Y SE ME ACABO ESTADOS UNIDOS.

De las Vegas a San Diego.  Del 20 de noviembre al 4 de diciembre

Empezaba nuevamente el camino. Tenia que salir de la ciudad de Las Vegas y reabastecerme de comida, pues seguía varias etapas en medio del desierto de Mojave y el desierto de Colorado. Serían otros días donde no pararía de subir y bajar.

Mi intención fue tomar vías secundarias que tienen los paisajes más espectaculares y evitar de esta forma encontrarme con las autopistas interestatales.

Por lo difícil del desierto para encontrar agua, ya venía rodando cargando unas botellas adicionales, tenía que recargarlas cada vez que fuera posible pues no sabía lo que me esperaba en el camino y tenía que programar mi día de tal forma que lo terminara cerca de alguna villa. Inclusive los carros se constituían en fuentes potenciales de agua en casos extremos.

Esa primera noche terminaba mi pedalear a las afueras de Searchlight. Tenía que arreglar mi colchón de una pinchadura, preparar la comida y descansar para la siguiente jornada que se venía con mucha Montaña. Sin embargo el descanso fue interrumpido por el intenso viento que arranco algunas estacas que sostenían la carpa y me obligo a salir en dos ocasiones rápidamente a componer el problema. Fue un viento helado que no cesó en toda la noche y que dificultó la preparación del desayuno en la mañana.

Esa mañana empecé mi pedaleada con toda la ropa posible, incluyendo pantalón, dos chaquetas, guantes y gorro. El viento era intenso y no me estaba ayudando mucho.

Iniciaba con una subida larga, recta, monótona, de unos 20 km y 500 metros de desnivel. Ver el final de cada recta en la distancia te hacía sentir en ocasiones que en vez de estar mas cerca, te alejabas con cada pedalazo, es un poco desesperante. Era necesario abstraer las rectas y el viento para disfrutar del paisaje con bosques de Joshuas por doquier.

Luego de coronar este paso, por fin bajaba hasta el diminuto poblado de Nipton. Este lugar tuvo su apogeo con la construcción del ferrocarril y con algunos hallazgos de oro en la región. Hoy solo es un paso, afortunado para mí, para recargar provisiones.

Cambiaba de dirección nuevamente al sur, entrando a la reserva ecológica de Mojave y con ello el viento me empezó a ayudar con mas intensidad.. Que bueno era sentir los jalonazos de este amigo invisible que me aliviaban el esfuerzo en la subida. Llegaba nuevamente a otro paso y luego de un sector de subidas y bajadas llegaba al que había programado como mi parada. Era la villa de “Cima”. Resulto ser una estación  del ferrocarril pero nada prometedor para un viajero en bicicleta. Preguntando a las únicas dos personas que encontré no me dieron buenas posibilidades para quedarme allí. Como no era muy tarde preferí seguir rodando e ir mirando en el camino un posible lugar. El desnivel no era mucho, pero con el viento tan fuerte a mi favor, baje rapidito, lo que hizo que 35 kilómetros los hiciera en una hora y unos pocos minutos. Estaba ahora en el centro de visitantes  de este parque natural.  Con algunas indicaciones del guarda parque pude poner mi carpa cerca de la carretera. Otra vez el desierto sería el telón de fondo para disfrutar de una noche solitaria.

Continuaba mi camino al sur y con ello me despedía de este parque natural. Tenía que sortear otro paso montañoso, como para no perder la costumbre, pero luego me esperaba una bajada realmente fuerte. Tenía que bajar mas de 1000 metros para llegar casi al nivel del mar. Estaba en la ruta 66, cuyo origen se remonta a 1926 y que llego a ser catalogada como “La Calle Principal de América”, constituyéndose en el principal itinerario de los emigrantes que iban al oeste. Sin embargo con la construcción de las autopistas interestatales empezó su decadencia hasta casi su desaparición y ahora son pocos los que hacen un esfuerzo de recuperar algo de sus tiempos gloriosos.

Seguía rodando por el desierto de Mojave y preferí parar en Amboy antes que continuar en medio de la nada.

El camino continuaba bordeando un lago seco que ha formado un salar, para nuevamente empezar la subida. El Viento estuvo nuevamente a mi favor en la primera parte de la jornada, pero como la vía también se dirige al occidente este cambio de dirección hizo que otra vez el viento se convirtiera en mi contrincante. Luego de una lucha de casi 3 horas por fin llegaba a “29 palmas”. Era la entrada oficial al Parque Nacional “Joshua Tree”. Tenia que recargar provisiones lo que me demoro un poco pero veía que podía alcanzar a llegar al primer campamento dentro del parque. Sin embargo me lleve una sorpresa al saber que todo estaba lleno, ya que mucha gente estaba aprovechando las vacaciones del “día de acción de gracias” y también no había precio especial para caminantes o ciclistas como en otros parques.

Sin mas remedio, me adelante en el camino y en un punto intermedio antes de entrar al parque y ya a las afueras del poblado encontré otro buen lugar en medio del desierto para instalar el campamento.

Al siguiente día tenia dos opciones, podía rodar rápido y salir del parque, o desviarme y adentrarme para conocer sus lugares más importantes. Lo pensé un poco, pero realmente al estar tan cerca que mas da un día mas o un día menos. No estoy tratando de llegar rápido, sino quiero que el camino sea el alimento que le dé valor al viaje. La decisión estaba tomada pero el problema era conseguir donde acampar.

Ese día me dirigí al sector de “Hidden Valley” donde pude disfrutar de un escenario único que combinaba rocas apiladas extrañamente, como por la mano de un gigante y bosques de los árboles característicos del parque. Es el paraíso para escaladores que en sus rocas gigantes han encontrado infinidad de rutas de todos los grados de dificultad.

Uno de los guarda parque me comentó que se pueden realizar campamentos agrestes, pero es necesario alejarse de las vías y los senderos. Era un poco complicado moverme con mi Monarca en medio del desierto sabiendo que las espinas pueden aparecer en cualquier recodo del camino. Me aleje lo más que pude para poder disfrutar de una noche en medio de un bosque de Joshua. Fue espectacular ver el atardecer coloreando las rocas y convertir estos árboles en sombras que evocan personajes surrealistas. Eso si, la mañana con una temperatura por debajo del punto de congelación, hizo que fuera difícil iniciar la jornada.

Pensé que la salida del parque sería mas sencilla, pero nuevamente el terreno me confirmo que voy de valle a paso montañoso y nuevamente a valle. Descendí fuertemente donde el desierto de Mojave empieza a cambiar y es reemplazado por el desierto de Colorado. Sin embargo para salir, tendría que volver a trepar los mas de 600 metros perdidos en el descenso.

Luego de este nuevo paso montañoso tendría un descenso que me llevaría al segundo punto en Norteamérica que esta por debajo del nivel del mar. Se trata del gran lago  “Salton”. Era un oasis en medio del desierto pero a la vez mas complicado por la necesidad de rodar en medio de vías bastante congestionadas.

Volvía a separarme de estas autopistas y tomar otras vías mas tranquilas. Ahora me adentraba en el parque regional de “Anza Borrego Desert”. Con el último gran premio de montaña por superar continuaba mi recorrido por estos desiertos del sur de California. Estaba acercándome a San Diego y el cambio de vegetación se iba notando con el cambio de altitud. Estuve pasando por una de las zonas más afectadas por los grandes incendios que ocurrieron hace un mes atrás y pude ver en algunas casas quemadas, bosques arrasados y carteles de agradecimiento a los bomberos por salvar las vidas de muchos, lo fuerte que fueron estos momentos para toda la población de la región. Mas tarde me enteré que casi 300.000 personas fueron evacuadas por estos hechos y resultó que algunos de estos incendios fueron provocados, por lo que la gente estaba bastante nerviosa.

Esto lo pude comprobar cuando al encontrar el campamento cerrado, tuve que recurrir a otro lugar saliéndome de la carretera y algunas personas que me vieron cuando cocinaba con mi estufa pensaron que estaba haciendo alguna fogata. Había terminado de cocinar cuando se aparecieron 2 carros de policía y un gran carro de bomberos. Nunca me imaginé que la preocupación fuera tan grande. El problema es que a veces esta preocupación se combina con violencia, por lo cual Víctor, otro lugareño que llegó al lugar, me comentó que no sería bueno que me quedara esa noche allí.

Al final resulté en el poblado de Ramona alojado en la casa de Andrés. El trabaja con la iglesia católica del lugar y al conocer mi historia no dudó en invitarme a su hogar.

Llegaba por fin a San Diego y gracias a mi hermana, a falta de un contacto ahora tenía dos. Adicionalmente en el camino pude conocer a Jeanne quien rodaba en su bicicleta de carreras y al hablar un poco tampoco dudó en invitarme a su casa.

Realmente disfrute los días en San Diego. Incluyendo el día extraño, pero necesario donde llovió sin parar. Espero que haya servido para aplacar también algunos sentimientos agresivos en las personas de la región.

Primero llegue a la casa de Roy y su esposa Maggi. El resultó ser un apasionado de las bicicletas (de por si tiene como 8), no solo por haber realizado algunos viajes y estar planeando otros, sino porque su actual trabajo lo realiza en una tienda especializada en aventura y él esta directamente trabajando en el área de mantenimiento de estas bellas máquinas. De por si, mi consentida recibió un fabuloso obsequio al quedar con una llanta nueva y al recibir un mantenimiento que la dejó tan limpia y engrasada como cuando estaba nueva.

Gracias a ellos pude conocer a sus amigos Jaime y su esposa Erin (Casi María). El es  Colombiano, de Medellín y ella de Estados Unidos. Hacía mucho tiempo no hablaba con un compatriota y afortunadamente pudimos compartir bastante tiempo para contarnos un poco de nuestras experiencias alejados de nuestro país, al que queremos mucho, pero que a la vez, ahora vemos desde otra perspectiva.

Me pareció muy curioso que Maggi y Erin fueran unas fanáticas del fútbol. No se pierden partido de la liga europea y ya están haciendo planes para ir a verla en directo. Son las primeras mujeres que conozco que deliran por este deporte.

Otro detalle muy propio de nosotros los Colombianos, es que Jaime llama a su esposa Erin por el alias de “Casi Maria”. “Casi” ya que ella, casi que habla español y María pues en Colombia todos tenemos dos nombres y a ella le faltaba uno y que mejor que “María”. Estos son detalles que no se ven en otro lugar.

Mi segunda parada en la ciudad fué en la casa de Merle y su esposa Linda. Tienen una casa muy bella en medio de la ciudad pero escondida, de tal forma que parece que hubieras salido de ella. Hasta gallinas tienen en su patio, algo poco común en estos hemisferios. Me hospede en una pequeña cabaña donde ya otros ciclistas del mundo lo han hecho.

Y por último acepté la invitación de Jeanne para compartir con su familia un día muy especial. Ya mañana espero cruzar la frontera y se que empieza una etapa completamente diferente en mi viaje.

Agradecimientos especiales.

·         Doe Youtz. Por su ánimo en el camino (cerca de Cima en el Parque Nacional “Mojave Preserve”)  y por regalarme una deliciosa sopa y unas barras de cereal. Te aseguro que las disfruté esa noche.

·         A Josh Parr y Rosa Lina, quienes pararon en el parque Joshua Tree a conversar conmigo y también terminaron obsequiándome unas barras de cereal para el camino.

·         Un saludo para mi compatriota Paola a quien conocí en Joshua Tree NP y a sus amigas Catherine y Eloise y su amigo Paul.

·         A Steve Gram. y su esposa Ivy por compartir conmigo una noche en el campamento “Tamarisk Grove” en el parque regional “Anza Borrego Desert”. Estuvo deliciosa la cena.

·         A Roy Smith y su esposa Maggi, realmente gracias por recibirme en su casa. Gracias por el detalle con que cuido a mi consentida Monarca. Fué muy especial ver como la intención inicial era solo limpiar la cadena pero no pudo aguantar el deseo de limpiar más y más y dejarla como nueva. Gracias por los nuevos zapatos de mi Monarca para el recorrido que sé, durarán muchos kilómetros más.

·         A Jaime y Casi María, por compartir un momento de sus vidas en mi caminar. Gracias a Jaime por hacerme sentir en otro Colombiano las cosas buenas de mi país y por la ayuda que me brindaron para continuar con mi viaje. A Casi María le deseo que siga metiendo muchos goles y espero que siga disfrutando junto con Maggi de esa pasión tan especial.

·         A Merle y Linda por recibirme en su casa y hacerme sentir como parte de la familia.

·         A Jeanne, gracias por su espontaneidad, su alegría y su gran sonrisa. Gracias por abrirme las puertas de su casa cuando apenas hablamos 5 minutos.

Algunos datos de interés

·         Kilómetros recorridos en esta etapa: 810 kilómetros

·         Total kilómetros recorridos hasta la fecha: 9780, ya casi completo los diez mil.

·         No se cuantas veces subí y bajé en este recorrido, pero casi siempre eran más de 1000 metros de desnivel ascendido cada día.

·         Muchos litros de sudor derramados en estos caminos. Y eso que estamos en invierno.

 

Llegando al paraíso de lo Artificial. Las Vegas, Nevada.

Del 16 al 20 de noviembre.

Entraba a Las Vegas sin saber que esperar de esta ciudad. Algunos comentarios de otros viajeros, fotos de revistas y  recuerdos de programas de televisión, solo me hacían una idea de lo que me encontraría en la zona turística de casinos. Mi primera impresion que se salía de mi imaginación era el tamaño de la misma. Es una ciudad muy desparramada y al verla de noche con luces que se pierden en la distancia; sientes que estas entrando en una jungla de cemento.

Gracias a la ayuda de Raúl, tenía un hogar para esa noche y adicionalmente, el me recogió a la entrada de la ciudad para llevarme hasta allí. Realmente hubiera sido complicado ubicar esta dirección entre tanta autopista, calles y barrios.

Llegaba donde Perla y su esposo Antonio. Con Antonio pude tener una noche llena de historias de viajes que el había emprendido por varios lugares de Estado Unidos y Centro América. Ver las fotos, lo único que hacían, era propiciar ideas de nuevos viajes para mi futuro.

Mi hermana llegaba al siguiente día en horas de la noche, por lo cual iba a aprovechar el día para empezar a recorrer su zona de casinos y a eso de las dos de la tarde ya tenía programado encontrarme nuevamente con Christina y Roger, mis amigos suizos.

Llegar al Corazón de las apuestas, al sector de los casinos, al lugar de pocas alegrías pero muchas frustraciones, fué bastante impactante. Son muchísimos casinos, enormes, cada uno con una temática en particular y parece que no son suficientes, pues siguen construyendo algunos mas, cada vez de mayor tamaño y lujo. De por si no hace mucho colapsaron uno de los edificios de la zona para construir un nuevo resort que saldrá costando unos 8000 millones de dólares. Al escuchar estas cifras astronómicas lo único que puede venir a mi mente son estos desequilibrios económicos donde en esta parte del mundo, en lujo, diversión y juego se pueden gastar tanto, mientras en muchas partes del mundo hay gente muriendo de simple hambre. Por eso no puedo disfrutar de estos lugares.

Hay cosas muy interesantes que recorrer, no lo puedo negar. Lugares que evocan los canales de Venecia o fuentes que danzan al ritmo de la música o si quieres puedes trasladarte practicamente de New York a Paris en menos de 15 minutos (de la réplica del Puente de Brooklyn a la replica de la torre Eiffel solo te separan unos 500 metros). Hay programas para cualquier gusto, espectáculos nocturnos, juego y diversión, dispuesto para que todo el que entre a la ciudad deje la mayor cantidad de dólares posibles.

Luego de la grata compañía de mis amigos, se llegó la hora del encuentro con mi hermana y su esposo Matt. Era la primera vez en todo el viaje que me iba a hospedar en un hotel, hasta mi Monarca estaría reposando con una alfombra a sus pies.

El encuentro con mi hermanita y Matt fue realmente especial. Volverlos a ver y darles un gran abrazo era como un premio a estos días de pedaleo entre desiertos.

Me pareció muy curioso que no existe ninguna restriccion para entrar en los casinos, con la intención que la gente apueste, e incluso para llegar a las habitaciones es necesario pasar por el casino primero. Por tal motivo mi consentida Monarca se paseo despreocupada en medio de máquinas tragamonedas, mesas de carta y entre ávidos apostadores sin importarle el que dirán. Claro que definitivamente estaba fuera de su medio.

El día siguiente era necesario hacer el recorrido turístico nuevamente. A pesar de todo, la ciudad resulta llamativa a los sentidos con tanta luz y con tanta variedad de lugares en tan poco espacio. Eso si, es necesario estar programado para hacer largas caminatas saltando de un hotel-casino a otro.

Mi hermanita y Matt me tenían mi regalo de cumpleaños; era la invitación a ver una función del “Cirque du Soleil”. Yo había podido ver apartes por TV de lo que era un espectáculo de este estilo, pero me lleve una grata sorpresa al verlos y sentir la perfección plasmada en este espectáculo, fué algo increíble. Realmente que regalo!!.

Otro lugar que vale la pena ver es el juego de luces que cada hora corre en el sector de Fremont. A lo largo de unos 200 metros y en el techo en forma de arco (domo) se proyectan imágenes increíbles. Es la pantalla más grande de este estilo en el mundo.

Faltaba la otra parte de mi regalo de cumpleaños. Era ir a conocer el Gran Cañón del Colorado. Era una larga manejada pero nos dirigimos para allí lo más temprano posible. Llegamos en horas de la tarde y pudimos contemplar los cambios de luces y sombras que el cañon empieza a producir cuando la puesta de sol se acerca.

Cual gigantes que crecen, del fondo del valle, las sombras van emergiendo poco a poco y las paredes se tornan rojizas; es imponente realmente el espectáculo. Al estar allí se percibe el poder de los elementos que se confabulan con el tiempo para lentamente abrir esta herida en la tierra, dejando al descubierto miles de años de su pasado.

Terminaba así unos días que se pasaron más rápido de lo querido. Como se vuelve una constante en mi viaje, era necesario decir hasta luego. Esta vez fui yo el que los vió partir primero con lo que esa sensación de vacío aparecía nuevamente y esta vez con mas intensidad.

Yo iniciaba mi nueva etapa buscando el mar y con el mi despedida de los Estados Unidos, pero eso sera historia para mas adelante.

Agradecimientos especiales

A Christina y Roger, por compartir conmigo esa tarde en la ciudad, por ayudarme en todo lo que fuera posible y espero, gracias al espejo que le regalaron a mi Monarca, poder estar mas seguro cuando los conductores mexicanos se esten acercando mas de lo deseado. (por lo menos poderlos ver).

A mi hermanita y a Matt, por haberme consentido estos días en la ciudad. Fué un gran cambio al no estar en un campamento y al poder tener tantas comodidades. Pero más que eso, por estar compartiendo conmigo día a día este proyecto, por ser parte importante en él y  por la alegría que le trajeron a estos días de viaje.

Algunos datos.

Estos días fueron de mucho descanso para mí y mi consentida Monarca. Por tal motivo les dejo algunos datos de la ciudad.

Las Vegas es la capital del Estado de Nevada y su ciudad más grande, con mas de 2 millones de personas en su área metropolitana. Se le conoce como la capital mundial del entretenimiento por lo cual se calcula que en época de vacaciones este número se duplica por la visita masiva de turistas.

Las Vegas es conocida en ocasiones como la ciudad del pecado (Sin City en inglés) debido a la popularidad del juego y apuestas legales, la disponibilidad de bebidas alcohólicas a cualquier hora del día (como en toda Nevada), la legalidad de la prostitución en los condados vecinos (las leyes de Nevada prohíben la prostitución en los condados de más de 400.000 habitantes). El gobierno local y los promotores turísticos de la ciudad prefieren el apodo de lo que paso en Las Vegas, Se quedó en Las Vegas

Datico especial. A la salida de la ciudad estaba completando mis 9000 km. Como vuela el tiempo y el tacómetro lentamente se mueve. Definitivamente para llegar lejos lo mas importante es dar el primer paso.

 

Mi primera etapa por los desiertos. Un sube y baja rumbo a Las Vegas.

Del 3 al 15 de noviembre.

