñando con ese momento, cuando llegó, la mezcla de sentimientos fue imprevisible. Estaba la emoción de iniciar la aventura, la incertidumbre de ese gran viaje, la tristeza de dejar a los seres queridos, la fe del objetivo buscado, pero a la vez el miedo de lo desconocido. El salto al vacío estaba en camino y ese primer paso sería lento y no tan abrupto, gracias a la compañía de varios amigos.

 

Salir de mi ciudad acompañado de amigos ciclistas, mi familia y mi novia, aminoró las sensaciones tristes. Sin embargo las despedidas son siempre dolorosas y se fueron dando poco a poco según la posibilidad de cada uno de ellos en avanzar un poco más.. Ese momento fue importante pues se concretó la decisión, pero en realidad la verdadera dimensión del proyecto se va construyendo día a día.

 

 

PREPARANDO EL VIAJE (24 de diciembre de 2003)

 

Pensando en ajustar algunas cosas del viaje (alforjas, equipo y bici), Claudio, La Mona y Yo salimos en diciembre rumbo al desierto de la Tatacoa. Fue un recorrido de unos 600 km y 8 días en los que pude conocer una región de mi país al que no había podido ir. Fue una grata experiencia, por la ruta, el paisaje, su gente y todo lo que nos dejó de experiencia para el gran viaje.

 

A partir de allí, cambié las alforjas y algunas cosas del equipaje.