Y SE
ME TERMINÓ CENTRO AMÉRICA. MI PASO POR PANAMA
Del 9
al 19 de noviembre de 2008.
Entraba a Panamá justamente en el mes que se celebraban
la mayoría de sus fiestas patrias. Por este motivo la bandera de este hermano
país hondeaba en carros, motos y muchas casas que estaban a las orillas del
camino.

Todo noviembre es una seguidilla de celebraciones que se
manifiesta en desfiles de colegios, carrozas y muestras musicales y de trajes
típicos. Por eso al llegar a la ciudad de David tuve la fortuna de ver toda la
celebración del Grito de independencia, que aunque se dio en la provincia de
Los Santos, en otras provincias como Chiriquí, también se celebra.
Panamá y Colombia fueron una sola nación entre 1821 hasta
1903 cuando sucedió la separación. Panamá celebra este hecho el 3 de noviembre
y adicionalmente el 4 de noviembre se celebra el día de la Bandera, el 5 la
rendición colombiana en Colón, el 10 el grito de independencia de la Villa de
Los Santos y el 28 la independencia definitiva de España.
Pude contemplar muchas de las manifestaciones culturales
y folclóricas gracias a estas fiestas y también pude ver como existe mucha
cercanía entre las mismas con mi país Colombia. El acordeón, las tamboras, la
guacharaca, ritmos similares a la cumbia y el vallenato y trajes típicos
parecidos a las polleras, fueron la constante en el desfile.
Mi recorrido por Panamá lo realicé por toda la vía
panamericana, por lo cual rodé por la zona más plana, poblada y moderna del
país.
En David, la segunda ciudad del país, me alojé el primer día con los bomberos de la
ciudad y luego pude realizar una visita a la Aldea Infantil SOS, pero esta
historia será ampliada en la sección de las Aldeas Infantiles.

Salía de la ciudad de David hondeando una pequeña bandera
del país, que una niña de la Aldea Infantil me había obsequiado. El terreno se
me presentaba con pequeñas ondulaciones pero casi todo a nivel del mar. Aunque
no eran exigentes las subidas, la temperatura y la humedad alta, hacían del recorrido
un poco exigente. Nuevamente los bomberos fueron mis anfitriones en el pequeño
poblado de San Felix. Tenía tiempo para continuar pero preferí parar acá pues
seguía un sector un poco desolado sin pueblitos donde parar.
Me acercaba a otra de las ciudades grandes de Panamá:
Santiago y como se hizo habitual en Panamá, fueron los bomberos los que me
dieron todas las posibilidades para pasar la noche muy cómodamente.
Mi siguiente destino era la Aldea Infantil SOS de
Penonomé y aprovechando la vía prácticamente plana estuve allí pasado el medio
día. De esta forma tuve tiempo de descansar un poco, comer y luego tener toda
la tarde para pasarla con los niños compartiendo un poco de mi viaje y
recibiendo de parte de ellos su alegría característica.
La vía Panamericana en ocasiones pasaba muy cerca de
algunas playas, por lo que no podía dejar pasar la hora del almuerzo
disfrutando de la vista del mar y la tranquilidad que inspira el vaivén y
murmullo de sus olas.
El clima se había mantenido caluroso y seco por las
mañanas, sin embargo en las tardes era casi una regla el chubasco y ya había
tenido la suerte de salvarme de dos buenos aguaceros. Sin embargo la suerte no
me alcanzó para el día que llegaba al poblado de Capira, pues faltando apenas
unos 5 kilómetros el agua me alcanzó y fue necesario esperar antes de llegar
nuevamente a los bomberos.
Definitivamente los bomberos en Panamá son los ángeles de la guarda de los
viajeros en bici. Como prácticamente la mayoría de cicloviajeros pasan por esta
vía, la mayoría de las estaciones de bomberos tienen varias historias de otros
ciclistas que los han visitado. Aunque se ve la diferencia radical entre las
estaciones de Costa Rica, con sus equipos nuevos y sus instalaciones a todo
dar, en cambio en Panamá tienen que trabajar inclusive con carros que datan de
la segunda guerra mundial y con instalaciones que dejan mucho que desear. A
pesar de todo ello, en calidez humana todos comparten la buena disposición de
ayuda, sacrificio y entrega por personas que en la mayoría de los casos no
conocen. En Capira por ejemplo nos la pasamos en la noche jugando cartas y
compartiendo nuestras diferentes anécdotas.