Era otro día de despedidas. Ahora tenía que decirles adios a Kathy y Jeff, mis anfitriones en el Parque Yosemite. No logro acostumbrarme a estos momentos y hacerlos menos duros.

Continuaba mi camino rumbo al sur con la idea de recorrer el Sequoia National Park, luego atravesar la cordillera Nevada para llegar al Death Valley y terminar esta etapa en la ciudad de Las Vegas.  Tenía adicionalmente una fecha exacta en la cual necesitaba llegar, pues mi hermana y su esposo ya habían separado pasajes aéreos para el 16 de noviembre.

Antes de salir del Valle de Yosemite, quería despedime de él estando en el punto donde muchos escaladores inician el ascenso a la pared del "Capitan". Estaba al lado de esta gran mole y me sentía pequeño ante sus dimensiones pero a la vez orgulloso por estar allí a punta de mi constante esfuerzo.

La salida del parque Yosemite implicaba nuevamente una gran subida para luego retornar nuevamente al valle de San Joaquín, claro que si quería ir a visitar el bosque de sequoias "Mariposa", tendría que realizar otra buena  subida antes de salir del parque. No lo pensé dos veces para ir a este lugar y realmente que valió la pena. Ahora si podía ver en su magnitud un bosque de sequoias gigantes. A diferencia de otros árboles, sus años acumulados generan en cada uno de ellos una estampa muy particular. Parecía que tuvieran su propia personalidad.  

Había senderos para caminar por bastantes horas pero yo tenía el problema de no tener un lugar para acampar en esa noche. Por tal motivo a eso de las 4 de la tarde empecé mi salida del parque tomando un fabuloso descenso. No muy lejos me encontré con un campamento del servicio forestal que se encontraba cerrado por temporada. No lo dudé y entré por el costado. Era perfecto, con mesas, baño y las canecas de basura para guardar la comida a prueba de osos. Eso sí, fué una de las noches más frías que he tenido. Mi termómetro marcó por la mañana 3 grados bajo cero dentro de la carpa. Realmente fué duro alistar todo y empezar a rodar.

Afortunadamente los kilómetros pasaron rápido gracias a la larga bajada y los metros descendidos mejoraron la temperatura. A casi la altura del nivel del mar y con un paisaje bastante desértico, llegué a mi campamento que resultó ser un oasis. Eso sí, pagué el haberme salido de la ruta, con cuatro pinchazos producto de varias espinas que se le enterraron a mi Monarca. Fue una buena forma de recordarme que el desierto no es para meterte con la bicicleta en cualquier lugar

Con una tarde agradable, entre muchos árboles al lado del río pero en medio del desierto, tuve que empezar mis labores despinchando la bicicleta para luego pensar en la comida. Estaba analizando el mapa que tenía y quise averiguar un poco más sobre la ruta con mis vecinos de un casacoche que estaba estacionado muy cerca. Al final con un par de sandwiches, un mapa más detallado y con algunas indicaciones adicionales salí de allí como una hora después.

La ruta me llevaba a Fresno pero quería tomar otra para no entrar a esta caótica ciudad. Mirando el mapa encontré una que seguía por el margen del  embalse de Millerton y luego entraba y salía de lo que era el piedemonte. Como he aprendido a costa del cansancio de mis piernas, el papel siempre es plano pero la carretera no, sin embargo, fuera como fuera, no quería rodar por la autopista en medio de tanto carro y sin poder levantar la mirada para ver el paisaje.

La ruta escogida me llevaba lejos de caminos principales, pero me ponía a conocer todas las colinas cercanas en un sube y baja constante. Solo gané 60 metros al final de la jornada, pero estoy seguro que subí más de 1000 metros en todo el día.

Parte de la jornada la pude realizar con un nuevo amigo, Pete. Él me alcanzó en su bicicleta de ruta y me acompañó buena parte de la jornada. De todas formas a pesar de lo exigente de la ruta fue muy bella en cuanto a su paisaje, incluyendo la vista del embalse de “Pine Flat”.

Al final encontré un área de descanso cerca del poblado de Piedras y no dudé en poner mi carpa allí. Ya tenía todo ubicado y estaba comiendo cuando aparecieron Susane y su amiga Paulette quienes me comentaron que esa área era de solo uso diurno y que el Sheriff podría ponerme problemas. Yo ya estaba resignado a no moverme de allí pero terminaron invitándome a que colocara la carpa en el patio de su casa para evitar problemas. Sonaba tentador el tener mayor tranquilidad y tener otras personas que conocer. Empaque las cosas y fuimos para su casa.

Yo seguía haciendo cuentas con relación a mi recorrido y el tiempo que tenía para llegar a encontrarme con mi hermana. El problema era que las cuentas no me daban por las grandes subidas que me esperaban. Estaba en estas cuando sin comentarles nada, me propusieron que me acercaban el siguiente día a la entrada del parque nacional  King Canyon” . Eran como 50 km pero con una subida de 2000 metros. Realmente quería hacerla, pero sabía que necesitaba de 2 días para subir y no me quedaría tiempo para conocer el parque y sus bosques. Por estas consideraciones opté por aceptar el ofrecimieto y lo tomé como un premio a las jornadas duras que había tenido previamente. Ahora sabía que el siguiente día sería relajado al no tener que escalar la Sierra Nevada nuevamente.

Con un desayuno realmente completo, puse toda mi casa dentro de la camioneta y a eso de las 9:30 AM iniciamos el recorrido. La ruta era muy escénica pero en algunos tramos bastante inclinada. Como una hora mas tarde  me dejaron junto al centro de visitantes que esta al comienzo del "King Canyon", listo para ir a recorrer estos bosques que tienen los árboles más grandes del mundo.

El primer sector que recorrí fué el que tiene el árbol insignia de navidad para los Estados Unidos (proclamado con este título desde 1926) y que tiene el tronco más ancho en el mundo (aproximadamente 12 metros de diámetro en su base). Se trataba del “Genera Grant”. Todas estas grandes sequoias tienen nombres particulares en honor a personajes históricos en especial generales de las primeras guerras de independencia estadounidense.

Retornaba a la ruta y seguía por entre bosques de pinos, sequoias y otras especies de grandes árboles, esperando avanzar hacia el sector sur y entrar al “Sequoia National Park”. Sabía que no llegaría ese día, por lo que tendría que acampar en medio de la reserva forestal. El camino continuó subiendo y encontré un buen lugar en la parte más alta de mi recorrido. Estaba por encima de los 2300 metros y lo único que me podía esperar era una noche bien helada. Sin embargo para mi sorpresa la noche estuvo realmente confortable pues no bajó del punto de congelación. Todavía no termino de entender el clima en las montanas estadounidenses. Hace un mes atrás a tan solo 1400 metros tuve un par de nevadas realmente fuertes, ahora con el otoño en su plenitud y a mayor altitud tengo una noche agradable, claro que afortunadamente para mí.

Amanecía y el buen tiempo permitió que saliera temprano. Seguía un buen descenso y luego un sector de columpios antes de llegar al sector donde se encuentra la famosa sequoia "General Sherman”. Aunque no es el más alto (Hay redwoods con mayor altura), ni el más grueso en su tronco (lo supera el Genera Grant), si es el que mayor masa posee (aproximadamente 1400 toneladas). Es por hoy el mayor árbol del mundo.

A pesar que tomé muchas fotos, creo que ninguna puede plasmar su tamaño ni tampoco trasmite las sensaciones que se tienen al estar al lado de este gigante.

Es increíble como no te cansas de contemplar  y de sentir en cada uno de ellos los cientos e incluso miles de años que han soportado para llegar a lo que son hoy. Da tristeza saber que muchos fueron talados sin el menor remordimiento y hoy solo queda un pequeño porcentaje de su cantidad original.

Terminaba mi visita a este mágico lugar. Solo la grandeza de un lugar como estos puede trasmitir serenidad y paz de una forma tan rápida. Caminar lentamente disfrutando de estos bosques es casi como una terapia para el alma.

Empezaba mi descenso saliendo del parque y me encaminaba a Three Rivers, donde me esperaban Nancy y Uwe. Los había conocido en una playa al norte de California cuando nos invitaron a Damian y a mí a una deliciosa torta. Ahora podría tener un alto en mi camino y un pequeño descanso para reorganizar mis cosas (lavar ropa, escribir un poco y organizar la información).

Que delicioso es sentir que a pesar que te conocen de poco tiempo te reciben como si fueras amigo de toda la vida. Esa fue la sensación que me transmitieron en especial con la gran sonrisa y amabilidad de Nancy.

Me propusieron quedarme un día mas para conocer otras partes del parque y como mi calendario estaba ajustado también ofrecieron acercarme al siguiente día evitándome toda la parte plana de autopistas dentro del Valle de San Joaquín que realmente no resultaba muy atractivo a la vista. Me quedaba un día más, la idea era dirigirnos al sector de "Mineral King" dentro del Parque Sequoia. Era una subida bastante empinada por un camino angosto y de curvas bien complicadas, pero nuestra sorpresa fue grande cuando a mitad de camino encontramos la vía cerrada. No había opción nos devolvimos y tocó cambiar el plan conociendo algunos sectores aledaños que resultaron muy bonitos también.

El siguiente día con mis cosas dentro de su camioneta pude evitarme esta pedaleada un poco monótona y ellos me acercaron un poco mas a mi destino llevándome hasta el Lago Isabella y evitándome un ascenso que no tenía contemplado que me llevaba hasta los 1800 metros. Viendo la ruta creo que no hubiera podido hacerlo en el tiempo que tenía previsto, realmente estaba larga e intense la ruta.

Ahora, nuevamente con el itinerario en orden seguía mi camino rumbo al Parque Nacional "Death Valley".

Primero continue bordeando el Lago Isabella para luego iniciar un ascenso suave para mi primer paso montañoso, de los muchos que de ahora en adelante tendría que afrontar.

Fue muy relajante poder pasar esa noche en medio del desierto. Creo que es virtud de estos parajes trasmitir tranquilidad y paz. Además poder contemplar muchas estrellas, incluso algunas fugaces y escuchar el sonido de los coyotes de fondo le daban un toque todavía más intenso al escenario. En nuestro mundo actual, donde el sonido común es el del bullicio de las ciudades, resulta realmente necesario ponerse en contacto con nuestra parte natural y disfrutar de estos momentos, se lo recomiendo a todos.

Iniciaba mi siguiente día con el ascenso al primer paso montañoso. En medio de árboles “Joshua” coronaba el paso Walker para luego descender al Valle de “Indian Wells”. Es una región desértica donde la mayor parte de su extensión pertenece al ejército o a la marina o a otra rama de las  fuerzas armadas estadounidenses, para prueba de armas, paracaidismo, o equipo militar.

Tomaba una ruta paralela a la Sierra Nevada pero ahora hacia el norte, con un ascenso suave pero constante rumbo al lago seco de Owens. Era otro día donde terminé casi a la misma altura que lo inicié pero donde trepé más de 1000 metros de desnivel.

Saliendo de Olancha el desierto se sentía con más fuerza y el paisaje que producía el lago seco de Owens a modo de salar le daba un toque especial al paisaje. Nuevamente iniciaba una subida constante con algunos repechos bastante fuertes.

Entraba ahora si oficialmente al parque nacional “Death Valley” y yo estaba convencido que solo me esperaba la gran bajada final para llegar al valle que esta por debajo del nivel del mar. Lamentablemente me equivoqué y de ello me pude dar cuenta cuando poco a poco se fué mostrando un Nuevo valle, el de Paramint, con lo que necesitaba descender mas de 1000 metros para volverlos a subir casi que inmediatamente.

Ya con esta perspectiva necesite aplazar mi llegada al “Valle de la Muerte” (Death Valley) un día más. Sabia por la hora que sería poco sensato tratar de afrontar la nueva subida y preferí al final del decenso buscar un lugar para acampar.

Esa noche se nublo bastante y hasta algunas gotas cayeron, sin embargo en la mañana el cielo estaba completamente despejado.

Me alisté temprano pues era otro día de intensa subida. Pase primero por Paramint que se convierte en el único punto en esta parte del camino para recargar provisiones. Allí fué mi primer encuentro con una pareja suiza: Christina y Roger, quienes en sus bicicletas, estaban uniendo Vancouver en Canadá, con Las Vegas, celebrando de esta forma su luna de miel. Ojalá si algún dia me caso también pueda tener mi luna de miel de esta forma.

Ellos siguieron adelante y yo empecé a subir lentamente con muchas paradas para tomar fotos del valle que iba dejando. Me gusta el desierto, sus variados colores que van cambiando según la hora del día y las formas de sus montañas. Poco a poco recuperaba nuevamente los mas de 1000 metros de desnivel y con un viento bastante frío por fin cambiaba la pendiente y empezaba el tan anhelado encuentro con este famoso valle, que es el remanente de un lago gigante que hace miles de años cubría toda la región.

Fué un descenso de 1600 metros de desnivel que pasaron mas rápido de lo que hubiera querido. El primer sitio al que llegue y que es la parada obligada para solicitar información, comprar lo que se olvidó en el camino y recargar agua es el poblado de “Stovepipe wells”. Allí volví a encontrarme con la pareja suiza, pero ellos ya continuaban el camino.

La ruta que continuaba solo presentaba leves ondulaciones. Primero pasas muy cerca de un sector de dunas de arena donde vale la pena gastarle unos minutos para caminar en medio de ellas, luego en la parte baja del valle aparece el color blanco típico de los salares que se forman al secarse las lagunas, también puedes recorrer algo de la historia del lugar cuando algunos osados llegaron buscando explotar el borax que se encontraba en sus entrañas o simplemente contemplar un amanecer como el que tuve gusto de compartir nuevamente con mis amigos suizos en el famoso “Zabrinski Point”

Creo que el mayor regalo que te brinda el desierto es la posibilidad de reflexión que el silencio otorga, la calma que se siente en cada rincón y la paz que se puede ganar si te compenetras con él.

La ruta entre el “Death Valley” y las Vegas fue nuevamente una sucesión de subidas y bajadas en medio del desierto de Mojave. Volví a a subir hasta los 1000 metros para luego bajar hasta Shoshone a 400 metros. Empezaba una nueva subida otra vez hasta mas de 1000 metros para por fin terminar en la ciudad de Puhrump. Fué realmente un día bastante desnivelado.

Aquí, gracias a Raúl Merezco, su hermano Boris y familia, pude tener un sitio donde pasar la noche con todas las comodidades y adicionalmente me contactaron con más familia en Las Vegas para que pudiera llegar al siguiente día sin apuros.

Ya con la seguridad de tener un lugar donde llegar en esta gran ciudad, emprendí mi último gran ascenso (nuevamente casi de 1000 metros) para por fin contemplar mi destino desde su cumbre. Baje por una ruta un poco más larga pero mas Hermosa: “The Red Rock Canyon” para por fin entrar a la ciudad de los casinos, el juego, las luces de neón y el exceso que se puede contemplar en todas sus expresiones.

Ahora esperaba encontrarme con mi hermana y vivir un poco la experiencia de esta ciudad.

Agradecimientos especiales

·         Nancy y Uwe por recibirme como a un miembro mas de su familia en Three Rivers, bajando del Sequoia National Park.

·         Wayna Davis y su esposa Mary por invitarme a comer, regalarme el mapa y guiarme en mi paso de la cordillera Nevada.

·         Pete Piva, por acompañar mi rodar en su bicicleta de ruta.

·         Susan y Paulette por invitarme a colocar la carpa en su patio, compartir la cena y el desayuno y ayudar para que mi itinerario se mantuviera en orden al acercarme a la entrada delKing Canyon”.

·         A Christina y Roger, por invitarme a su campamento en el Death Valley y compartir conmigo su experiencia de su luna de miel sobre 2 ruedas.

·         Raul Merezco, su hermano Boris y familia, por recibirme en su casa en Pahrump.

 

Nuevamente hacia la montaña. Nuestro encuentro con Yosemite National Park.

Del 27 de octure al 2 de noviembre.

Continuabamos con Damián nuestra ruta nuevamente hacia las montañas. Necesitabamos salir del área metropolitana de San Francisco pero para hacerlo en bicicleta las cosas eran bastante complicadas. De por si, la mayoría de puentes no permiten el paso de ellas.

Queriendo evitarnos todo este problema, la mejor solución era tomar el metro para que nos llevara a la estación más alejada que tenía hacia el oriente. Como el 27 de octubre era sábado no tuvimos problema con los horarios para poder colocar a nuestras consentidas en un vagón del BART. Fue un recorido como de una hora hasta la estación de Plescenton.

A pesar de ello todavía salimos en un sector bastante urbano y tuvimos que seguir bastantes señales e indicaciones para encontrar nuestra ruta sin utilizar las autopistas. La idea era llegar a pasar la noche en el parque “Caswell Memorial”. Para ello tuvimos que sortear un paso montañoso para luego nuevamente bajar al famoso valle de San Joaquín. Llegar a él, fue entrar a una de las zonas con mayor producción frutícola que tiene los Estados Unidos. Durante kilómetros rodamos en medio de cultivos de naranjas, mandarinas, manzanas y peras. Adicionalmente algunos hatos lecheros completaban este escenario altamente productivo.

Al final de la tarde y necesitando utilizar nuestras linternas por fin llegamos al campamento. Resultó un oasis de bosque al lado del río, en medio de tanto cultivo.

Noche tranquila que disfrutamos luego de tantos días de ciudad.

Al día siguiente cotinuamos con las instrucciones que habíamos bajado de internet para llegar al siguiente parque (Turlock Lake) sin utilizar las autopistas. Otra vez en medio de cultivos y eludiendo los poblados y vías principales continuaba nuestro rodar. Entrabamos en un área más árida y a la distancia pudimos ver el lago. Sin embargo nuestra dirección no nos acercaba a él. Luego de analizar los mapas nos dimos cuenta que estabamos en otro camino y era necesario devolvernos. Era un día caluroso y teníamos programado darnos un buen chapuzón en el lago. Sin embargo la demora del desvío y el darnos cuenta a última hora que el campamento quedaba alejado del lago, frustró nuestro deseo.

Por lo menos un buen descanso y un regalo adicional de una de las guardaparques (media pizza), nos contentaron la noche.

Nos estabamos preparando mentalmente para el ascenso que nos esperaba en el acercamiento al famoso parque Yosemite, que era nuestro destino.

Pensábamos que sería una subida continua, pero nuestra sorpresa fue grande cuando en medio de un terreno bastante árido lo que hacíamos era subir y bajar. Realmente las bajadas no las disfrutas sabiendo que tienes que volver a recuperar esos metros perdidos.

Toda la mañana nos la pasamos así, solo luego del reservorio acuícola de "New Don Pedro" sentimos que la subida se incrementaba rumbo a Coulterville.  Claro que la verdadera subida fue luego de esta villa, fueron unos 6 km donde trepamos de 530 a 1030 metros. Nos demoramos más de la hora en superarla y con la tarde que se nos venía y el cansancio en nuestros cuerpos, la decisión estaba tomada para buscar el primer campamento o espacio para colocar nuestras carpas.

Llegabamos a Greeley Hill y nos pareció muy curioso que en su cartel que hace referencia a la población, lo que apareció en vez del número respectivo, fue la palabra "amistosa". Y realmente lo pudimos comprobar cuando en el mercado donde compramos algunas cosas nos atendieron como si nos conocieran de tiempo atrás, con una gran sonrisa y gran amabilidad; después, en un local inmobiliario, luego de cruzar unas pocas palabras nos facilitaron el computador para mirar internet (Damián pudo ratificar que la nueva presidente de su país es la esposa del actual presidente Kitchner). Por último, en el campamento Yosemite west lake, el cuál era nuestra única opción, realmente nos hicieron un gran descuento.

Ya con las carpas armadas lo que nos empezó a preocupar fue la tormenta que se veía venir. Truenos y relámpagos nos rodeaban por varios frentes y nos apresuramos a preparar la comida; sin embargo el fuerte aguacero nos ganó a carrera y tocó refugiarnos a terminar de prepararla. Estábamos en estas cuando apareció Joshua, trabajador del campamento, quien se acercó a conversar un poco. Los rayos estaban cada vez más cerca hasta que uno cayó a menos de 100 metros de nosotros, todos quedamos paralizados. Viendo que nuestras carpas no eran el mejor lugar para pasar una noche así, él se fue un momento y nos llegó con la grata noticia de que esa noche teníamos una cabaña. Realmente fue espectacular tener la tranquilidad de este lugar donde pudimos cargar baterías, prender la calefacción y dormir muy cómodos.

El problema fue salir al otro día de este lugar tan confortable, mientras que afuera, apesar que había amanecido totalmente despejado, estaba haciendo un frío que rozaba el punto de congelación.

Teníamos que partir, nos despedimos de nuestros amigos patrocinadores del campamento Yosemite west lake e iniciamos nuestro jornada.

Nuevamente resultamos bajando más de lo que subíamos. Eran largos repechos que superábamos para nuevamente encontrarnos con una bajada igual o más larga. Realmente ese día las energías y las horas del día nos alcanzaron solo para llegar a la entrada del parque, aunque en total solo fueron como 40 km. Estabamos oficialmente dentro de Yosemite pero ubicados en el primer campamento, todavía bastante lejos del famoso valle. Ese recorrido quedaría para el siguiente día.

Tuvimos una noche despejada en medio de un hermoso bosque de pinos. Prendimos una fogata y nos quedamos hasta tarde charlando de todo un poco. Se nos avecinaba la entrada al famoso valle de Yosemite y eso nos tenía bastante emocionados.

Amaneció nuevamente despejado, lo que nos alegró bastante, aunque empezabamos el día con una mañana muy fría. Iniciábamos nuestro ascenso y antes de coronarlo, realizamos una parada para adentrarnos caminando hasta un pequeño reducto de Sequoias gigantes. Era nuestro primer contacto con estos gigantes de la naturaleza. Realmente pensamos que sería un bosque y solo eran unos pocos árboles, sin embargo sentimos su grandeza.

Regresábamos a la ruta y retomando la bajada. La llegada al valle se sentía cada vez más cerca y al final, de un momento a otro, luego de una curva se abría todo el valle de una forma increíble. La parada fue obligatoria para tomar muchas fotos y luego seguir por una ruta que nos hacía parar cada 5 minutos. Pasamos varios túneles hasta que por fin el desnivel cesaba y tomábamos terreno plano. Cruzamos por algunos bosques donde el otoño había pintado sus hojas de colores pastel, creando un cuadro, por lo menos para mí, único y novedoso, ya que en Colombia no poseemos estaciones.

Estábamos ya con hambre pero queríamos llegar al famoso "Capitan" para preparar nuestros sandwiches. Al fin estábamos junto a la pared de granito más famosa dentro del mundo de los escaladores. Realmente es impresionante sentir su grandeza y saber que con solo algunas cuerdas y equipo básico, muchos han encontrado el cumplimiento de sus sueños, en su cumbre.

Era otra jornada corta en kilómetros pero el tiempo parecía que no alcanzaba para todas las paradas que realizábamos y todas las fotos que se nos cruzaban en el camino. Teníamos que llegar a buscar información, comprar algunas cosas y ubicar el campamento.

Estábamos ya en la compra de la comida para la noche cuando apareció Kathy, quien luego de algunas preguntas terminó invitándonos a su casa. Ella junto con su esposo Jeff, trabajan con el parque y son amantes de la escalada (que mejor sitio para vivir).  Terminamos pasando una noche en familia, con ducha caliente, ropa entre la lavadora y nuevos amigos para compartir experiencias y vivencias.

Damián solo pensaba quedarse un día más para luego partir, sería nuestra despedida pues yo me quedaba otro día para hacer otra caminata y tomar una ruta diferente.

Con las indicaciones de Jeff la decisión estaba tomada para el día siguiente bien temprano. Queríamos unir 3 diferentes caminatas. Iniciabamos subiendo hasta el "Glacier Point" por la ruta "Four Mile" una de las más frecuentadas en el parque, luego empezábamos el descenso acercándonos a las cascadas Illiouette, Nevada y Vernal por el "Panorama Trail" y bajábamos a la villa por el "Mist Trail".

Realmente ha sido una de las caminatas más bellas que he realizado en mi vida. Nada técnica, pues la ruta es suave, inclusive con algunos tramos pavimentados, pero con una vista del Capitan, del Valle y del Half Dome, impresionante. Cada mirador, cada nuevo punto de vista era excusa para tratar de plasmarlo en una foto o simplemente parar a contemplar el escenario imponente.

Se nos fue todo el día y con los últimos rescoldos de luz llegamos a la vía pavimentada encontrándonos con la fortuna que el bus que recorre el valle, estaba justo a nuestra salida. Toco correr un poco pero logramos tomarlo. Llegar a la villa, ir a la casa, charlar un poco de nuestro día de caminata y prepararnos para nuestro siguiente día, gastaron nuestras últimas energías. Era duro nuevamente sentir que en el camino avanzaría sin la compañía de Damián, pero teníamos rutas diferentes y destinos que trazar.

Esa mañana nos levantamos con objetivos diferentes, Damián organizando todo su equipo para partir hacia el famoso "Tioga pass" y yo emprendería otra caminata hacia la cumbre de "Yosemite Fall".

Con un fuerte abrazo y con la idea de volvernos a cruzar en este viaje, vi partir a mi amigo rumbo a su destino, así como yo continuaba con el mío. Sentí un vacío en el alma cuando dobló la esquina y se me vinieron a la mente todas las vivencias compartidas. Desde lo más profundo de mi corazón le envié el mejor deseo de un verdadero amigo, para que continue con buen viento y buena mar en éste su gran sueño.

A mi me esperaba otro ascenso a la cima de la cascada Yosemite. Me sentía extraño al hacerlo nuevamente en solitario.

Lamentablemente en está época del año no baja agua por esta gran pared, por lo cual tuve que conformarme con las fotos y videos que mostraban todo su poder y belleza. Sin embargo ver las dimensiones de la pared al ir subiendo poco a poco me hacían querer volver en otra oportunidad para poder contemplarla con toda su fuerza y grandeza.

Fue una subida más corta que la del día anterior pero más pronunciada. Tal vez lo más impresionante fue al final poder estar al borde de la pared y sentir los 900 metros de desnivel casi en vertical al lado tuyo. El estómago apenas se encogía y sentías algo que te empujaba hacia atrás. Era impresionante la vista y la sensación al estar tan cerca del abismo.

Retorné a la villa con este recuerdo en mi mente, pude caminar un poco más sus alrededores y retornar a la casa de Kathy y Jeff para preparar mis cosas para la partida. Esa noche tuvimos cena con algunos amigos así que pude compartir con ellos parte de mi viaje.

Era momento de continuar, ahora mi rumbo en esta nueva etapa sería Las Vegas pasando por los parques nacionales Sequoia y Death Valley. Para mi tenía un condimento adicional y era el encuentro con mi hermanita Sandra y su esposo Matt. Eso convertían a las Vegas en un momento muy importante en mi viaje.

Agradecimientos especiales:

·         A mi amigo Damián, por compartir nuevamente la ruta. Fue muy dura la despedida y espero volverlo a ver durante el viaje. 

·         A Joshua y Malcom del campamento Yosemite West Lake  en Greeley Hill, antes de entrar a Yosemite NP, por facilitarnos la cabina en esa noche de tempestad. Pueden conocer este lugar en el sitio www.yosemitewestlake.com

·         Al resto de personas en Greeley hill por su amabilidad, por prestarnos el computador para mirar nuestros correos y por regalarnos varias sonrisas que siempre recargan nuestras energías.

·         A Kathy y Jeff por recibirnos en su casa en Yosemite Village, compartir sus experiencias y guiarnos para conocer este maravilloso parque.

 

San Francisco, California. Una ciudad de contrastes. Del 18 al 26 de octubre

Entraba a la ciudad más grande hasta ahora visitada en mi viaje y lo hacia por la Puerta de Oro como se le conoce a este famoso puente.

La primera grata sorpresa es la arquitectura que se mantiene en la mayoría de sus viviendas. Sus casas de no más de 3 pisos con sus ventanales saliendo en formas simétricas le dan un toque especial a todos los rincones de la ciudad.

Otro aspecto característico son sus colinas que están repartidas por todas partes y la convierten en un buen desafío para recorrerla en bicicleta. Incluso existe un mapa donde puedes ver todas las calles con su porcentaje de inclinación y así puedes programar la mejor ruta (que no siempre es la directa) para ir de un punto a otro.

Y por último, como primera impresión me quedó la cantidad de áreas verdes, parques y lugares de recreo que posee. Varios de ellos son viejas bases militares que se usaron durante la segunda guerra mundial.

Realmente San Francisco está limitada geográficamente, por el mar principalmente, lo que la convierte en un ciudad de apenas unos 750.000 habitantes. Sin embargo sumando las ciudades contiguas la convierten en un área metropolitana bastante grande.

Luego de mi entrada a la ciudad y estas primeras impresiones que pude ratificar posteriormente, pudimos disfrutar de la amabilidad de nuestra anfitriona. Shirley la habia conocido en Alaska cuando ella también regresaba en bicicleta. De por si, ella apenas habia llegado un par de dias antes a San Francisco.

San Francisco era también para mí el punto para hacer el trámite de mi visa Mexicana. Por eso me tomé un día para hacer estos trámites esperando que pueda terminarlos en San Diego cerca a la frontera con México.

Aparte de caminar por sus calles, rodar por sus empinadas colinas para llegar a algunos de sus lugares más representativos, ver la cantidad de turistas montados en los trenes jalados por cables e ir a la famosa isla de Alcatraz, creo que lo más importante que me pudo quedar de este paso por San Francisco fue el espíritu liberal que se siente en su gente, las diferentes corrientes de pensamiento que se viven y el cuestionamiento que se siente frente a la misma realidad que nos toca vivir, incluso se siente la controversia a la política armamentista de los Etados Unidos.

En este sentido pude ver algunas manifestaciones especiales que nacen de diferentes grupos en la ciudad. Me pareció importante el tema del ahorro energético, pudiendo ver un evento donde convocaron a apagar voluntariamente los bombillos de la ciudad por espacio de media hora y en el tema que a mi más me apasiona, también un grupo grande de personas en la ciudad está buscando generar conciencia en el uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte. Esta corriente la pude sentir en toda su magnitud en el "Critical Mass" que todos los viernes al final de cada mes se realiza de forma muy espontánea. La idea es que al reunirse en un mismo punto gran cantidad de ciclistas, generan tal masa que ella misma empieza a desplazarse generando su propia dinámica y en últimas creando un cambio de pensamiento y de actitud de los participantes y los espectadores. Se pretende con ello hacer un llamado a la utilización de la bicicleta como medio alternativo de transporte y buscar mayor reconocimiento por parte de las politicas públicas para la creación de nuevas bicisendas y facilidades para este tipo de mobilidad. Adicionalmente este viernes era especial pues se celebraba “Halloween” y la gran mayoría de ciclistas irían disfrazados. Ver rodar tal cantidad de ciclistas (yo le pongo unos 4000) la gran mayoría con disfraces muy originales, incluso un papa noel desnudo con solo su barba y gorro, me ratificaba que cuando se pretende generar cambios la mejor forma de hacerlo es uniendo voluntades y aportando a la causa con ideas y acciones. Ojalá en mi país todos pudieramos unirnos en la causa común de conseguir la paz.

Realmente fue una forma de terminar de conocer la ciudad sin preocuparme por los carros, semáforos o dirección de las calles. Solo era cuestión de dejarse llevar por esa masa de ciclistas de todos los estilos, tendencias y filosofías.

Me llevo el recuerdo de una ciudad muy liberal de pensamiento, tanto, que concentra el más alto porcentaje de población homosexual en el país, con muchas manifestaciones en cuanto a las artes, música, deportes y actividades en cada rincón de la ciudad. Con su barrio japonés y chino, con una población multiracial y con muchos matices culturales y sociales, daría para escudriñarla por muchos más días,

Un detalle que me encantó fueron sus murales, muchos de los cuales involucran el tema de la bicicleta y la proyección de la ciudad en el futuro a una que le de menos importancia a los carros y más a la verdadera calidad de vida que se obtiene de otras formas.

A groso modo esta fue la impresión que me dejó San Francisco. De todas formas sigo prefiriendo los espacios naturales en los que puedo encontrar la paz, soledad, contemplación y energía que se convierten en la inspiración y sustento para continuar con mi recorrido.

Agradecimientos especiles.

·         A Shirley Johnson, por aguantarnos en su casa por más de una semana y mostrarnos las diferentes facetas de esta loca ciudad. Afortunadamente ella también es viajera y sabe de todas nuestras necesidades. Además ella fue la que nos contó de Critical Mass y esa fue la razón principal para demorar nuestra partida de San Francisco.

·         Kash, por su pasión por el tema de la bicicleta y por ayudarnos a ponerla nuevamente a punto para muchos más kilómetros.

·         Alejandro Caminos, amigo Venezolano con quien pude departir un agradable momento y conocer un poco más de la vida en esta ciudad.

 

La costa Californiana: Bosques de Redwoods, mucha lluvia y muchas subidas y bajadas. Del 6 al 18 de octubre.

Iniciaba una nueva etapa en mi viaje, ahora la cercanía al mar y la amistad de Damián serían mis compañeros de carretera. Ya sabía de antemano que el mal clima había demorado a mi amigo argentino, por lo cual tendría un día de descanso mientras él me alcanzaba en el campamento. Hacía mucho tiempo no tenía un día relajado. Para mí era mas que necesario tener una parada en el camino, donde no tuviera que pensar en empacar, en el almuerzo de carretera y en el lugar para dormir al final de la jornada.

Me dediqué a tomar fotos, a escribir y leer. Ya entrada la tarde llegó Damián y este momento fue celebrado con un caluroso abrazo. Habían muchas historias que contar de parte y parte y por ello la cena se alargó bastante.

Ese día llegaron adicionalmente otros ciclistas viajeros al campamento, con los que pudimos compartir nuestras vivencias.

Damián llegaba necesitando un día de descanso, pues como a mi, le habia tocado sortear la temporada de lluvias en la costa y esto había hecho del rodar una tarea un poco complicada. Por esto nos quedamos un día adicional en el campamento para recargar nuestras energías y retomar esta nueva etapa.

Nuevamente el "Sudaca Team" estaba reunido y esto hacia que la perspectiva del viaje cambiara. Para mi era muy especial rodar con un amigo como Damián y compartir nuestro objetivo en común.

Iniciabamos nuestro recorrido cambiando de estado y entrábamos a California, pero todavía no la de playas y chicas en bikini que es la imagen que vende la publicidad. Claro que California nos recibió con un escenario muy especial, los bosques de redwoods que constituyen un parque nacional.

Nuestro primer destino, luego de Harris Beach, fue el parque estatal de "Elk Prairier" aunque para hacerlo necesitabamos recorrer bastantes kilómetros. El recorrido nuevamente inició cerca a la costa, un poco mas plano de lo acostumbrado. Luego de pasar una pequeña región agrícola entramos por fin a California que se constituía en mi sexto estado en este país.

Recien entrados en California nos desviamos del camino y nos adentramos en nuestro primer bosque de Redwoods. Fue realmente mágico este momento. Sentirte pequeñito al lado de la magestuosidad de esto seres, algunos de ellos milenarios, te recuerda que apenas somos otros invitados mas en este planeta. Sin embargo somos unos invitados que hemos explotado irracionalmete nuestros recursos y de ejemplo claro está que solo quedan el 4% de los bosques originarios de estos magníficos árboles. De esto nos dimos cuenta cuando pronto regresamos a una autopista y a la ciudad de "Crescent City".

Al final pudimos llegar ese primer dia al campamento de "Elk Prairier" pero rodando en medio de otro bosque de redwoods en plena oscuridad. La luz de las linternas proyectaba las sombras de estos gigantes que producian en nosotros sensaciones de asombro y hasta algo de temor.

Resultó tan especial el lugar que nos quedamos un día adicional para hacer el recorrido cerca de sus playas, caminar a lo largo de un pequeño cañón tapizado de helechos y ver por fin de dia, sus bosques de redwoods.

Y como el clima es tan cambiante esa noche se desató una tormenta que nos dejó nuevamente con todo el equipo empapado.

Un poco tarde, pero ya sin lluvia, pudimos retomar el camino. Volvíamos a la playa y a algunos encuentros con personas que te levantan la esperanza y te aportan buena energía. Fue así como en una de nuestras habituales paradas para tomar algunas fotos Uwe y su esposa Nancy nos invitaron a una deliciosa torta. Creo que este hecho hubiera pasado de una forma común sino es por la alegría que nos transmitieron. Ahora hasta ya tenía donde quedarme si pasaba por Sequoia National Park que era donde vivían.

Seguimos el recorrido junto a la playa en un constante sube y baja y ya entrada la tarde entramos a la vía "Patrick Point". Según las indicaciones que teníamos empezamos a buscar nuestro campamento pero no lo hallamos. Decidimos preguntar y nuestra sorpresa fue grande cuando averiguamos que ya nos habiamos pasado. Realmente era muy duro pensar en regresarnos por esa vía que rompía las piernas con tanto sube y baja. No se si sería que nuestras expresiones denotaron nuestra desazon que Matt, la persona a quien le habiamos consultado, nos invitó a que pusieramos nuestras carpas en el patio de su restaurante, pudimos tomar una ducha caliente y hasta nos invitó a comer con un menú bastante sofisticado y delicioso para nuestro paladar acostumbrado a pasta y arroz.

Nos esperaba un día bastante largo incluyendo el poder  completar mis 7000 km de recorrido.La primera parte rodamos pasando de una ruta muy bonita junto al mar a la autopista, luego entramos a un par de ciudades donde nos demoramos en nuestra búsqueda de una biblioteca para tener acceso a internet y nuevamente la autopista. Los últimos 25 km de la ruta han sido unos de los más impactantes en mi viaje: entrabamos al famoso bosque de redwoods "Avenida de los Gigantes". Era ya un poco tarde pero el escenario sobrecoge y sorprende. Son majestuosos, imponentes, respetuosos. Nunca un bosque me habia generado este tipo de sentimientos.

Al fin y en medio de la oscuridad llegamos a nuestro campamento. Parecería que siempre los bosques de redwoods tenemos que andarlos en la oscuridad.

Apenas armamos el campamento se puso a llover por lo cual otra vez nuestras carpas las tuvimos que guardar mojadas al siguiente día.

La salida fue lenta degustando poco a poco el resto de kilómetros de la Avenida de Gigantes. Muchas paradas tratando de que nuestras fotos captaran algo de la magia del lugar. Era difícil captar la grandeza de los redwoods en una fotografía. Fue un gran contraste salir de este bosque y entrar nuevamente a la autopista, sobretodo sabiendo que hemos sido nosotros los que hemos generado estos cambios. Al final el día lo terminamos en otro pequeño reducto de redwoods en un parque estatal. Era tranquilizante dormir al lado de uno de estos gigantes.

Luego de este paso mágico por estos bosques retornábamos al mar. Cambiabamos la ruta 101 por la famosa ruta 1 que nos obligaba a superar 2 pasos montañosos serpenteantes en medio de bosques de pinos. Resultaron muy entretenidos para la vista y un buen desafio para las piernas.

Fue sorprendente ver que teníamos un día completamente despejado y en el momento que llegamos a la costa nos encontramos con una pared de nubes que se venian rápidamente sobre nosotros. Daba miedo ver ese frente nuboso que se extendia frente a nosotros hasta donde la vista alcanzaba y del que no sabiamos con que sorpresa nos alcanzaría. Afortunadamente no trajo agua y fue solo la bruma la que nos cubrió en momentos con bastante intensidad.

En el campamento nuevamente nos encotramos con Matt y Scot con quienes veníamos cruzándonos desde nuestra salida en Harris Beach.

Con una comida bastante suculenta gracias al regalo de unos vecinos de campamento pudimos terminar esta jornada.

Y si que gastamos esa comida extra al siguiente día. La costa parecía una secuencia de manos con sus dedos queriendo agarrar el mar lo que hacia que la ruta fuera como una monaña rusa subiendo y bajando constantemente. Fue realmente un reto, aun mas cuando las bajadas terminaban en una curva cerrada que obligaba a frenar y perdías todo el impulso que llevabas.