Me dirigía ahora si hacia Ciudad de Panamá y al final de
mi destino en este país. Como existe el tapón del Darién, no es posible
continuar hacia Colombia por vía terrestre. Tenía tres opciones. Un velero que
tardaría 5 o 6 días en llevarme a Cartagena, un barco mercante que según lo
averiguado no sería fácil de encontrar y por último tomar la ruta directa a
Cartagena por avión. Evaluando los costos, pros y contras de cada opción, al
final había decidido viajar por vía aérea.
La entrada a la ciudad de Panamá estuvo retrazada por 3
pinchazos que tuve este día, además de un terreno mucho más ondulado de lo
esperado. Antes de entrar a Ciudad de Panamá hay que cruzar el famoso puente de
¨Las Américas¨, sin embargo al parar con anterioridad a tomar algunas fotos, di
tiempo para que un policía viera mis intenciones de pasar el puente sobre mi
querida Monarca. Al final no me dejaron cruzar argumentando que mucha gente se
había suicidaba lanzándose desde el puente y por ello ahora estaba prohibido su
paso. No lo pude convencer que si hubiera querido matarme lo habría podido
hacer hace mucho tiempo en mi viaje con la cantidad de camiones que cruzaban a
5 centímetros de mi existencia o en otra cantidad de puentes, barrancos, y
lugares más adecuados para ello. Al final, el policía paró un camión y mi entrada a la ciudad la
tuve que hacer sobre 4 ruedas.
Me quedé cuatro días en Ciudad de Panamá y tuve toda la comodidad posible
gracias a la Aldea Infantil SOS de la ciudad y en especial a la calidez de su
director Roberto Watson.
El primer día me fui de turismo a las exclusas de
Miraflores y como la Ciudad de Panamá no tiene realmente un buen transporte
público, la opción más sencilla fue hacerlo en mi Monarca. La ruta me llevó por
uno de los barrios más exclusivos de la ciudad y que constituye toda el área
del Canal que estuvo en dominio de los Estados Unidos y que fue revertida al
país en el cambio de siglo.
Tuve que permanecer más tiempo de lo esperado en las
exclusas de Miraflores ya que el paso de barcos solo empezaba en horas de la
tarde. Pude entonces, conocer con detalle el museo, ver el video y hacer una
nueva amiga que venía desde Venezuela. En esta visita es donde pude percatarme
de las dimensiones de la obra y en especial de los sacrificios que se hicieron
a nivel de vidas humanas para su realización. Es una obra monumental que ahora
se va a ver magnificada con el trabajo de una nueva etapa que pretende
construir nuevas exclusas para que puedan pasar los barcos de mayor tamaño que
hoy día se construyen.
Luego de ver en acción todo el proceso de funcionamiento
de las exclusas gracias al paso de un buque petrolero y un crucero, arranqué
presuroso pues el chaparrón se venía venir. A pesar que le apuré, nuevamente el
aguacero me alcanzó y llegué como un pato mojado a la Aldea Infantil SOS.
El día siguiente lo utilicé para realizar algunas
entrevistas que estaban programadas. Pude contar un poco de mis experiencia en
dos periódicos y dos cadenas radiales. También confirmé mi salida de la ciudad
para el 19 de noviembre.

El siguiente día lo dediqué a los niños de la Aldea
Infantil. Nos reunimos en el kiosco central y luego hice la visita a todas las
casas. Las fotos y detalles podrán verlas en la sección de las Aldeas
Infantiles.
Me preparaba para mi partida por lo que esa misma noche
tuve que desarmar a Monarca y dejarla lista para llevarla al aeropuerto.
Afortunadamente gracias a Roberto Watson, director de la Aldea Infantil SOS de
la Ciudad de Panamá, tenía garantizado el transporte mío y de todo mi equipaje
al Aeropuerto.
El vuelo salió aproximadamente a las 11 de la mañana, por
lo que tuve que llegar como a las 8 y afortunadamente pude mandar a mi Monarca
en el avión. Inicialmente me habían dicho que tendría que enviarla por separado
y que eso tardaría como una semana. Ya me había hecho a la idea de darme unas
vacaciones obligadas en Cartagena mientras llegaba mi compañera de viaje.
Se terminaba Centro América y retornaba a mi país. Estaba
entre emocionado y expectante a las nuevas sensaciones que causaría mi país. A
pesar de todos los recuerdos sabía que el viaje lo cambia a uno y la visión, en
ocasiones parcializada que uno puede tener de su propio país, tiende a cambiar
con un viaje como el mío.
Al final había escogido esta fecha pues quería pasar mi
cumpleaños número 36 en Colombia y con amigos.