Ya con el sol a punto de tocar el mar llegamos al nuevo campamento. Resultó uno de los encuentros más grandes de ciclistas en mi viaje. Coincidimos:

·         Matt y Scot que estan rodando desde Alaska hasta Usuahia.

·         Liz y Laure, una pareja de ingleses que estan haciendo un recorrido por la costa Estadounidense.

·         Matt y Shelly, una pareja de jóvenes con su primer recorrido corto.

·         Thom, un Neozelandés también haciedo la ruta costera

·         Y nosotros como representantes de sudamérica.

Compartimos un poco de nuestras experiencias disfrutando del calor de una deliciosa fogata.

Aunque esa noche estuvo despejada, el pronóstico para el siguiente día era de lluvia y lamentablemente se cumplió. Amaneció cayendo una pequeña llovizna que retrasó la salida. Aprovechamos un pequeño margen sin lluvia para organizar las cosas, pero cuando salimos volvió a aparecer con más intensidad.

Adicionalmente un viento bastante frío en contra hizo el andar lento y a veces tortuoso. El constante sube y baja era un problema adicional. Subiendo con la chaqueta de lluvia empezabas a llenarte de mucho calor y sentías como el sudor te mojaba de dentro hacia afuera, y en las bajadas el frio te congelaba.

Afotunadamente, luego de nuestro acostumbrado almuerzo (té y emparedados) el tiempo mejoró y pudimos realizar el último tramo un poco más cómodos.

La tentativa de hacer más de 100 km cambió por las condiciones del clima por lo cual nuestro destino fue el campamento Stillwater con solo 72 km de recorrido. Nuevamente lo compartíamos con Matt y Scot.

Resultó que aquí la ducha estaba mas costosa que en el resto de campamentos. Ya estabamos acostumbrados a los 50 centavos por lo que ninguno de nosotros tenía mas de las 2 monedas de 25 y la ducha costaba 1.5 dólares. Estabamos solos en el campamento y no había a quien pedirle cambio. Resultamos aprovechando el agua caliente del lavaplatos para tomar nuestra ducha pero tuvimos el infortunio de que el "Ranger" o policia encargado de los parques, llegara justo cuando Damián terminaba su ducha. Lo descubrieron aunque él se metió rapidito al baño. Luego de pagarle el respectivo campamento, nos hizo la advertencia que eso estaba prohibido y podría ser motivo de arresto. Al final el hecho solo fue motivo de broma sumado a las fotos que tomamos del respectivo delito.

Nuevamente la lluvia fué la compañera en la madrugada. Escuchar esas goticas cayendo en la carpa antes de iniciar un día de pedaleo no es muy agradable.

Que día tan frío! La lluvia se incrementó y el viento también. Se nos presentaron adicionalmente unas subidas intensas que con sus respectivas bajadas un poco largas nos dejaban con el cuerpo suplicando por algo caliente. Justamente cuando llegamos a Jenner nos encontramos con el café de Emma y no lo dudamos para entrar. Eran apenas las 10 y 15 de la mañana cuando entramos y con un clima que empeoraba terminamos saliendo de allí pasadas la 1 de la tarde.

Afortunadamente la lluvia desapareció y un cielo azul empezó a aparecer poco a poco. Las capas de ropa me las fuí quitando y las paradas a tomar fotos fueron aumentando. Estabamos pegados a la costa la cual alternaba salientes rocosas de formas caprichosas con playas amplias.

Al fin llegabamos a nuestro parque estatal y campamento el cual resultó estar sobre la arena. Me gusta la playa pero no como para tener un campamento donde todo al final queda lleno de arena.

El premio para este día intenso fue el atardecer que a modo de incendio celestial puso de color naranja el horizonte.

Resultamos nuevamente coincidiendo los mismos ciclistas viajeros de hacia dos días. Buen motivo para compartir algunas historias.

A la lista de animales a tener precaución ahora se sumaban los mapaches y lo pude comprobar esa noche cuando fui victima de su astucia e inteligencia para abrir cajas o maletas. Sino es porque escuché ruidos en la noche y me levanté a revisar, me hubieran robado todo mi mercado. Afortunadamente solo pudieron mordisquear un poco de mis provisiones aunque a Matt se le comieron todo el desayuno.

El preludio para la llegada a San Francisco llegaba con cambio de clima. Por fin un día soleado estaba para darnos los buenos días.

La primera parte del día la hice en solitario ya que Damián paró a revisar sus correos.

El camino se adentraba en el continente ascendiendo en medio de paisajes que alternaban algunos cultivos con parajes un poco áridos; luego el camino retornaba a la costa pero ya en las aguas calmas de la Bahia de Tomales. La cercania de San Francisco se sentía en el ambiete.

En mi parada de almuerzo fue Matt quien me alcanzó y continuamos nuestro recorrido juntos. Como él va para centro y suramérica le interesa aprender español, por lo cual todo el resto del día nos la pasamos en clases, para mi de inglés y para el de español.

Luego de una última colina a superar entramos en un sendero que nos llevó al Parque Samuel P. Taylor. Nuevamente un pequeño bosque de redwoods fue el sitio para nuestro campamento y en mi caso que mejor sitio que hacerlo en el medio de seis redwoods simétricamente ubicados alrededor mío. Era un lugar mágico aunque por la mañana lo pagara al ver mi carpa llena de cagadas de pájaro.

Esa noche nuevamente coincidimos con los 2 Matt, Scott y Shelly. Matt nos enseñó como fabricar una estufa de camping con dos latas de gaseosa, disfrutamos de su compañía por última vez y nos alistamos para el día intenso que nos esperaba en nuestra llegada a San Francisco. 

Por fin ese 18 de octubre era el día para llegar a la ciudad más grande que hasta hoy he tenido en el recorrido. Iniciamos temprano con Damián sabiendo que la llegada hasta el famoso puente "Golden Gate" sería como una carrera de observación. Nos estabamos guiando por un libro que detallaba todo el recorrido de la costa Pacífica de Estados Unidos para hacerla en bicicleta y la entrada a San Francisco parecía más un jeroglífico que tendríamos que ir resolviendo paso a paso. Los primeros kilómetros fueron sin contratiempos hasta que empezamos a sentir que la ciudad se acercaba cada vez más. Muchos poblados uno tras otro, nombres de avenidas que teníamos que seguir, cruces que teníamos que tomar, en fin eran varias páginas de instrucciones para entrar a la gran ciudad ya que no se pueden tomar las autopistas para hacerlo.

Por fin a la distancia teníamos el puente Golden Gate delante nuestro. Imponente obra de ingeniería. Habíamos llegado a esta ciudad que nos deparaba muchas sorpresas.

Llamamos a Shirley, nuestra amiga ciclista, quien nos habia invitado a su casa y luego de que nos confirmó que nos recogería en una hora en el puente, nos dispusimos a cruzarlo y a tomar muchas fotografías de este símbolo mundial.

Como tuve la posibilidad de permanecer varios días en la ciudad, este relato vendrá en la próxima entrega.

Agradecimientos especiales:

·         Nuevamente a Damián por ser mi compañero de pedaleada, de subidas y bajadas, de frío y calor en esta etapa por la costa californiana.

·         A Matt y Scot por su compañía en muchos trayectos, por las clases de inglés que me dieron y por la amistad que nos brindaron.

·         Uwe Jens y Nancy J Reimer por la deliciosa torta que nos brindaron y por el ofrecimiento de su casa en Three Rivers cerca al Sequoia N.P.

·         Mathew Aldihger, quien nos permitió colocar la carpa en su restaurante y nos invitó a comer. Si pasan cerca a Trinidad pueden ir a degustar una deliciosa comida en este tradicional restaurante:  www.larrupincafe.com

·         A Clark por brindarme un espacio en su día e invitarme a tomar una cerveza cuando llegaba a la Bahía de Tomales.

·         Eli González quien nos invitó el desayuno con cafe y tocineta en San Anselmo, uno de los poblados antes de entrar a San Fancisco.

Datos de interes:

·         Kilómetros recorridos 668

·         Solo tuve un pinchazo en mi rueda trasera.

·         El precio de los campamentos para ciclistas varía entre 3 y 6 dólares por persona y un adicional de 50 centavos para la ducha.

·         No todos los campamentos tienen esta tarifa preferencial de ciclistas, por lo cual hay que programar las etapas de acuerdo a la ubicación de los que si las tienen.

 

Sintiendo los rigores del otoño.

Mi paso a través de Oregón: Del 24 de septiembre hasta mi llegada a la costa el 5 de octubre.

Pasando el río Sbake, el mismo que encontré luego de salir del parque Grand Teton, cambiaba de estado y entraba a Oregón. Sentirme allí era como empezar mi etapa final de montaña y buscar ahora la costa y el mar como mis nuevos compañeros de camino.

Sin embargo para ello faltaban muchos días y pasar nuevamente por sectores agrícolas, reservas forestales y algunos parques estatales y nacionales.

Ya en Oregón me encontré con una de las ciudades mas grandes de mi recorrido. Se trató de Ontario. Estaba un poco tarde y no era el mejor lugar para buscar un espacio para colocar mi carpa, por lo cual la decisión era avanzar un poco más esperando encontrar un lugar un poco mas tranquilo y amigable. Habia aprovechado para comprar algunas cosas para preparar mi cena del viajero (spaguetti con tomates) y gracias a la cosecha de cebolla que se presentaba en toda el área, pude conseguir unas sin pagar un centavo. Adicionalmente al parar a recargar agua, me regalaron unos embutidos que quedaban perfectos para completar la receta. Ahora lo complicado era encontrar el lugar para descansar y prepararla. Por aca no hay campamentos organizados o áreas de descanso y fue necesario recurrir a la opción de pedir permiso en algún lugar. Dos intentos fallidos pero al final en el patio de una iglesia baptista pude armar mi carpa y preparar mi deliciosa pasta de tamaño especial para ciclista hambriento. Ya recargado de energías era tiempo de dormir.

El día siguiente fue todo en subida, suave pero constante, siguiendo las huellas del rio Malheur. Desafortunadamente tuve problemas al iniciar el recorrido al ver que la coraza de la rueda trasera se estaba rompiendo. Al final y luego de perder como dos horas, tocó ponerle un refuerzo a la llanta y continuar con la misma, esperando encontrar un lugar donde comprar otra.

Siguió una ruta muy bonita, semidesértica tanto de vegetación como de tránsito. Como curiosidad me encontré con el árbol de los zapatos viejos (un árbol que han llenado de zapatos viejos de todos los estilos, colores y diseños).

Atardecía y no aparecía una casa para colocar mi carpa. Por fin a la hora indicada y luego de los 80 km de rigor por fin aparecía una granja. Realmente no tenía opción y al encontrarme con su propietario al final me permitió poner la carpa al lado de unos corrales. No resultó el mejor lugar por las espinas que aparecían por todas partes y que por poco pinchan mi bici. Al final me permitió colocar la carpa en otro mejor lugar protegido por una muralla de pacas de heno. Lo único malo fue la advertencia que me hizo de la presencia de un león de montaña que andaba rondando por allí.

Era sorprendente; salía del problema de los osos y ahora entraba en el de los pumas. Como que dormir con el spray picante antiosos en la mano es un requisito en todo el sector oeste de Estados Unidos.

Luego de realizar una mejor reparación a la rueda de mi Monarca, me fui a dormir un poco más tranquilo.

Una noche despejada fue el anticipo de un buen día que empezó bastante frío pero que luego se tornó realmente cálido. Me toco superar dos buenos pasos montañosos en medio de un paisaje árido.

Era muy difícil llegar ese día a Burns, pero quise avanzar lo más cercano posible. Lo que no consideré fue lo difícil que iba resultar conseguir donde colocar la carpa. No encontraba a nadie en las propiedades donde paraba, o incluso me dijeron que no. Me estaba empezando a preocupar hasta que aparecieron Bud y Marie. Me permitieron colocar mi carpa en su patio, me invitaron a cenar y por la mañana a un delicioso desayuno. Algo espectacular fue el poder contemplar el atardecer en el firmamento al mismo tiempo que al otro lado del horizonte aparecía la luna inmensa.

Esa noche pude compartir con Bud y Marie un poco de mi experiencia y recibir de ellos su calor humano.

Al día siguiente tenía como prioridad cambiar la coraza de la rueda. Pensé que Burns era más grande pero solo encontré un almacen general con una rueda realmente mala. La bici quedo saltarina ya que esta rueda nunca se acopló bien al aro. Pero bueno, por lo menos me sacaba del apuro.

Seguí por un terreno cada vez más desértico. El siguiente punto en el mapa era Riley, que solo era un puesto de gasolina. Allí me topé con Scot y Dany, otros veteranos ciclistas que andaban dándole la vuelta a su estado Oregon. Con algunos consejos en relación a la ruta que me esperaba, recargué más agua de la acostumbrada y reasumí mi ruta. Solo unos 8 km más y acampé en medio del desierto.

Un bonito atardecer con un cielo despejado fué el premio de la jornada de pedaleo.

El día siguiente amaneció gris y con ganas de llover. Empecé a pedalear y poco a poco se fue poniendo más frio y apareció un viento helado que me pegaba de costado. El termómetro marcaba 5°C pero la sensación térmica era casi de congelamiento. Luego de comer algo y sentir que lo peor se venia, decidí seguir el recorrido. Fue como ver venir el castigo lentamente. Las nubes grises descargando toda su agua se acercaban lentamente hasta que fue mi turno de recibir mi dosis de frio otoñal. Para completar el día, cambiaba de ruta, por lo que enfilé directo en contra del viento. Ya no era momento de arrepentirse pero si de buscar un lugar para pasar una noche complicada.

Estaba en este dilema, en medio de la nada, congelado y mojado cuando a mi costado una camioneta se detuvo y me ofreció adelantarme unos kilómetros hasta  el poblado siguiente. Pensé en decirle que no, pero realmente mis alternativas eran pocas. Al final acepté y pude darme cuenta que si hubiera seguido no hubiera encontrado nada y el temporal proseguia con bastate fuerza. Me dejó en Christmas Valley y con algo de lluvia pude armar mi carpa y cocinar. Ya bien adentrada la tarde el clima mejoró y por lo menos la lluvia paró.

El día siguiente amaneció despejado pero por debajo de cero grados. Mis botellas estaban un poco congeladas y salir de mi saco de dormir se volvió en todo un reto.

Al final, un poco más tarde de lo acostumbrado y con un poco de más ropa que lo normal, inicié mi jornada.

Mi primer destino fue Silver Lake donde por ser domingo no encontré ni biblioteca ni información sobre mi próxima ruta por parte de los guarda parques del servicio forestal. Con mi información básica cambié de ruta enfilando baterias para el Crater Lake National Park.

Pronto me estaba adentrando en la Reserva Forestal de Winema. Existían muchos caminos alternos por lo que no quise tomar riesgos y seguí por el principal.

El clima seguía cambiante y al día siguiente, antes de salir del bosque amaneció otra vez gris y con augurios de que hoy sería otra lavada casi segura.

Cuando salí del bosque de Winema el escenario se abrió y pude ver con preocupación que el sector montañoso para donde me dirigía estaba opaco del agua que caía. Poco a poco retomé mi camino siempre ascendente que me acercaba a la entrada norte del Parque Nacional de "Crater Lake".  La llovizna se intensificaba y el frío también. Al llegar al paso montañoso a 1800 metros de altura, los rastros de una nevada tempranera estaban presentes. Busqué mi lugar para acampar y cuando terminaba de hacerlo se puso a llover intensamente. Esa noche no pude cocinar por el aguacero que caia. Las cosas empeoraron cuando un charco fue creciendo rápidamente junto a la carpa lo que me obligó a moverla en medio del aguacero. Con solo algunas golosinas en mi estómago me acosté esperando que el clima mejorara. Sin embargo no fue así, no paró de llover y luego esa lluvia se transformó en nieve.

Al día siguiente iniciaba el mes de octubre de una manera poco soñada. Realmente fue muy duro iniciar esta jornada. Todo a mi alrededor estaba blanco y el frío era sobrecogedor. El manipular las cosas llenas de nieve y el ponerme algunas cosas húmedas hicieron el proceso más doloroso. Salí del lugar sin desayuno, helado y con un clima que no mejoraba. Para completar la mañana, cuando pretendía entrar al Parque, lo estaban cerrando pues la capa de nieve un poco más arriba era de casi medio metro.

No tenía otra opción, necesitaba rodear el Parque y empezar a bajar buscando algo más de calor.

Afortunadamente un poquito más adelante me encontré con Maisol y Armin, ella Colombiana y él Suizo y me invitaron a pasar a su casa rodante y tomar un té caliente y un desayuno. Si que lo necesitaba. Ya con algo más de calorcito en el cuerpo y algo en mi estómago, emprendí mi descenso por la ruta 230 en medio de un bosque gigante dentro de la Reserva Forestal de Rogue. Para mi sorpresa más adelante un RV (Recreational vehicle) paró en mi camino y Samuel me llenó el termo de café y me regaló frutas secas.

Con mayor ánimo por estos encuentros de carretera, continué mi recorrido rumbo a Prospect.

Justamente la belleza del bosque por donde avanzaba hizo que declinara mi intención de avanzar más. Ya el clima lo sentía mas cálido, habia dejado de llover y estaba en medio de un hermoso bosque. Por ello, aun siendo temprano, a penas encontré una zona de camping no lo dudé y me desvié con la intención de descansar luego de estas jornadas un poco fuertes.

Tuve tiempo de tomar fotos del paisaje colorido que el otoño va produciendo, relajarme un poco y hasta practicar los malabares con las bolitas que traigo desde Prince George.

Por fin mis suplicas fueron escuchadas y al día siguiente amaneció totalmente despejado. Eso sí, a pesar de haber bajado 900 metros desde mi campamento anterior, el frío de esa mañana era casi el mismo.

Al acercarme lentamente a la interestatal 5 fueron apareciendo más poblaciones. Por un lado facilita encontrar la comida mas barata, baños, señal del celular y otros pequeños detalles, pero por otra, se complica el asunto de donde pasar la noche. Ese aspecto empezó a preocuparme al ver que al acercarme a la población de Rogue River no tenía opciones de lugares aislados. Absolutamente todo era propiedad privada y con grades carteles que prohibían la entrada a particulares. Al final mi última esperanza, un área de descanso, resultó que estaba en remodelación y era demasiado concurrida. Afortunadamente Christian, uno de los trabajadores de la obra, me comentó de un lugar tranquilo muy cercano donde no tendría problemas.    

Nuevamente el cielo cambio y la noche vino con lluvia. Parece una lotería esto del clima en esta área. Puede que a las 4 de la mañana esten las estrellas visibles y el cielo despejado y en cuestión de un par de horas se ponga a llover.

Otra vez un par de kilos de mas en mi equipaje, representado en toda el agua que mi carpa y el resto de equipo acumulan con la lluvia y retomar una de las jornadas con mayores incertidumbres en todo mi recorrido. Resulta que la ruta más directa a la costa me obligaba a tomar una ruta un poco desolada y con un paso de montaña famoso por las nevadas y vientos fuertes. Inclusive todo al que le contaba para donde iba me sacaba a colación el tema de una muerte el año pasado de una persona que se estravió en medio de una nevada y además, para completar, los pronósticos de clima no eran los mejores para mí.

Con esta ayuda motivacional de toda la gente encaraba la ruta. Primero fue un sube y baja siguiendo el río Rogue, el cual es muy famoso por las travesías de canotaje que se pueden realizar en sus aguas. Hasta llegar al parador de Galice todo fue muy agradable: el paisaje boscoso, el tráfico leve e incluso el sol había salido. Sin embargo antes de encarar la subida quise averiguar cual era el pronóstico del clima para la zona. Mi sorpresa fue mayor cuando ahora el pronóstico era de fuerte nevada.

Por último, para completar el aura alrededor de esta ruta, a entrada de la misma un gran cartel rojo con letras amarillas advertia de lo remoto de la ruta y de la posibilidad de morir en ella. Ya me parecía exagerado el repertorio de advertencias que me sucedían una tras otra.

Ya no podía hacer nada. Mi idea era ascender lo más posible esperando que no se cumpliera del todo el pronóstico y bajar mañana tempranito.

Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho y mas cuando eran 25 km de subida ascendiendo de 100 a 1500 metros de altitud. Muchos tramos eran paradísimos y tenía que subir a 5 km por hora. Al final con el cuerpo realmente cansado y con las nubes grises que se venían con llovizna, me toco buscar rapidito un lugar para colocar la carpa. Solo tuve tiempo de armarla, antes que se viniera el temporal. Viento y frío nuevamente que hizo imposible cocinar. Otra vez unos panes y lo que tenía a la mano fue mi cena.

De vez en cuando sacaba la cabeza para ver como progresaba la tormenta y en ocasiones no tenía visibilidad. Lluvia y niebla densa habian cubierto la montaña y todavía me faltaban 8 km de ascenso para empezar mi acercamiento definitivo al mar. Estaba tan cerca de ver el mar, pero a la vez tenía frente a mi un reto bastante complicado por resolver.

Cuando me desperté el sonido sobre mi carpa era diferente. No eran gotas sobre mi carpa, era algo peor, copos de nieve cayendo, afortunadamente todavía no con mucha intensidad.

Definitivamente no quería estar allí. Sin desayuno y con un frío que insensibilizaba pies y manos, acomodé el equipaje en mi compañera Monarca y empecé el tramo más complicado que he tenido en mi viaje.

Al comienzo los copos de nieve se derretían al tocar el pavimento, pero entre más ascendía, aumentaba la nevada y la capa de nieve estaba cubriendo árboles, plantas y la carretera empezaba a acumularla. Esta es una vía poco transitada y solo algunas carabanas de 4 x 4 que trabajan con el tema del canotaje y que conocen bien la zona eran los que la cruzaban con estas condiciones. Ya habían pasado algunas de ellas por lo cual en la parte más espesa de la nieve me habian abierto 2 surcos por donde todavía podía andar con mucho cuidado. Sin embargo si tocaba la nieve e incluso en algunos sectores que se había formado hielo era muy fácil resbalar y caer. De por si a 5 km por hora, que era mi velocidad promedio, tuve 3 caidas y la adrenalina creo que me estaba dando las fuerzas para subir con toda la fuerza que podía, sin pensar en el frío o el hambre. Era un paisaje increible pero bajo las condiciones que tenía practicamente ni fotos tomé. No sabía que hacer con la bajada, pues era casi imposible para mi Monarca sostenerse en la nieve. Definitivamente no es su terreno.

El viento arreciaba y el frío también, por lo cual de forma sensata la idea era que si pasaba algún auto pedirle que me ayudara. Ya muy cerca de la cima por fin a la distancia escuché el ruido de los motores de un grupo de vehículos. Les hice la parada y a pesar de mi situación ninguno paró. Ese hecho me desalentó bastante. No sabía que situación necesitaban ver para ayudar a alguien. Poco a poco y en medio de lo que ya era una tormenta llegué al tope de la montaña. Allí uno de las camionetas me estaba esperando. Robert, su conductor me dijo que no estaban autorizados a recoger a nadie pero que realmente mi caso era algo especial.

Muy lentamente empezamos a bajar. Era increible la sensación que tenía al ver como la tormenta pegaba con fuerza sobre el panorámico del carro. Le tocaba bajar muy lentamente pues en algunos tramos se sentía que alcanzaba a deslizar. Ya casi no había huella y la nieve siguió cayendo hasta una altura de 750 metros. Nunca me imaginé que tan cerca de la costa, a tan poca altura y todavía en otoño se presentara una nevada como estas.

Cuando me dejó luego de ayudarme con los 20 km de descenso, sentí que las fuerzas se me habían ido. No había comido en muchas horas y el esfuerzo habia sido fuerte. Seguía la lluvia y lentamente retomé mi pedaleada.

Lo peor de todo es que el camino no era plano como me habían dicho. Volvia a subir por unos 3 km para luego bajar rapidamente. Otro par de ascensos fuertes y ya sin ganas de pedalear lo único que quería era encontrar un sitio para acampar. Afortunadamente por fin apareció el tan anhelado camping. Ya había dejado de llover y hasta el sol empezó a asomarse. Antes de armar carpa u otra actividad saque la estufa y me preparé un buen almuerzo. Ya que no era muy tarde tuve tiempo de tomar las cosas con calma, disfrutar del paisaje y descansar de este día intenso. Sólo 16 km me separaban de "Golden Beach” donde estaba a punto de cumplir con otra etapa de mi recorrido por Norte América. Claro que mi destino era el camping de Harris Beach donde esperaba encontrarme con mi amigo Damián para retomar con el Sudaca Team y recorrer las costas de California juntos.

Con un día despejado y un poco frío inicié mi acercamiento a la costa. Ver el mar era una gran alegría para mi y tocar sus aguas fue una fuente de revitalización en mi viaje.

Con todo el entusiamo que me daba el ver este nuevo escenario, tener un día soleado y el viento a mis espaldas emprendí este primer tramo de mi ruta del Pacífico.

Una ruta con mucho para ver. Es una costa bastante montañosa por lo cual el sube y baja es constante. El mar ha forjado en mucho tiempo esculturas en las rocas, por lo cual este recorrido se convierte es una sucesión de paradas para contemplarlas. Arcos, puentes, pequeños islotes con formas caprichosas, van apareciendo uno tras otro lo que hizo que mi recorrido corto en distancia se hiciera largo en tiempo. El bosque que en ocasiones llegaba hasta el mar completaba este escenario único.

Al fin el tan anhelado camping aparecía. Armar la carpa, tomar una ducha relajante después de tantos días sin sentirla y hechar todo a la lavadora fueron los primeros pasos. Al final el poder disfrutar del espectáculo que el sol brindó en su momento de decirnos hasta mañana, fue el postre de mi primer día de mar.

Granjas, desiertos, montañas, mucha lluvia, algo de nieve y mucho frio y ahora un atardecer sentado en la arena de una playa  con formaciones rocosas saliendo por doquier, sellaron una de las etapas más intensas y de mayores contrastes que he tenido en mi viaje.

Dedicado a mis amigos Liliana y Lou Greenwald: Durante mi paso por Oregón recibí una noticia triste que me dejó pensativo y con una sensación de vacío. Espero que desde la distancia hayan sentido mi compañía.

Agradecimientos:

·         Bud y Marie por su hospitalidad muy cerca a Burns. Me brindaron mucho más que la comida y el lugar donde acampar. Me brindaron su confianza y sus anécdotas de vida.

·         A Charles por acercarme a Christmas valley cuando me vió en medio del frío y el agua en medio de la nada.

·         A mi compatriota Marisol y su esposo Armin por invitarme a desayunar y calentarme en su casa rodante saliendo de Crater Lake.

·         Samuel por parar en la ruta y llenar mi termo de café, mis alforjas con frutos secos y mi espíritu de esperanza.

·         Christian por indicarme donde acampar en el poblado de Rogue River, además de su buena energía.

·         Eric Dickerson de la tienda de bicicletas Don's Bike Center en Grants Pass por su ayuda y quedar pendiente de mi paso hacia la costa.

·         A Robert por haber parado y por ayudarme con el tramo de descenso en medio de la nevada rumbo a Agness.

Datos de interés:

·         11 dias y medio de recorrido

·         870 km pedaleados aproximadamente.

 

Bosques, desiertos y cultivos: Mi paso por IDAHO (del 14 al 24 de septiembre)

El primer problema a resolver saliendo de Grand Teton National Park, era ver donde pasaría mi noche. Definitivamente Jackson, al ser muy turístico, era muy costoso y de poco agrado para el ritmo tranquilo que traía. Viendo el mapa aparecía Wilson como una buena opción y estaba cerca. Lo que no me podía imaginar era que al estar a escasos 500 mt de allí sentí algo raro en la rueda trasera de mi querida Monarca. Bajé a revisarla y la sorpresa fue mayúscula cuando ví que el aro estaba roto de forma tal que no se podía arreglar. Que hacer?, A dónde ir? A quién recurrir?. Estaba tarde y por ese día era casi imposible hacer algo.

Esperando encontrar por lo menos un lugar donde poner la carpa llegué a Wilson y lo primero que encontré es un tienda de bicicletas. No lo dudé y entre a comentar mi situación. Afortunadamente me recibió Andy, su propietario, quien al ver mi problema me tranquilizó, me invitó a una cerveza y un sandwich y a los 20 minutos tenía una rueda entera prácticamente nueva. Me la dejó realmente regalada y cuando me disponía a pagar resultó que otros clientes que estaban allí se habían enterado de mi viaje y aparte que me pagaron la rueda me ayudaron con algo más. Ahora resulté con más de lo que tenía. Y para completar este giro de 180 grados a mi problema, Andy terminó invitándome a quedarme en su casa.

Realmente me parecía increíble como había pasado de una situación a la otra. Esa noche fuimos a cenar con Andy, su esposa Kichan, Todd y su novia. Me llené de carne hasta que no pude más.

Al final los planes cambiaron. Ya no salía al siguiente día y mas bien ibamos a montar en bici por unos senderos de montaña que tiene Wilson. Andy me facilitó otra bicicleta doble suspensión ya que Monarca, mi bici, pasaba a un mantenimiento general.

Las rutas que me tenían preparado fueron realmente espectaculares pero de bastante cuidado, tanto que Jhony (otro nuevo amigo) tuvo una caída que al final le costo como 15 puntos de sutura en su pierna. Le quedó un recuerdo de por vida de esta salida.

Cuando retornamos mi sorpresa fue mayor al darme cuenta que no solo le hicieron mantenimiento a mi bici, sino que le cambiaron todo el kit de arrastre (Pacha, cadena y triplatos). Realmente que más podía pedir. Wilson Backcountry Sports (http://www.wilsonbackcountry.com/) se convirtió en mi nuevo patrocinador en esta parte del camino.

Antes de mi partida pude disfrutar de una cena entre buenos amigos en casa de Andy y Kichan, lo que cerró 2 días mágicos.

Salía con mi bici como nueva, recargado con la buena energía de Wilson, con nuevos amigos y con mayor confianza de que hasta la situación más complicada puede terminar en todo lo opuesto.

Antes de salir de Wyoming tenía que sortear una buena subida de unos 10 km con una pendiente del 10% en casi todo su trayecto. Dejaba el valle del río Snake, el cual cruzaría más adelante en otras oportunidades.

Me acompañó un bonito día para el cambio de estado; pasaba de Wyoming a Idaho en medio de una hermosa reserva forestal.

Bajando de la montaña  nuevamente el paisaje cambió. Ahora trasegaba por un espacio  más árido y plano donde las largas rectas hacían un poco más monótono el paso del tiempo.

Algo curioso me pasó en la ruta para ese primer día de mi salida de Wilson. Me encontré 2 teléfonos celulares en dos sitios diferentes al costado de la carretera y estaban funcionando. Buscando entre los numeros intenté llamar al que aparecía como "home". Al final pude comunicarme y resultó que los 2 celulares eran de la misma persona, Clarice. Le di las indicaciones de donde estaba armando mi campamento y ella pasó a recogerlos un poco más tarde. Al final en agradecimiento me trajó un delicioso y grande Sandwich, torta y refresco. Esa noche no tuve que cocinar.

Al día siguiente pasé por la ciudad de Idaho Falls realmente rápido. No había mucho que me distrajera para quedarme.

Saliendo de allí entraba a una zona más desértica, con muy pocas granjas y donde el viento me hizo avanzar lentamente. Por ello tuve que parar en la última granja que encontré y ubicar mi carpa en medio de las bodegas que tenían listas para la cosecha de papa que se avecinaba.

Lo que seguía era un desierto donde están ubicados algunos laboratorios energéticos, incluyendo una planta de energía nuclear. Justamente por ello el siguiente poblado, Arco, fue el primero en el mundo en el que su electricidad fue abastecida gracias a la energía atómica.

Siempre la hora de buscar donde quedarme es un poco complicada. Existe incertidumbre sobre la facilidad de hallar un lugar apropiado, pero a la vez casi siempre es la oportunidad de conocer a alguien especial y aprender un poco de la idiosincracia de la gente local. Fue así como en Arco me pude quedar en el bello jardín de Mary y Brooks. Este último es veterano de la segunda guerra mundial y ahora dedicado al negocio de la papa y en sus momentos libres junto con su esposa a mantener el jardín mas bello que he visto en mi paso por esta región de los Estados Unidos.

El clima cambió y el agua en mi camino regresaba. Pasaba por el monumento nacional "Craters of the Moon".  No podía dejarlo pasar a pesar de la lluvia. Entré y caminé un poco por lo que en un momento fue lava en movimiento. Sus formas caprichosas y lo impactante de su paisaje mostraban lo poderoso que puede llegar a ser los eventos naturales.

Llegué a Carey y nuevamente los cultivos de trigo, papa, alfalfa o pastura preparando la venida del invierno, fueron los predominantes en el paisaje. En general se ve como aprovechan cada valle que se tiene para cultivar, claro que a diferencia de Sur América, todo aca es tecnificado, con uso intensivo de agroquímicos, fertilizantes y maquinaria que nunca me imaginé que existiera. Prácticamente hay una máquina para cada labor que se requiera.

Gracias a Andy, mi salvador de Wilson, tenía un contacto en Bellevue. Llegué temprano y pude descansar gran parte del día. Brian y su novia Lara, fueron mis anfitriones. Fuimos esa noche a cenar a la casa de Suzane y Blair. Ya con con energías recargadas afrontaba lo que sería nuevos sectores de montaña, pocos poblados y tal vez muchos días sin un real descanso.

La salida de Bellevue fue con un cielo sin una sola nube. Tenía primero que superar el "Galena Summit" que me llevó nuevamente a 2650 msnm. Aunque ya era un poco tarde quería llegar hasta el lago "Redfish". Todos me lo habían recomendado. Afortunadamente una suave pendiente a mi favor y un viento que me empujaba hicieron estos últimos kilómetros muy rápidos. Al final un día con casi 130 km pero lleno de contrastes y de escenarios únicos. El lago "Redfish" es realmente  espectacular. Su color aguamarina y el telón de fondo que crean sus picos rocosos y sus bosques cerrados, invitan a contemplarlo lentamente. Sin embargo el precio del camping desmotiva bastante. Por aca no existe la tarifa preferencial para ciclistas.

Ya me estaba resignando a tener que pagar los 17 dólares del camping, cuando me informaron de otro a las afueras del lago que era gratis. No lo pense dos veces y me fui para allí. Tenía lo necesario y aunque no estaba el lago al lado, el paisaje también era muy bello.

Lo que no fue bello fue el clima al día siguiente. Fue increible ver el cambio. Me fui a acostar con un cielo sin una sola nube y me levantaba con lloviznas y el cielo totalmente gris.

Inicie mi pedaleada y se intensificó la lluvia. Me faltaba atravesar el paso "Banner" el cual afortunadamente no fue tan complicado a pesar del frío reinante. Seguía una bajada prolongada que no pude disfrutar realmente. El frio, la lluvia y ahora la falta de movimiento, hacían que mis manos y mis piernas no tuvieran sensibilidad. Fui encontrando muchos sitios de camping primitivo dentro de la reserva forestal de Boise, pero siempre quería avanzar un poco más. No se si sería un sexto sentido pero afortunadamente lo hice, hasta que apareció el sitio perfecto para terminar mi día. Un camping con aguas termales. No lo podía creer. Me puse la pantaloneta y estuve disfrutando de su calor por más de una hora. Reconfortado por esa dosis de calor y relajado completamente, pude terminar con el resto de mi rutina: armar la carpa, preparar comida, leer y escribir.

Parecia que el cielo se estaba despejando y que tendría mejor clima. Ya he aprendido a no confiar en mis pronósticos de fin de día y ese día si que lo corroboré. Fue la peor tormenta que he tenido en el viaje. La lluvia y el viento deshojaron el árbol vecino, los relámpagos y los truenos no me dejaron dormir, parecia que estuviera en una discoteca con luces parpadeantes cada instante. Afortunadamete la carpa no presentó problemas y vino la calma ya hacia las 3 de la madrugada.

Bien de mañana, ya sin lluvia, me di otro relajante baño caliente en las termales. Pude ver como el día se aclaraba lentamente dentro de un delicioso pozo de agua caliente.

Continue bajando en medio de la reserva forestal de Boise con el cielo gris, algunas lloviznas y un paisaje de montaña muy bello. El camino siguió muy escénico hasta Horseshoe. Allí nuevamente la sensación de estar rodando por un desierto era el predominante. Seguía pedaleando junto al río Payette y este más adelante nuevamente me llevó a uno de los sectores con mayor producción agrícola que he visto. Ahora era la cebolla la que estaba en cosecha. Pasando el río Snake (el mismo que tenía a mi salida del parque Grand Teton) entraba a Oregon y a otra etapa en mi viaje hacia la costa de los Estados Unidos.

En general mi paso por Idaho fue por uno de los sectores menos usados por los ciclistas viajeros en su ruta hacia el sur. Por tal motivo pocos campings, pocas ciudades, muchos bosques y una sensación agradable al encontrar receptividad entre la gente con relación a mi viaje en bicicleta. Ya pude sentir lo que es el paso por pequeños desiertos y también he empezado a sentir en la montaña como el clima cambia rápidamente y el frío propio del otoño está entrando con más fuerza. También fue bastante interesante ver toda la forma de producción agrícola  intensiva y de alta tecnología que utilizan para transformar estos desiertos en una despensa alimenticia gigante. Visto desde una perspectiva sudamericana, estos terrenos serían solo desiertos con muy poca posibilidad de productividad. Claro que el costo económico para conseguirlo está por fuera de las posibilidades de nuestros queridos países del sur.

Justamente estas grandes diferencia económicas y sociales, hacen que cada vez más mis pensamientos divaguen, analicen y cuestionen los sistemas económicos que siguen manteniendo este desequilibrio. Se ve tan complicado, pero deben existir caminos para que exista menos pobreza en nuestro adolorido, pero querido tercer mundo.

Agradecimientos especiales:

·         Andy y Kichan Olpin y su tienda Wilson BC Sports por resolver mi problema con mi rueda y convertirlo en dos días realmente agradables. Espero algún día volver y recorrer con ellos el Cañon del río Colorado en bote. Si alguna vez quieren rodar por las rutas espectaculares de este lugar o esquiar, no duden en ir a Wilson.

·         Todd, Jimy y Jhony por su amistad y compañía en bicicleta por los caminos de Wilson. Espero que la herida de Jhony ya esté curada.

·         A Mary y Brooks por permitirme colocar mi carpa en su bello jardín en Arco.

·         A Sharon Purdy en Picabo por indicarme un buen sitio para ubicar mi tienda.

·         A Lara y Brian Williams en Bellevue por alojarme en su casa y patrocinarme mis nuevos guantes y la campanita para mi bici.

·         A Suzana y Blair por la deliciosa cena en Carey.

 

RECORRIENDO EL PARQUE MAS ANTIGUO DEL PLANETA (Septiembre 8 al 14 de 2007)

Un vistazo de los Parques Nacionales Yellowstone y Grand Teton.

Salía de Bozeman y empezaba a sentir que me acercaba a Yellowstone. Primero fue necesario seguir por la Interesatal 90 acompañado siempre por frío, algo de lluvia y una buena subida que era necesario sortear. El clima no presagiaba nada bueno, sin embargo al tomar la nueva vía en Livingston e ir siguiendo el valle del río Yellowstone, las cosas cambiaron radicalmente: viento a favor, cielo despejado y una carretera que subía tan leve que no desgastaba las piernas.

Al final del día tuve un campamento al lado de la carretera, en medio del cañón del río Yellowsone que hizo que la oscuridad llegara un poco mas pronto de lo esperado. Esa noche aunque empezó despejada se fue tornando nublada, adicionalmente en un momento alcancé a sentir bastante temor al escuchar a un animal husmeando alrededor de mi carpa. No me atreví a abrirla, pero como pudo haber sido un coyote, también pudo haber sido un oso.

El día de mi entrada al parque el cielo quería llorar. Nubes grises por todas partes que dejaban caer agua intermitentemente. El camino me llevó esquivando los fuertes aguaceros y afortunadamente apenas llegué a Gardiner con una pequeña llovizna a cuestas.