DATOS DE INTERES
Días totales en Panamá: 11
Días pedaleados 7
Kilómetros recorridos 539
Kilómetros totales acumulados: 23.055
Altura máxima del recorrido 440 msnm
Lo que no pudo faltar: 6
pinchazos traseros y un rayo roto
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Panamá
Como
empezando de nuevo: De Heredia a la frontera con Panamá. (Costa Rica Segunda
Parte)
Del 2
al 9 de noviembre
Había dejado mi gran pasión de recorrer lugares sobre 2
ruedas por ayudar en el programa de conservación de tortugas más antiguo del
mundo y sabía que retomar el pedaleo, luego de estos 3 meses de descanso, no
sería nada fácil. Sin embargo, como todo en el viaje, hasta que no se enfrentan
los retos, se sufre o se disfruta, se suda o se congela, hasta esos momentos no
se encuentran las respuestas a esos interrogantes o dudas que van apareciendo
en el camino.
Tuve que sufrir nuevamente al retomar el andar. Luego de cruzar Heredia y
San José, era necesario superar un puerto de montaña de casi 3400 metros. Que
bonita forma de ver si mis piernas y mi cuerpo habían perdido condición.
Y realmente lo pagué. Me sentía pesado (y en realidad
tenía unos cuantos kilos de más), me sentía sin fuerzas y hasta la voluntad
parecía que hubiera perdido ánimo.
Tuve que realizar este ascenso prácticamente en 3 etapas.
La primera saliendo de la casa de Jaime, cruzando toda el área metropolitana de
San José e iniciar el ascenso apenas por unos 7 kilómetros. La segunda, muy
cerca de coronar la subida hasta el restaurante ¨Los Chespiritos¨ y el tercero
coronando la ruta más alta de Costa Rica para descender nuevamente hasta el
mar.
Definitivamente la vida es así, por la mañana que te
congelas del frío y por la tarde que te desesperas del calor; sin subida no hay
bajada, sin dolor no hay goce. Creo que el ser humano se fortalece cuando puede
tener estos momentos contradictorios pero necesarios. La comodidad, para mí es
sinónimo de monotonía y de falta de espíritu para imponerse retos. El amor por la misma vida requiere que tengamos
el valor de ponerla a prueba.
En este tramo, aparte de mis pocas energías, tuve una
preocupación diferente. Me empezó a doler la rodilla derecha y era un dolor que
se incrementaba con cada pedalazo. Empezó en la subida al Cerro de la Muerte y
a pesar del descanso de la bajada no disminuyó el dolor. Al final haciendo
algunos ajustes en la altura del sillín, encontré el problema y luego de 2 días
de preocupación sentí que con esta modificación el dolor empezaba a bajar.
Luego de retomar nuevamente la ruta costera, como siempre siguieron
apareciendo los ángeles de la guarda que garantizaron un lugar para dormir y el
regalo más grande que puedes tener: una amistad.
Poco a poco nuevamente me fui acomodando a los kilómetros
de pedaleo y el recordar y sentir que el placer no está en la meta diaria sino
en cada lugar que se recorre, me hacían disfrutar nuevamente de cada momento y
detalle del recorrido.
Los últimos dos días rodando por sectores casi planos,
tuve la ayuda nuevamente de los bomberos donde pude pasar la noche en las
estaciones de Palmar Norte y de la ciudad de Neily.
Aunque Costa Rica puede tener problemas comunes a América
Latina, también tiene algunas virtudes que deberíamos retomar. Le han apostado
a un país sin ejercito, a un país que busca conservar gran porcentaje de áreas
naturales y un país que se enorgullece de ser ¨Pura Vida¨. Conocí también
algunos lados negativos como la pérdida del mismo territorio en manos de
extranjeros que compran sus mejores tierras, o los atentados que muchos cometen
contra los recursos naturales; sin embargo, comparándolo con otros países la
balanza para mí fue muy positiva.
Cada vez más cerca de casa empiezo a sentir sentimientos
encontrados por el camino que se empieza a hacer más corto y es el fin de una
nueva etapa en mi vida. Pero todavía faltan algunas historias por contar.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
DATOS DE INTERES
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Costa Rica y Frontera con Panamá
LA
VIDA EN TORTUGUERO
Del 18
de agosto al 1 de noviembre
Tener la posibilidad de trabajar en el programa de conservación
de tortugas marinas más antiguo en el mundo, realmente es un privilegio. Este
regalo adicional fue posible, entre otras personas, gracias a Graciela
Tiburcio, la coordinadora del programa de Tortugas Marinas de Los Cabos, en
Baja California, quien me informó y recomendó para poder presentarme como
voluntario. Luego de más de un mes de correos electrónicos y un par de llamadas
telefónicas, recibí la confirmación de parte de Emma Harrison, coordinadora
científica de la CCC , que era aceptado para trabajar por 2 meses y medio como
asistente de investigación en la estación biológica John H. Phipps, en
Tortuguero, Costa Rica. Esta es una oportunidad que muchas personas en el mundo
esperan realizar y fue un verdadero honor estar allí.