Una agradable sorpresa tuve al entrar al parque, pues pude darme cuenta que Estados Unidos tiene precios diferenciales en sus entradas y campings oficiales para los ciclistas y caminantes, a diferencia de Canada. Inicié el camino con más lloviznas y por fin pasaba el meridiano 45 de latitud norte. Estaba a medio camino entre el Ecuador y el polo norte.

Muy cerca, se encontraba una fuente de aguas termales. No podía dejar pasar esta oportunidad y con todo y mi pantaloneta de montar en bici me metí y estuve allí como media hora.

Tenía que continuar, mas cuando la carretera no hacia sino subir y me faltaban bastantes kilómetros para el camping.

Las carreteras en Yellowstone forman una especie de número 8, por lo cual es necesario escoger una ruta, mas si viajas en bicicleta. Iniciando en el norte yo decidí bajar por el este y luego en la parte sur tomar el costado oeste. Era más dura que otras rutas pero era la más escenica.

Por la entrada norte el primer punto de interés es el sector de Mammoth Hot Springs. Me soprendió en primera instancia ver todo un gran grupo de Elks (grandes venados) ubicados en los lugares más céntricos del poblado.

En este lugar se levanta cual pirámide, todo un sistema de terrazas de carbonato de calcio que las aguas termales han formado durante mas de 500 años. Colores y formas espectaculares no dejan que pares de admirar su belleza. Sin embargo yo tenía presupuestado llegar al siguiente campamento, por lo cual a eso de las 3:30pm seguí mi camino.

Saliendo de Mammoth hot Springs ya pasaba los 2000 msnm y el paisaje dejaba ver más llanuras que bosques. En el camino ya pude ver coyotes y el primer bizonte, que para mi es muy característico de Yellowstone. El cielo seguía nublado y antes de coronar mi día sin lluvia la suerte no me acompañó y se desató un fuerte temporal que empezó con una especie de nieve y luego un fuerte aguacero.     

Empapado y helado llegué a buscar mi lugar en el camping de Tower falls. El día se me acababa por lo cual solo pude cocinar algo e irme a dormir.

Primera mañana que me toca con temperaturas bajo cero. Que difícil resulta iniciar el día.

Antes de emprender la subida que me tocaba para mi segundo día, le eché un vistazo a las cascadas que le dan nombre a este lugar. Increíbles formaciones geológicas acompañan la caída de un arroyo en su búsqueda del río Yellowstone.

Me esperaban 16 km de subida y 700 metros de desnivel hasta el paso Dunraven (2712 msnm). Me acompañó un día espectacular con cielo totalmente despejado.  Lentamente y disfrutando del escenario fui subiendo. Algunos sectores dejaban ver los resultados del gran incendio que debastó grandes áreas del parque en 1988 pero que también abren espacios para que pasten otros animales como el Bighorn Sheep, y los bizontes que también pude contemplar. Por fin había coronado el que es hasta hoy el paso más alto de mi viaje. 

Del otro lado de la montaña el paisaje cambió bastante. Ahora eran bosques cerrados los que tenía a ambos lados de la vía. Rapidito llegué a Canyon Village y a otro de los emblemas de Yellowstone: sus grandes cascadas.        

Como casi 4 horas me tomo recorrer la mayor parte de sus senderos buscando verlas desde todos los ángulos posibles.

La primera que ví fue la cascada superior (upper falls) con sus 33 metros de altura y rodeada de bosque. Hermosa! Sin embargo la que más impresiona es la cascada inferior (Lower falls) con sus casi 100 metros, rompe ese manto verde que la precede y cae en el cañón del río Yellostone que se abre con innumerables tonos de amarillo que son un placer para los sentidos.  Existen varios puntos para observarlas y algunos se acceden por caminos especiales, incluyendo algunos de muchas escaleras.

Me demoré más de lo esperado pero el sitio lo ameritaba. Ahora necesitaba hacer unos 25 kms más para llegar a mi sitio de camping. Estaba un poco tarde pero me sentía pleno por tener la posibilidad de contemplar estos lugares únicos y todos de la forma más ecológica posible. Ahora era el turno de los Geysers, aguas termales y piscinas de colores.

Antes de llegar al campamento Norris, pude darme cuenta que el primer campo de Geysers estaba muy cerca. Tomé la decisión de aprovechar una horita de luz que tenía y me fuí a caminar un poco por el lugar.

Fumarolas que salen por todas partes, pozos de colores especiales donde predominan el aguamarina con tonos naranja, geysers que revientan como si quisieran tocar el cielo, pozos burbujeantes, en fin muchas manifestaciones del poder que está debajo de nuestros pies. En este lugar se encuentra el geyser que hasta hoy ha tenido la más alta emanación en el mundo; se trata del geyser Steamboat. Ahora emana pero de forma discreta.

Nuevamente tarde para acampar, cocinando con linterna pero con una noche increible.  Lo malo fue que el frío también llegó rápido y con la oscuridad de la noche y el silencio del lugar se dejaban sentir muchos ruidos de animales tal vez más cerca de lo esperado. Elks, aullidos de coyotes o lobos y el que me hizo entrar en la carpa rapidito fue la zambullida de algo grande en el arroyo cercano. Hubiera querido disfrutar un poco más de esa noche espectacular que me dejó ver varias estrellas fugaces.

El siguiente día sería corto pues tenía 2 opciones: un campamento cercano o uno demasiado lejano para parar y contemplar las maravillas del parque. Naturalmente escogí hacer pocos kilómetros.

Otra noche que bajó de cero, pero que en la mañana tomé con calma ya que era una jornada corta. Como el campo de Geysers Norris no lo había alcanzado a recorrer completamente, volví a él para terminar de conocerlo.

Otras pequeñas emanaciones y la cascada Gibbon hicieron parte de la jornada. Como llegué temprano al campamento Madison pude darme un baño en el río, lavar la ropa, escribir un poco y caminar para degustar el paisaje de los alrededores

Al siguiente día mi destino era visitar el famoso "Old Faithful" el geyser más famoso del parque que cada 90 minutos aproximadamente hace su aparición. Sin embargo quedaban otros tesoros por conocer.  Estaba el Lower Geyser Basin, el Midway Geyser Basin con su espectacular pozo multicolor "Grand Prismatic Spring", el Upper Geyser Basin, el Black Sand Basin y ya muy cercano al Old Faithul pude contemplar otro par de hermosos geysers como fueron el Daysi y el Riverside.

Al final pude ver en dos ocasiones la erupción del gran Old Faithful que se levanta imponente unos 25 metros o un poco más.

Lástima que este lugar no tenga camping y es necesario partir. Otra vez a las 4 estaba iniciando mis ultimos kilómetros pero a los que se interponían 2 elevados pasos de la divisoria de aguas. Nuevamente un paso de 2518 metros y otro que me llevó nuevamente a la altura de mi ciudad natal, a 2600 msnm.

En la bajada pude tener un vistazo rápido del gran Lago de Yellowstone, pero la noche llegaba por lo cual no dió tiempo para recorrer parte de su rivera. Ahora era el camping de Grant Village el que me esperaba y ya era la antesala de mi salida del Parque.

Para salir de Yellowstone nuevamente tendría que cruzar la divisoria de aguas (por última vez), claro que resulto un paso muy suave y sin complicaciones. A partir de la salida de Yellowstone entraba primero a la vía en memoria de “John D Rockefeller Jr.", para luego tomar el descenso al lago Jakson que sería mi compañero en la mitad del recorrido por el Parque Nacional Grand Teton.

Lo impresionante de este parque son las grandes moles montañosas que emergen del valle del río "Snake". Algunos lagos de colores mágicos complementan el escenario.

El primer día en el parque sin embargo la vista de las montañas estuvo diluida por humo y bruma que no dejaban sentir los colores a plenitud. Sin emabargo el atardecer fue tornando en naranja el cielo y esto generó un espectacular escenario.

Grand Teton es un parque más pequeño, y si no piensas realizar caminatas o remar en sus lagos, lo puedes cruzar en un día o dos.

Ya me enrumbaba hacia la salida del parque, pero el clima que empezó malo fue cambiando súbitamente dejando ver en toda su majestuosidad estas moles. El acercarme al lago String y luego al lago Jenny completaron el paisaje para una visión de postal.

La última parte del parque se hace entre planicies donde a cada momento se ve más lejos la cadena montañosa.

Salía del parque y con ello de la seguridad de campings económicos y de tener un itinerario para cada día. Ahora volvía a la incertidumbre de mi fin de jornada, otra vez el bullicio de los poblados y el tráfico más peligroso de las autopistas. Pero esto también es parte del viaje y en ocasiones es el que le da ese picante y sabor al mismo.

Datos especiales:

·         Costo de entrada a los 2 parques: $12 dolares para ciclistas.

·         Campings:  de $ 5 a 6,35 dolares

·         Dentro del parque hay varios puntos para comprar alimentos pero más costosos que afuera.

·         kilómetros recorridos en los dos parques Aproximadamente 350 en 6 días.

·         Entre el campamento Madison y el campamento Grand Village complete mis 5000 kilómetros de recorrído.

Agradecimientos especiales:

·         Paul y Liz Rasmussen quienes me invitaron a desayunar en el restaurante en el campamento de Signal Mountain en Grand Teton.

·         Chris O'connor lo conocí a orillas del lago Jackson y me obsequió lo de mi próximo aprovicionamiento.

·         Los oficiales de estos 2 parques que siempre me colaboraron ante cualquier inquietud.

 

Primeros dias en Estados Unidos (del 27 de agosto al 8 de septiembre)

Cuando se permanece un buen tiempo en un país amable como Canadá, es difícil desprenderse de él y mas cuando se está a punto de entrar a un país tan contradictorio como es los Estados Unidos. Sin embargo esas contradicciones estaban solo en lo escuchado y leído en periódicos y noticias, pero no realmente en lo vivido.

Me tranquilizaba saber que lo iba a hacer por una zona de montaña, con poblados pequeños y de seguro, gente cálida y amable.

Y no me equivoqué. En el mismo  trámite de inmigración me encontré con agentes muy amables y fue muy rápido. Yo ya me estaba preparando para un gran interrogatorio, cuando con pocas preguntas pasaron mas bien a ofrecerme agua y hasta me dieron el mapa que necesitaba para mi primera parte del recorrido. Ese día y un poco más adelante, estaba llegando al acumulado de 4000 kilómetros de recorrido.

Entraba por Montana, un estado que tiene fama de tener gente ruda acostumbrada al intenso trabajo de campo. Y hay mucho trabajo, pues apenas bajé de los bosques, un terreno árido y mucho viento fue predominando en el paisaje, lo que implica mucha dedicación (y recursos) para volver estas tierras productivas.

Mi primer decisión era si iba a entrar al parque Nacional de los Glaciares. Esto me complicaba la ruta pues me desviaba bastante; sin embargo esperé a estar en la entrada para tomar esa decisión. Realmente cuando llegué alli, fue el clima el que decidió por mí, pues el cielo gris y el pronóstico de lluvia para la ruta dentro del Parque me desanimaron.

Mis campamentos los seguia buscando entre las áreas de descanso y parques provinciales. Asi fue como tuve un atardecer espectacular en el lago Freezout a las afueras de Fairfield.

Pero como el viaje es de sorpresas, justamente al día siguiente al encontrarme en Fairfield averiguando como podría cargarle minutos al celular, apareció Martin. Me preguntó sobre el tiempo que llevaba sin una buena ducha y dormir bajo un techo. Largo tiempo atrás le respondí y el me dijo que esta noche podría estar más tranquilo. Me llevó a su casa y me dejó a mis anchas pues el tenía que seguir trabajando.

Gran persona Martin, con sus gustos por la guitarra, la bicicleta y la caza. Claro que este último no lo comparto para nada.

Como se acercaba un festivo importante (el dia del trabajo), Martín ya tenía planeado con mucha anticipación ir a darle toda la vuelta en bicicleta al lago Koocanusa, al norte muy cerca de la frontera con Canada. Me invitó a acompañarlo y luego de meditarlo no mucho tiempo, decidí ir. Era conocer otro sector de Montana y una ruta que estuve tentado a hacer para entrar a los Estados Unidos.

Asi fue que empacamos comida, las bicis, un par de guitarras y retomamos camino ahora para el noroeste. Ver pasar los kilómetros tan aprisa, hacia que valorara mi lento andar que me permite masticar muy lentamente cada escenario de mi recorrido.

Luego de varias horas e incluso de tomarme un chocolatico Colombiano donde una compatriota amiga de Martín, por fin llegamos a Yack, donde Martin y su esposa tienen su refugio de montaña.

Nos esperaba "Miles Friend" un amigo de Martín que nos acompañaría al siguiente día al recorrido y quien también es amante de la guitarra. Esa noche entre música y preparar la cena se hizo tarde para descansar.

138 kilómetros nos esperaban al siguiente día. El clima no pudo ser mejor y el paisaje cambiante del lago era el premio de cada pedalazo. Por fin el reto estaba cumplido y un buen descanso al son de más música de cuerda le daban un carácter especial al momento y al lugar.

El siguiente día fue de mas sorpresas. Martin en sus años juveniles habia escalado mucho y cerca al lago Koocanusa hay un excelente lugar para practicar este deporte Yo algo he intentado al respecto, por lo cual fuimos y pude realizar dos rutas relativamente fáciles pero que las sude bastante para completarlas. El día terminó con una caminata de unas dos horas y media entre ida y vuelta nuevamente hasta la frontera con Canada. Un pequeño obelisco en medio del bosque denota este punto geográfico. Pude cruzar la frontera sin ningún control de inmigración.

Regresabamos a Fairfield, yo tenía que apurarle pues fueron casi 5 días de vacaciones. Disfrute mucho con la compañía de Martin y creo que juntos mejoramos nuestro inglés y español respectivamente.

Antes de salir Jane, la esposa de Martín, preparó unos ricos panes que junto con más detalles y comida, llenaron mis alforjas nuevamente. Claro que el principal cargamento que llevaba era la amistad de esta bonita pareja.

Caminos ondulantes en medio de campos amarillos fue la constante del día. También mucho humo en el ambiente producto de varios incendios forestales que ya pasaron del mes sin poderlos controlar.

Ahora continuaba por un camino de menor atractivo visual y que tendría que realizar con algunos tramos por la interestatal. Andar por esta vía es más complicado, pues se dificulta parar, encontrar un lugar para descansar o simplemente disfrutar del escenario. Quería salir rápido de la interestatal 15 y por ello preferí no entrar a Helena.

Continuó un camino ondulante en medio de campos de labranza. Está terminando la época del trigo y la cebada y está entrando el de la papa. Por ello los campos se ven amarillos y las pacas del sobrante del trigo, ya sea en cubos o rollos gigantes es la característica del paisaje.

Mi camino al sur cambió ahora para el oriente. Nuevamente otra interestatal, la 90, fue mi guía afortunadamente por pocos kilómetros. Seguí por una vía paralela mas tranquila que me permitía disfrutar mas del paisaje y de los pequeños poblados que aparecían poco a poco.

Bozeman se veía venir y la incertidumbre sobre donde pasaría la noche me llevó a pedir el permiso de colocar mi carpa en alguna casa al lado de la carretera. Definitivamente no puedo tener algun reparo cuando he necesitado ayuda, pues siempre me la han brindado. Por ejemplo esa noche aparte del sitio para acampar, me invitaron a comer y me ofrecieron el baño para tomar una ducha. Que más se puede pedir.

Mi llegada a Bozeman fue mas tranquila pues habia realizado el contacto con Silvina, chica Argentina amiga de Damián. Ella me esperaba en la universidad y luego de presentarme algunos amigos y mostrarme una parte de la universidad me llevó a su casa. Su novio nos había preparado una deliciosa comida china.

Nuevos cambios de planes, me quedaba esa noche ya que un amigo Colombiano, Andrés, estaba preparando para esa noche una pequeña fiesta con mucho sabor latino. Cómo perderme la oportunidad de bailarme una buena salsa o un merengue de esos que me recordaban las fiestas de colegio?

El caso es que con Andrés pudimos platicar bastante antes de la reunión y que rico es sentir a un colombiano en estos lugares.

Al final fuimos 6 colombianos en la fiesta, 2 españolas, un mexicano, una venezolana, una argentina, 2 Indus, una rusa y un ......

Mucha música, algo de sangría, unas buenas cervezas, mucho sabor latino y nuevos amigos fue el balance de la noche. Pensar que ni en sueños me hubiera imaginado al levantarme ese día que lo iba terminar en una fiesta colombiana.

Salir de Bozeman era sentir que estaba entrando al tan anhelado Yellowstone National Park.

Pero como es tan especial será en el próximo relato.

Agradecimientos especiales:

          A los agentes de inmigración de USA que hicieron de mi primer momento en este país una experiencia agradable.

          A Nita Matt en la parte rural de Browning por permitir colocar mi carpa en su propiedad y pasar mi primer noche en USA sin preocupación.

          Martin Felipe Sosa y su esposa Jane con quienes compartí varios días en su casa. Gracias por la invitación a recorrer el lago Koocanusa y por el deleite de la música de guitarra.

          A Adalgisa y Carlitos por la invitación a tomar un delicioso chocolate colombiano.

          En Manhattan me permitieron colocar la carpa en su casa, me invitaron a comer y a darme un baño, pero perdí el papelito donde anoté los nombres. Espero alguna vez me escriban.

          A Silvina y su novio Egis por alojarme en su casa en Bozeman.

          A todos los amigos Colombianos en especial a Andrés por invitarme a su fiesta y un saludo especial a todos los amigos que asistieron.

Saliendo de Canada (Agosto 30, 2007)

El "Sudacois team" se separaba. Damián continuaba rumbo a Vancouver, Kathy proseguía a Calgary y luego a Quebec  y yo seguia hacia el sur a buscar otros parques nacionales por las “Rockie mountains”. Rodar nuevamente solo fue bastante extraño y hasta difícil. Se recuerdan momentos vividos y hace falta con quien hablar y compartir un pensamiento o parar a tomar una foto de un lugar especial.

Al separarnos, el camino me llevó inicialmente al Parque Nacional Kootney. Nuevamente, como si el andar solo atrajera el mal clima, inicié mi rodar con una lluvia, afortunadamente  no muy fuerte. Este parque es menos vistoso que los 2 anteriores, sin demeritar su belleza, pero lo que impacta al contemplarlo es el resultado que dejó el incendio que ocurrió en el año 2003 y que quemó el 13% de su extensión. En ocasiones son procesos naturales de renovación que permiten que la vida vuelva y florezca.

Lo que no me podía perder, antes de salir de este parque, era disfrutar de sus aguas termales. Era un merecido premio a los kilómetros rodados hasta ahora.

Salir de Jasper, Banff y Kootney National Parks fue como retornar a una realidad no deseada. A pesar del turismo masivo que puede abrumar en algunos lugares, estas tres joyas naturales te absorben y transforman. Luego de recorrer sus paisajes y sentir lentamente como la Pacha Mama te envuelve, volver al bullicio de los poblados, las carreteras congestionadas, los terrenos deforestados para cultivos o ganado, fue un poco complicado. Afortunadamente salí con la idea de volver lo más rápido posible a este tipo de ambientes. Retomé energías para volver a pasar la divisoria continental de aguas y adentrarme nuevamente en otro sector natural de las “Rockie mountains”.

Ahora era turno de ir a conocer el Parque Nacional Waterton. Lo que no me imaginé era que al pasar nuevamente a Alberta, el paisaje cambiaría tan abruptamente. Dejaba atras los bosques y ahora atravesaba colinas ondulantes en medio del color dorado de pastizales secos y de cultivos de trigo. Ver un árbol ahora se convertía en una verdadera suerte.  Este sector también se caracteriza por la fuerza de sus vientos que me hicieron recordar mi recorrido patagónico. De por si, cientos de generadores heólicos adornan el horizonte, aprovechando este recurso limpio. Tuve la fortuna que la mayor parte de mi recorrido me ayudara, pero luego se convirtió en una verdadera tortura el proceso de avanzar en subida y con este enemigo invisible contra mi.

Como el viento no me dejó llegar a la entrada del parque, tuve que pedir el favor para colocar mi carpa en una granja. Grata sorpresa me llevé cuando a parte del permiso obtuve invitación a cenar, una buena ducha y al otro dia un buen desayuno. Muchas gracias a Jake y su familia.

Llegar al Parque Waterton y a su poblado fue otra de esas sorpresas no muy acordes con mi forma de pensar. El poblado que lleva el nombre del Parque y que está dentro de él, está totalmente enfocado a ese turismo de consumo que no comparto. Incluso un campo de golf hay dentro del parque. Es casi imposible desvincular todo estos aparejos y contemplar el parque con tranquilidad.

Por tal motivo solo permanecí un par de horas allí y me dirigí al campamento que se encontraba a 5 km de la frontera con USA. Fue lo opuesto a lo vivido en el parque. Creo que al final estaba yo solo allí, sintiendo la soledad, quietud y tranquilidad de estos espacios naturales.

Lo extraño fue que ese mismo silencio me trajo nostalgias y hasta sensación de vacío al sentirme tan lejos de casa.

Creo que es lo interesante de viajar así, todo se siente en magnitudes sobredimensionadas: la alegría, tristeza, nostalgia, en fin se vive con toda intensidad.

Lake Louise (Agosto 20, 2007)

Jasper National park y Banff National Park, son tal vez, los parques más representativos de Canadá y unos de los más conocidos a nivel mundial. Representan lo más significativo de las "Rockie Mountains" y sus principales poblados son las villas de Jasper en su sector norte y Banff en su sector sur. La villa de Lake Louise también es un punto central para visitar un sector de lagos alucinantes del parque Banff .

Jasper brinda opciones turísticas para todos los gustos y presupuestos. Como el nuestro es restringido esperamos que fueran los paisajes los que nos dieran el premio y nuestras piernas las que nos llevaran a ellos. Por esto en nuestro día de descanso, nuevamente nos montamos en nuestros caballitos y fuimos a visitar el "Medicine Lake" y el "Maligne Lake", dos lagos de origen glaciar con una vista única. Nuestro día de descanso se convirtió en una jornada completa con 105 km de pedaleo y unos 700 mts de ascenso.

Buscando hacerle el quite a los turistas, al llegar nos alejamos un poco más de lo habitual para encontrar  algunos rincones apartados donde pudimos disfrutar de este escenario único: Lagos de color turquesa que contrastaban con las paredes rocosas en sus costados y sus blancas cumbres en las cimas. Fue un buen regalo para un día de descanso.

El camino entre Jasper y Banff es realmente un deleite para los sentidos y más cuando el buen clima es tu compañero. Fue un recorrido de 230 kilómetros que hicimos en 4 días y medio. Tal vez se hubiera podido realizar en menos tiempo, pero nuestra intención era saborearnos cada paisaje muy lentamente.

Los primeros 100 km son siempre con tendencia a subir, ya que vamos siguiendo el curso del río Athabasca y luego el Sunwapta hasta su nacimiento en el glaciar.

Los picos nevados, algunos glaciares, cascadas que estos ríos forman cuando se encañonan, lagos por doquier y un color verde siempre presente de sus bosques,  fué el escenario por el que trascurrió nuestro pedaleo.

El llegar al centro de visitantes del Parque Jasper en su sector "Columbia Icefield”, fue un choque total frente a lo vivido anteriormente en otros parques naturales. El tratar de mantener el entorno natural de una forma pristina no parece ser el objetivo aca. Por el contrario, el explotar el parque económicamente pareciera la principal premisa. Tener un hotel lujoso en los sitios más representativos, permitir la llegada masiva de montones de turistas en sus lujosas casas rodantes, realizar excursiones al glaciar en camiones gigantes y muchas otras alternativas turísticas es lo que definitivamente predomina en el parque. Me dejó bastante sorprendido este aspecto que se repite en todos los sectores de estos "Parques Naturales".

El camino lo dicta las cuencas de los ríos y sus valles. Ahora para llegar a Lake Louise necesitabamos bajar por el cauce del río Saskatchewan, luego subir con el río Mistaya a nuestro costado hasta el paso Bow a 2070 msnm, para por último bajar siguiendo la ruta del rio Bow.

Una parada en el lago Waterfowl que incluyó un baño en sus heladas aguas, fue parte del condimento que le pusimos a la ruta. Los paisajes, adicionalmente no daban descanso a los sentidos, haciendo que paráramos infinidad de veces buscando plasmar lo observado en una fotografía.

Llegar a la villa de Lake Louise, era encontrarnos nuevamente con esa realidad turística que no nos gustaba para nada. Creo que el broche de oro de esa sobredosis comercial lo dió el Chateau que encontramos en el lago Louise. Cientos de turistas, un hotel lujoso  donde la habitación más barata estaba en 400 dolares la noche, paseos en bote, paseos a caballo. En fin, era casi imposible aislarse de todos estos artilugios para disfrutar del verdadero tesoro que lo brinda gratis el entorno natural que es único e increíble.

En definitiva un lugar único, mágico y alucinante pero que a la luz del turismo masivo de índole comercial parece que está transformando este sector en un "Parque Artificial".

pd:  Estando en medio de la multitud y el bullicio de estos  Parques, pude extrañar la soledad y quietud del Salar de Uyuni en Bolivia, el contacto e intimidad con muchos glaciares en la Patagonia Chilena y Argentina, la sencillez y buen corazón de la gente de montaña de la Cordillera Blanca del Perú y en general la magia que nuestra latinoamerica posee. En medio del tan anhelado para muchos "sueño Americano”.

Jasper National Park (Agosto 13, 2007)

Salir de Prince George, era sentir que las "Rockie Mountains" se acercaban poco a poco. El camino ondulante fue llevándonos lentamente a Damián y a mí, de un paisaje de suaves colinas a uno donde nuevamente los picos nevados y escarpadas montañas eran la constante del camino.

Saliendo de Prince George tuvimos la posibilidad de darnos un delicioso chapuzón en un río cercano, es paradógico que estando prácticamente equidistantes a la misma latitud que Usuahia en la Patagonia, el agua sea lo suficientemente tibia para poderlo hacer. En usuahia sería imposible pensar en hacer esto.

Como siempre nuestros campamentos los establecimos en las áreas de descanso que la vía tiene. Sus baños, contenedores de basura, y cercanía a algun río, los constituyen en los lugares perfectos, incluso mucho mejor que algunos camping pagos que he conocido.

Todo el recorrido lo hicimos siguiendo el valle del río Fraser. En un comienzo bordeando su valle ancho, lo que no significó un camino plano y luego a partir de Tete Jaune Cache, el río se encañona y desciende más rápidamente. La ruta se vuelve más escénica y las paradas a tomar fotos o desviarnos para conocer algún atractivo extra del camino, se hicieron más constantes.

Un punto muy especial del camino fue poder contemplar el Monte Robson, que con sus 3954 msnm, se constituye en la mayor elevación de las "Rockie Mountains" canadienses. Este sector está protegido por el parque povincial Monte Robson  y es un lugar propicio para adentrarse y conocer lagunas, glaciares y escenarios únicos de este rincón de Canadá. Nos espantó eso si, el turismo masivo que en casas rodantes, buses, autos y toda clase de medios llegaban al centro de información.

Lentamente subimos para encontrarnos con la división de provincia; entrábamos a Alberta lo que implicó un cambio de hora y a la vez la entrada a uno de los parques más famosos de Canada: "Jasper National Park".

La situación para nosotros cambiaba con la entrada al parque. Los campamentos libres se terminaban y el estar en un lugar de turismo internacional hacia que los costos se multiplicaran.

Afortunadamente Damián tenía una amiga que estaba ocupando un lugar en uno de los campings y pudimos amortizar el costo entre los tres.

El relato de lo que pude visitar en Jasper, en Baff, Yoho y Kootenay queda pendiente para un próximo envío.

Asi como la ruta va cambiando lentamente, también mi interior sufre algunos cambios y busca responderse muchas inquetudes que van apareciendo en el camino. 

El acercarme a uno de esos lugares tan anhelados como lo son los parques nacionales de las "Rockie mountains" y tener un contraste entre un escenario natural único e increíble, pero a la vez el contacto con ese turismo masivo y de alto presupuesto que convierte la experiencia de la contemplación natural en un negocio muy rentable, ha hecho que mi mente contraste constantemente esta realidad con lo visto en Suramérica y esto inevitablemente me lleva a pensar en todo el sistema económico internacional que está estructurado para que unos pocos países puedan consumir en exceso, mientras que otros de alguna manera tienen que buscar la forma de sobrevivir día a día.

En definitiva, sentir estas brechas sociales y económicas en mi diario rodar, es algo que me angustia, cuestiona y genera en mí nuevas formas de pensar mi propia realidad.

Mi querida y sufrida Suramérica con su riqueza paisajística, cultural, social y de recursos lamentablemente tiene que estar supeditada a lo que los países ricos impongan. Será este el camino que en algún momento nos saque de nuestra realidad económica?

Respuestas no tengo pero si muchos cuestionamientos y la convicción que todos tenemos que aportar para que haya un cambio. 

No podía contarles un poco lo que han sido estos días sin expresarles también estos sentimientos que hacen parte de mi visión del viaje.

Nuevamente el "Sudaca team" en la ruta.  (Prince George, 5 de agosto de 2007).

 

Con un buen abrazo de amigos por el reencuentro, nuevamente el "Sudaca Team" continuaba camino.

 

Luego de enviar unos correos desde el centro de visitantes, realizar algunas compras para la bici de Damián y despedirnos de los amigos, salimos un poco tarde de la ciudad de Smithers.

 

Nuestra siguiente meta era la ciudad de Prince George que se conoce como la capital del norte de British Columbia. Eran 400 km y nos propusimos hacerlos en 4 días, lo que implicaba ponernos juiciosos en la tarea de hacer kilómetros, sin dejar de lado nuesto buen estilo de tomar fotos y disfrutar del camino.

 

Creo que Damián trae la buena suerte con el clima, pues nuevamente nos acompañó el sol en el comienzo de nuestro recorrido.

 

La primera etapa la planificamos para el poblado de Houston a menos de 80 km. Una invitación especial en telhua de parte de Patricia para tomarnos unos buenos platos de sopa fue un buen inicio y presagio de este trayecto. Damián tenía un contacto en Houston, que aunque no se encontraba en el poblado, nos permitía poner nuestra carpa en su jardín. A pesar de la pinchada que sufrió mi querida Monarca, pudimos llegar relativamente temprano, lo que nos permitió disfrutar del atardecer mientras preparábamos la cena.

 

El día siguiente inició con un nuevo daño en mi bici. Se estalló el neumático trasero y el caucho tambió sufrio un desperfecto. Mientras realizabamos la reparación, pudimos percatarnos que un oso negro estaba atravezando la carretera a pocos metros en frente de nosotros. Realmente a pesar que ahora hemos empezado a ver más granjas, ganado y civilización, la posibilidad de un encuentro con un oso no disminuye. Este segundo dia fue caluroso y lleno de subidas y bajadas. Al final un área de descanso vial  fue nuestro sitio de camping, muy cerca de la carrilera del tren y camuflados entre los matorrales para no ser tan visibles a la gente que paraba en la ruta.

 

Definitivamente la coraza no dio más y en el tercer día se rompió. Afortunadamente Damián traía una de repuesto pues yo estaba confiado en que me durarían un poco más. Definitivamente en un viaje de este estilo, las suposiciones que se deben hacer tienen que tener una tendencia negativa, uno nunca sabe donde le pueda pasar algo. De allí en adelante comenzó un verdadero juego entre el gato y el ratón que mantuvimos con un par de tormentas los últimos 2 días antes de llegar a Prince George. Nos tocó esforzarnos mucho para que no nos alcanzara en un par de tramos y relajarnos para no alcanzarla en otros. Al final nos mojó un poco pero no en la magnitud que hubiera podido ser.

 

Llegamos a una gran ciudad que nos trajo unos especiales anfitriones. Richard y Maguie nos esperaban para atendernos y brindarnos su calor de hogar.

 

Ahora realizando las actividades que se van acumulano para estos lugares: compra de repuestos para la bici (coraza, tubo, pata para sostenerla cuando me detengo), realizar el trámite para tener un nuevo número celular para comunicarme con mi familia, hacerle un mantenimento a Monarca y alistarnos para el siguiente tramo en el que esperamos cambiar de provincia.

 

Este tramo en general se caracterizó por la desaparición del escenario de las montañas nevadas. Colinas más bajas predominaron en el paisaje que fue mezclando granjas ganaderas con bosques, que en su gran mayoría son de explotación maderera. Una plaga que se esta propagando y afectando a los pinos ha venido pintando estos bosque con tonos rojizos, lo que denotaba los lugares donde lamentablemente estos árboles están empezando a morir.

 

Ahora esperamos llegar a uno de los lugares más especiales del viaje. La entrada a las "Montañas Rocosas" y sus espectaculares paisajes. Esperemos que el clima sea benévolo para poder captar lo mejor de este escenario natural.

 

(British Columbia, Canadá, 29 de julio del 2007)

 

Ahora me encuentro en British Columbia y han pasado bastantes cosas desde el último reporte.

 

Whithehorse trajo para mi un descanso necesario. Luego de rodar por 16 dias continuos, mi cuerpo y mi mente necesitaban un respiro. Y además del descanso que hubiera podido tener en un hostal, el tener a una familia a mi lado hacian las cosas mucho más enriquecedoras y agradables. Tengo que agradecer a Chrys, Dorothy  y sus hijos por esta invitación tan especial. Estuve 3 noches compartiendo un poco de su diario vivir y conociendo un poco de la cultura e historia de esta región. Primero por algunos libros que tenian sobre todo el proceso de colonización que trajo la fiebre del oro y por otro lado la herencia que Dorothy tiene al ser su madre una mujer venida de los pueblos tradicionales. Inclusive pude degustar carne de alce y también salmón ahumado.

 

Realmente fue dura la despedida, además que era volver al camino en medio de llovizna y no buenos presagios de clima. Sin embargo ese es el destino por el que estoy trabajando y era necesario continuar.

 

El camino ondulante me llevó hasta un poblado turístico, Carcross, muy reconocido ya que desde allí se toma un tren que te lleva al poblado de Skagway en Alaska y que presenta uno de los escenarios más bonitos de la región. La carretera toma otra ruta paralela igual de impresionante que la ruta del tren.

 

 

En Carcross tuve la mayor concentración de ciclistas viajeros que he tenido en mis 2 viajes. Al mismo tiempo estaba una pareja de holandeses, dos chicas de British Columbia en Canadá y otro canadiense de Toronto. Solo este último, Mark, iba en mi misma dirección y resultamos rodando juntos. Esa noche ubicamos la carpa en la frontera entre Yukon y British Columbia cerca al lago Bennett. Como esa noche preparé unas salchichas y comímos más salmón ahumado, por sugerencia de Mark coloqué toda mi comida en una maleta y la dejamos retirada del campamento. En la mañana me despertó mi  compañero sobresaltado pues algunos ruidos afuera de su carpa le habían indicado que un oso andaba rondando. Cuando me advirtió de esa posibilidad lo que menos me iba a imaginar era que al abrir la puerta de mi carpa me iba a encontrar frente a frente con un oso negro. Realmente no supe que hacer, una sensación entre pánico, al recordar tantas historias trágicas, emoción por tener un oso tan cerca, e incredulidad. Esta última me hizo volver a abrir la puerta de mi tienda y el oso continuaba allí. Afortunadamente para mi, muy calmo y sin ademanes de atacar. Sin embargo preferí cerrar la tienda nuevamente hacer algo de ruido y esperar unos segundos. Cuando volví a abrir ya no se encontraba. Luego de lo sucedido sólo me quedó el remordimiento de no haberle tomado una foto, sin embargo creo que fue lo último que se me ocurrió en ese momento. Luego lo pude volver a ver pero ya muy retirado subiendo la montaña. Quedó el recuerdo de sus colmillos en mi maleta de comida. Afortunadamente creo que se entretuvo con la esponja con la que lavé las ollas la noche anterior.

 

Realmente cuando llegas a Alaska o Yukon existe el deseo de ver osos, pero nunca tan cerca como lo tuve yo.

 

Salimos temprano ya que el encuentro con el señor oso fue como a las 5 de la mañana y ya no pude volver a dormir. El camino te lleva poco a poco al paso blanco que es además la frontera entre Canadá y Alaska y luego se toma un descenso de casi 20 km en medio de un valle con una vista única.

 

Skagway es un poblado que en antaño era una conexión  para sacar el oro proveniente de Dawson City. Ahora la mina de oro está en la gran cantidad de cruceros que llegan con turismo de alto presupuesto. Por lo tanto, a pesar que es pequeña la ciudad, tiene una cantidad de servicios de todo tipo pero también de costos bastante elevados. Es un turismo que no es para mi gusto.

 

Con el tiquete asegurado para tomar el ferry que me devolvería a Canadá, pero ahora un poco más al sur, acampamos con Mark a las afueras de la ciudad muy cerca al río. El tomaba otra ruta y era nuestra despedida.

 

El tramo en ferry empezó con un día, aunque no pintado de azul, por lo menos apropiado para ver el escenario que se abría poco a poco al ir avanzando el barco. Algunos glaciares que bajaban hasta el mar, montañas que combinaban el verde de su tupido bosque con los pincelazos marrones y blancuzcos de sus cumbres, muchas cascadas llegando al mar y el deseo en todos de ver alguna ballena asomandose en el horizonte.

 

Todos esperabamos que el cielo se abriera y dejara disfrutar el resto del viaje, pero como el clima ha estado tan complicado sucedió lo contrario. Cada vez más llovizna y el cielo gris que no permitía ver mucho. Solo al atardecer el avistamiento de algunas ballenas orcas y otras jorobadas nos contentaron a todos.

 

Entre las muchas paradas del ferry donde subían y bajaban pasajeros, pude conocer a Sage, otra ciclista que andaba dandole la vuelta a Alaska y Yukon y con la que compartimos unas cuantas horas entre charlas de viajes y bicicleta y ya el martes apareció Damián, que desde Argentina también se vino para esta parte del mundo para buscar unir Alaska con Usuahia. La pasión del viaje, la forma muy particular que los latinos tenemos de ver las cosas y todas nuestras experiencias hicieron que nos conectaramos de inmediato. "dos sudacas en el mismo ferry en el otro lado del mundo y viajando en bici, eso si es para celebrar". Esa celebración la hicimos al sabor de un buen mate argentino. Este sabor me trajo muy buenos recuerdos.

 

Como nos dirigíamos para el mismo lado la idea era retomar camino juntos. El paso por inmigración canadiense fue muy fácil para mi amigo pero fue la primera vez que me demoraron bastante a mi. Muchas preguntas y una verificación adicional. Se nos hizo tarde y la busqueda del campamento estaba a 12 km de Prince Rupert. Primera vez que ruedo de noche y que armo campamento en la penumbra. Se nota que ya vamos bajando un poco hacia el sur y los días resultan más cortos. Entre charla y charla, preparar campamento y hacer comida terminamos yendo a dormir pasada la 1 de la mañana. 

 

La ruta 16 resultó ser una delicia para los sentidos. Primero tomamos un desvio a un pequeño lago que daba la oportunidad de nadar un poco. El agua un poco fria, pero con un algo de movimiento se sentía muy bien. Luego el encuentro con otros amigos viajeros alemanes que conocimos en el ferry quienes nos invitaron a un café y luego todo el paisaje que con el día soleado pudimos tener al bordear el río Skeena. Ruta plana y viento a favor completaron un día espectacular.

 

Ya estabamos cerca al sitio escogido, sin embargo el hambre nos estaba haciendo andar más lento. Una parada en una nueva hostería y no se, si fue nuestras caras pero nos dejaron, los sandwiches, algo de fruta y unas botellitas de agua a un precio que resulta ser un regalo para los precios de por aca. Con nuestro botín llegamos a acampar y a devorar esta entrada. Damián como buen cara dura se rebuscó entre los otros visitantes del area de descanso unos buenos panes y salchichas. Disfrutamos de unos buenos "panchos argentinos".

 

El dia siguiente entre subidas y bajadas y un clima relativamente bueno llegamos a Terrance. Allí Damián tenía un familia esperándolo por lo cual nos despedimos con la idea de encontrarnos en un par de días en Smithers. Yo continué unos 30 km más pero ahora mi compañía fué la lluvia nuevamente. No se si Damián sea el de la buena suerte con el clima.

 

Un lindo campamento entre un bosque que daba al río Skeena permitió retomar fuerzas.

 

La llegada a Smithers fue nuevamenmte pasada por agua, con la ruptura de uno de los rayos de la rueda trasera de mi querida Monarca y con un campamento improvisado la noche anterior en medio de la nada.

 

En Smithers me esperaba Francois y su esposa, he podido disfrutar de su calor de hogar y su hospitalidad. Ellos han viajado en bici y saben como son estas aventuras. Los había contactado por internet gracias a cyclo camping internacional. Es una organización de ciclistas para ciclistas que promueve este tipo de contactos. Nuevamente disfrutando de un descanso estoy a esperas de que Damián llegue y podamos continuar nuevamente rodando juntos.

 

(Entrando a Yukon, Canadá, 17 de Julio de 2007)

Cuatro días en Canadá y sí he sentido algunos cambios. El primero fue muy notorio, en cuanto al trazado de la vía. En Alaska están más pendientes de dejar el paisaje como lo encontraron, por lo cual el sube y baja es constante, en cambio en Canadá buscando hacer más plana la via realizan muchos recortes en la montaña, rellenan valles, en fin, efectúan obras para hacer la vía más plana. Así se nota mayor presupuesto del lado estadounidense y mayor infraestructura de servicios y un poco más de riqueza. En este primer mundo también hay algunas diferencias.

 

Los paisajes han cambiado un poco pues ahora me he estado moviendo por valles más abiertos y las grandes rectas se vuelven más comunes.

 

He completado el día de hoy el avistamiento de los principales animales salvajes de la zona. Empecé con el alce, siguió el castor, pude observar una espectacular águila calva y hoy tuve la presencia de un oso grizzly. Este último muy cerca a la carretera estuvo posando para muchos viajeros que lo pudimos fotografiar. Parecía tan dócil.

 

El clima sigue variando, con más tendencia a que el sol permanezca, pero también cuando se nubla y empieza a llover es todo un conflicto para rodar o para acampar. De por si la primera noche en Canadá al ubicar un poco mal la carpa casi se me inunda con la granizada y aguacero que cayó y ayer llovio toda la noche. Encontré una pequeña cabaña abandonada que me sirvió de refugio y evitó que pasara una noche bien húmeda. Sin embargo esta posibilidad realmente fué casi milagrosa, pues se pueden recorrer tramos de entre 30 a 40 km donde no encuentras una sola cabaña o posible refugio,solo bosques, montañas, lagos y arroyos. Bello pero para la perspectiva de pasar una noche no es muy alentador, mas sabiendo que pueden haber osos rondando.

 

Alaska y Yukon dan para estar mucho tiempo más, recorrer sus senderos, navegar por sus ríos y conocer sus secretos, lástima que para haerlo se necesite de tanto dinero ya que si no tienes los medios y equipos para hacerlo por ti mismo, cualquier servicio, guianza o alquiler se presenta como casi imposible para nuestros bolsillos.

 

Espero ansioso mi llegada a Whitehorse. Gracias a Chris y Dorothy Graham tendré una familia que me dará su hogar por un par de días. Los conocí en la carretera y no dudaron en invitarme. Esto me confirma que no importa el país, el nivel de desarrollo, o el nivel económico, siempre el factor humano es el que debería prevalecer en nuestra relación y percepción del otro.  

 

(Fronteras con Canadá, 13 de Julio, 2007)

 

Por fin parece que el clima está cambiando y los días cada vez están mejores. Ya las altas montañas las veo a la distancia y voy al ritmo de colinas de menor tamaño. Sin embargo no quiere decir que ese constante carrusel subiendo y bajando no sea aun más desgastador. Adicionalmente la gripa por fin se apoderó de mí y esto ha hecho que por lo menos el día de hoy, me esté pareciendo eterno. Como que se me acabaron las fuerzas y no hallo el momento de llegar a descansar.

Ayer saliendo de Tok, tuve un percanse con mi querida Monarca, lo que me obligó a detenerme y recordar las clases de mecánica que mi amigo Leonardo me habia dado. Un problema con la resequedad de las guayas y las fundas no permitía que entraran bien los cambios. Me pude percatar que una funda definitivamente no da más, pero no tenía repuesto. La traté de arreglar como pude y como ya estaba tarde monté mi campamento allí mismo. Por lo menos acampar en Alaska no ha sido muy difícil.

 

Ese aspecto me ha gustado mucho de Alaska, aparte de los campamentos organizados, a los que poco frecuenté por sus costos, existen muchos paraderos al lado del camino, incluso muchos de ellos con baños donde puedes en últimas colocar tu carpa. Alaska en definitiva es tierra de viajeros y el ver rodar por la carretera infinidad de casas rodantes, motociclistas de todos los estilos y uno que otro ciclista, reafirmas que es un lugar que sigue despertando un sentimiento de curiosidad, admiración y grandiosidad.

 

La bicicleta sigue confirmándome que continúa despertando sentimientos de admiración entre muchos viajeros que ven en un reto como este, algo realmente increíble. Esos encuentros casuales llenan el saco de buenos recuerdos y de nuevas energías. Me gusta ver como mi nuevo directorio se empieza a abultar con correos electrónicos de personas que antes ni en sueños hubiera podido conocer.

 

Por todo esto sin importar el cansancio, la gripe o los sube y bajas del camino, son muchas más cosas positivas que siguen apareciendo.

 

Mañana espero cruzar la frontera y entrar a Canadá. Espero poder continuar con este ritmo aunque ya estoy viendo la necesidad de tomarme por lo menos un día de descanso.   

 

(Tok, Alaska, 12 de Julio del 2007)

 

Me encuentro en el poblado de Tok y estoy como a 150 km de la frontera con Canadá. Pasé uno de los sectores más difíciles de la ruta realizando el cruce de la Denali HighWay. Una ruta realmente bonita pero mucho más agreste, desolada, fría por su altura y sin pavimento. Nuevamente la lluvia fue mi compañera de viaje y pude sortear 2 problemas con mi parrilla trasera. Una de las uniones se rompió y uno de los tornillos que la soportan perdió la rosca.. Espero que las reparaciones que le realicé me duren bastante camino.

 

A pesar del clima hubo momentos en que el escenario se dejó ver en toda su magnificencia y es realmente incomparable.

 

Ayer y hoy por fin he podido rodar sin lluvia y se siente mucho mejor. El paisaje cambió y rodé entre montañas siguiendo el cauce de pequeños ríos. El paisaje es increíble, que no se cuantas paradas hice para tomar fotografías.

 

De los cambios de clima, lo único malo es que me está empezando una gripa. Espero sortearla sin contratiempo.

 

De los momentos especiales han sido poderme comunicar con mis hermanas, mi madre y mi padre. En algunos puntos pude conseguir señal y escucharlos fue como una carga inmediata de energía.

 

Ahora rumbo a Canadá. Espero estar cruzando la frontera mañana en la tarde o el sábado en la mañana.

 

Nuevo país que espero ir conociendo mejor y obtener lo mejor de su gente y de sus paisajes. 

 

 

 

 

 

 

(Anchorage, Alaska, 6 de julio de 2007. 8:17 pm)

 

Los sentimientos son encontrados en estos primeros días. Por una parte me encuentro felíz por estar en esta tierra de ensueño y saber que soy un privilegiado al poder perseverar cada día por ese ideal que persigo. Sin embargo, al haber ocurrido el cambio tan súbito, se presenta en mi una resistencia a la nueva situación y un poco de temor por las condiciones que se van dando en el camino. El frío, la lluvia, la falta del idioma suman para que sienta un poco de temor. A diferencia del viaje anterior que fue dándose una transición lenta en cuanto a la salida de mi país, luego la separación del resto del grupo y luego la verdadera lejanía de mi país, en este nuevo viaje de un momento para otro, estaba en el polo opuesto de mi patria  en condiciones bastante duras.

 

Extraño mucho a mi familia, a mi madre, a mis amigos y a mi ciudad. Sin embargo se que debo mirar las cosas con la misma fe que en el viaje anterior. Cuando veo los paisajes sin importar que la nubosidad no ha dejado ver algunos de los más representativos, como el monte Mc Kinley, disfruto sabiendo que este es uno de esos rincones únicos y puros del planeta y trato de llenarme de ellos y guardarlos en mi mente..

 

Con relación a la ruta, realmente no ha estado difícil. Llevo 350 km de ruta pavimentada con suaves colinas, hasta hoy estoy tomando una ruta diferente y más agreste. Lo difícil ha estado en el clima invernal que complica el rodar y hace duros algunos momentos en el camino.

 

A pesar de todo la gente ha estado bastante amable.

 

El único impase por ahora es el karma en el que se me ha convertido el termo. Primero no me lo dejaron pasar en el aeropuerto y luego el que compro el primer día en Anchorage, lo deje olvidado en una parada que hice el segundo día. Ahora ando sin termo y si me ha hecho falta.

 

Por último algo que no me imaginé de Alaska es la cantidad de mosquitos que están esperando por ti. No alcanzaba a parar cuando tenía varios en mi rostro, entre mis orejas y zumbando por doquier. Estar fuera de la carpa es un martirio.

 

Como he estado acampando en sitios cerca de la carretera un pequeño temor es el tema de los osos. Realmente no puedo hacer mucho más que buscar un lugar despejado y cerca a la carretera. Me hecho la bendición y espero nunca cruzarme con alguno.

 

A nivel de personas tengo que agradecer a Marcela,  Sebastián y su hija Florecia, por los consejos, buenos momentos y la invitación que me hicieron en su hostal. Al final no me cobraron nada. Claro que ellos al ser viajeros comprenden  más que nadie todo lo que le espera al que inicia un nuevo viaje.

 

En el hostal hice un par de amigos norteamericanos, tal vez modificando un poquito mi ruta pueda irlos a visitar más adelante.

 

Ya en Alaska (Anchorage 2 de julio de 2007)

 

Luego de un viaje de 24 horas entre vuelos, cambios de avión, pérdida de conexiones, correrías por 5 diferentes aeropuertos, por fin llegué a Anchorage. La demora del primer vuelo hizo que mi equipaje llegara primero y que a mí me tocara incluso ir a Seattle, ciudad a la que no tenía planeado hacer escala.

 

Sin embargo más allá de toda esta correría, los vuelos fueron una buena oportunidad para reflexionar y para sentir de una forma más intensa la dimensión del viaje y del compromiso que voy a enfrentar. A diferencia del viaje anterior en el que el mismo proceso de salir de mi país fue progresivo y me encontraba dentro del entorno latinoamericano que te hace sentir como en casa, ahora inicio este viaje desde el otro extremo y bajo unas condiciones sociales, culturales, económicas y geográficas bastante diferentes.

 

Es un nuevo reto excitante y lleno de posibilidades y creo que como en todos los lugares que ya he podido visitar, siempre encontraré gente a la que mi sueño les produzca buenos sentimientos y quieran darme una mano. Y este milagro empezó desde los mismos problemas de conexión en el aeropuerto, donde los funcionarios de la aerolínea estuvieron siempre dispuestos a ayudarme, el paso por inmigración fue rápido y sin ninguna complicación, mi compañera de silla en mi último vuelo se ofreció a llevarme hasta el hostal con todo mi equipaje y en el hostal me encontré con una pareja espectacular (Sebastián y Marcela) quienes llegaron acá luego de su viaje en bicicleta desde la Patagonia y decidieron montar un hostal con mucho calor de hogar. Si se les ocurre venir por acá, no lo piensen 2 veces para alojarse en "26 street international Hostel". Con ellos voy a tener mucho de que hablar.

 

Definitivamente creo que las energías positivas siempre deparan estos encuentros y a eso es lo que le estoy apuntando con este viaje. Espero que con mi optimismo y llevando siempre buena energía plasmado en una sonrisa, pueda abrir muchas puertas y corazones sin importar que por ahora mi posibilidad de hablar inglés esté un poco limitado.

 

 

 

COSITAS QUE DEBERIAMOS APROPIAR (Toronto, Canadá, 1 de junio de 2007)

 

Tambien es importante resaltar aspectos positivos de la ciudad. En la medida que recorro Toronto y siento su movimiento, comienzan a aparecer aspectos que me agradan muchísimo. El primero que noté desde el primer momento que la recorrí, es el respeto que los conductores sienten por el peatón. Claro que esto es dado principalmente a que todos respetan y cumplen las reglas. Este cumplimiento es dado más por una real conciencia que por un temor a una posible sanción. No se siente la agresividad del conductor que pude vivir en otros paises en mi viaje por suramérica.

Otro aspecto interesante de esta ciudad ha sido el encontrarme con mucha gente movilizandose en bicicleta. Deportistas, amas de casa, ejecutivos, trabajadores recorriendo la ciudad. Por tal motivo la ciudad cuenta con un sistema de ciclorutas, parqueaderos especiales, mapas, señalización y una cultura en torno a la bicicleta. Inclusive los otros medios de transporte como son el tren, el metro y buses tienen facilidades para transportarlas de acuerdo a unos horarios establecidos. Bogotá está en este proceso, buscando que la bicicleta sea vista como una verdadera opción de transporte masivo. Definitivamente el apropiarse de estos espacios y posibilidades que la ciudad genera van creando conciencia colectiva sentido de apropiación.  

 

La semana pasada tuve uno de los atardeceres más espectaculares en la ciudad. Pude contemplar la puesta del sol desde lo alto de la “CN tower”, llena de matices amarillos, naranjas y rojos. Lugar único para contemplar la ciudad. (en el album de fotos pueden ver un ejemplo de esta hermosa vista)

 

Terminé las clases de inglés y estoy en preparativos finales del viaje. Entre ellos espero pronto tener una nueva imagen de la página de internet. Gracias a mis amigos de Aplixmedia (Constanza y Tato) creo que pronto podré tener una nueva herramienta para que la información llegue de mejor forma. Sigo pensando en no dejar detalles pendientes y también contento por mi hermana ya que se casa en una semana. 

 

MI PERSPECTIVA DEL NORTE (Toronto, Canadá 4 de mayo de 2007)

 

Realmente me he demorado en escribir ya que he estado llevando ultimamente un ritmo de pocas novedades en mi diario vivir. Estudiando, tratando de conocer la ciudad y sus alrededores y algunos atractivos especiales. Tuve la oportunidad de ir a las Catarátas del Niagara. Imponentes y majestuosas. Sin embargo me llevé una sorpresa al ver que estaban enmarcadas en medio de dos sectores (el estadounidense y el Canadiense) demasiado comercializados, con muchos avisos, propagandas, atractivos mecanicos y exageradas arandelas para mi gusto. Mucha gente realmente creo que no disfruta de este escenario único, distraidos por toda esta avalancha comercial.

 

Me he tomado este tiempo para hacerme una idea de lo que es para mí este estilo de vida, tan diferente al que llevamos en nuestra querida pero dolida suramérica. Se generan en mí, dos sentimientos contradictorios. El primero se refiere a la brecha económica tan grande que existe entre estos dos mundos. No he visto en mi diario recorrer, lo que es la miseria en esta ciudad. Hay algunos mendigos, pero según me han comentado reciben muchas ayudas del gobierno. Tal vez no hay esa ausencia material , pero a la vez la gente anda acelerada, por el diario vivir y por la necesidad de trabajar para llevar ese estilo de vida. Las ciudades son demasiado extensas y el que no tenga carro en la ciudad realmente se le complica la vida.

 

Justamente hoy me pasó algo curioso. En la entrada de la estación del tren pude observar una pelea de unos gorriones o pajaritos. Algo muy entretenido pero que solo compartimos otro personaje y yo, en medio de decenas de personas que pasaban apresuradas. Este personaje resultó siendo de Chipre, en el Mediterraneo y en lo poco que le entendí, me quedó claro que para él, la gente ha perdido la sensibilidad de las cosas pequeñas y sencillas como esas, por la robotización que la sociedad impone. La gente no se detiene para contemplar, para pensar, para sentir el constante movimiento del mundo. Corren y corren para cumplir con un ritmo de vida loco. Y en general es una norma que se mantiene constante en las grandes ciudades que he visitado. Suramérica no se salva de este esquema.

 

Puedo contrastar esas posibilidades económicas frente a las virtudes sociales de una suramérica subdesarrollada. He encontrado personas maravillosas, pero a la vez no he visto ese contacto con el vecino, con el compañero de tren, con el desconocido.  Creo que definitivamente nada es perfecto ya que recuerdo también de suramérica, la trampa, la burocracia mal llevada,la corrupción, la violencia, la ley de no desaprovechar cualquier circunstancia, la costumbre de saltarse las normas, la falta de disciplina y en muchos casos el conformismo.

 

Nada es perfecto, yo crecí en suramérica viendo pasar en frente de mí muchos problemas sociales, que al volverse comunes hasta se pasan por alto. Tener la posibilidad de ver otro estilo de sociedad es para mí un gran premio y una responsabilidad para reflexionar frente a todo lo que pueda aprender. Creo que hay mucho por hacer en nuestra querida suramérica. Se debe buscar ante todo superar esas desigualdades sociales que son el germen de la delincuencia y la ley del más fuerte. Suramérica tiene un alma especial que la hace diferentel y nos permite llevar la vida creo que con mayor alegría en el corazón.

 

Me parece importante ante todo, que sin importar si somos ricos o pobres, del primer o del tercer mundo, nos tenemos que ver como seres humanos, con sueños, esperanzas, ilusiones y sufrimientos. Si nos vemos así, las fronteras desaparecen y el mundo se vuelve más amplio y menos conflictivos. Un aspecto interesante de este encuentro cultural lo he podido tener acá en Toronto. Por ser una ciudad cosmopolita, es común escuchar y ver por toda la ciudad personas de todas partes del mundo. Muchos asiáticos, arabes, indús, latinoamericanos compartiendo un mismo espacio, tolerantes y respetuosos del otro, de sus constumbres, tradiciones y pensamientos. De eso sí que hace falta en mi país, donde la intolerancia frente al pensamiento del otro, en ocasiones se paga con la misma vida.

 

 

JUICIOSO ESTUDIANDO INGLES (Toronto, Canada 9 de abril de 2007)

 

Mucho agite, detalles por cubrir, cositas que comprar y reuniones por concretar. De esta forma fueron mis días finales antes de mi partida el 27 de marzo rumbo a Canadá. Afortunadamente todo este corre corre dió sus frutos ya que se pudo concretar el apoyo de MOTOROLA para la realización de esta nueva etapa. Por todo esto, los planes cambiaron un poco.

 

Viajo inicialmente a Toronto por dos meses y medio, estoy en mis clases de inglés y asisto al matrimonio de mi hermana, para luego el 12 de junio regresar a Colombia. Creo que para esas fechas estarán sabiendo un poco más de mí por algunos medios de comunicación, ya que con Motorola se estará realizando el lanzamiento de la travesía. Para mí es una alegría contar con el apoyo de esta importante marca que ha creido en este proyecto y poder llevarla por el resto de América.

 

Ahora me encuentro juicioso asistiendo todos los días a clase de inglés, ya que me falta mucho para que la comunicación sea fluida, pero espero que estos dos meses en esta gran ciudad por lo menos me dejen preparado para poder tener el contacto con la gente en el camino. Para mí, el poder compartir mi experiencia y conocer un poco de la vida de las personas que se cruzan en mi camino es muy importante.

 

Estos días he dejado de hacer ejercicio mientras me acomodo al ritmo de la ciudad y mientras la temperatura sube un poquito. Llegué empezando la primavera pero me ha tocado un frio intenso. Inclusive pude estar en lo que parece será las últimas nevadas de la temporada. Con temperaturas que han llegado a los 8 grados bajo cero no dan ganas de salir a montar en bici. Espero que la próxima semana la temperatura suba un poquito y pueda iniciar también el entrenamiento corriendo, montando en bici y nandando un poco.

 

Espero abrir una nueva carpeta fotrográfica de Toronto y ya les contaré un poco más de esta ciudad y de mis impresiones sobre la vida en ella.