Este sueño de trabajar por la preservación de la tortuga marina y sus
hábitats, nació gracias al Dr Archie Carr, quien al comienzo de los años 50´s
empezó a viajar por el Caribe buscando conocer más acerca del comportamiento y
biología de estos bellos reptiles. El viaje lo llevó a Tortuguero donde
encontró la colonia anidante de tortugas verdes más grande del hemisferio
occidental. Adicionalmente los problemas de cacería intensiva, saqueo de huevos
y aniquilación de esta especie en la playa, también era lo cotidiano. Por eso
es que empezó su trabajo incansable que se materializó con la creación oficial
de la CCC (Caribbean Conservation Corporation) en diciembre de 1959, constituyéndose en la primera organización en
el mundo dedicada a la conservación de las tortugas Marinas.
A punto de cumplir 50 años de trabajos continuos, la CCC
basa gran parte de su trabajo gracias al trabajo voluntario de personas que
llegan de diferentes partes del mundo. En mi caso, he tenido la fortuna de
trabajar, con amigos de Panamá, Estados Unidos, Francia, India, México, El
Salvador, Costa Rica, España Inglaterra, Perú y una compatriota colombiana.
Tortuguero está ubicado en el Caribe Costarricense y se
accede a él únicamente por lancha. Es un destino turístico en la actualidad
gracias a su riqueza biológica y especialmente, en esta época, por la llegada
de las tortugas verdes. Claro está, que en esta playa también llega la tortuga
baula, entre marzo y junio y esporádicamente llegan tortugas carey y cabezonas.
Afortunadamente el aislamiento de Tortuguero del centro del país, ha mantenido
este parque nacional con buenos niveles de conservación, claro que la llegada
masiva de turistas cada vez en mayor número, pone a pensar sobre el futuro de
este bello lugar.
Dejé a ¨Monarca¨ en Heredia en la casa de mi amigo Jaime
Victoria. Pararía mi viaje en bicicleta por más de 2 meses pero realmente era
una oportunidad que no podía rechazar.
Después de un viaje de casi 4 horas en tres buses
(incluyendo uno en medio de un calor infernal en medio de bananeras) y un poco
más de una hora en lancha, llegué el 18 de agosto a la estación biológica John
H. Phipps, en Tortuguero. Me recibieron Dagnia y Xavier, los coordinadores de
campo y pude conocer a los compañeros que terminaban la primera temporada de
tortuga verde y a algunos otros amigos que ya habían llegado para acompañarme
en esta temporada.
El pequeño pueblo de Tortuguero está inmerso en un sector
de bosque húmedo tropical delimitada por
el mar Caribe, la Laguna de Tortuguero y el Parque Nacional Tortuguero. La
playa se extiende por 18 millas (aproximadamente 29 km), siendo esta la zona de
anidamiento de las tortugas marinas. El
trabajo lo realizamos en las primeras 5 millas (8 km) iniciando en la bocana de
la laguna de Tortuguero y adentrándose aproximadamente 2 km dentro del Parque
Nacional Tortuguero. La estación biológica de la CCC queda a mitad de camino de estas 5 millas, por lo
que es el punto de partida de los grupos de trabajo: uno en dirección a la Boca
y otro en dirección al Parque Nacional.

Durante el día, bien temprano, dos grupos (cada uno de 2
personas) tienen la tarea de realizar el censo de rastros y nidos en las
primeras 5 millas. Esto para tener un conteo pormenorizado del número de
tortugas que anidaron y así al analizarlo y compararlo con períodos anteriores.
Estos datos son un buen estimativo estadístico poblacional que es trascendental
para el seguimiento y la toma de decisiones en la búsqueda de la conservación
de estas especies. También estos grupos tienen que verificar el estado de
algunos nidos que se marcan en las patrullas nocturnas.
En el trabajo de la noche hay dos turnos diferentes. El
primero de 8 a 12 de la noche y el segundo de 12 a 4 de la madrugada. Cada uno
de ellos vuelve a tener 2 grupos (uno que trabaja hacia parque y el otro hacia
boca) y en estas patrullas se buscan las tortugas que vienen a desovar. Si hay
alguna tortuga que se encuentre en el momento previo a la postura de huevos, se
marca el nido con cintas en la vegetación cercana y se cuentan los huevos (esto
para poder excavar el nido luego de que las tortuguitas hayan emergido y ver la
evolución del mismo). La otra parte del trabajo consiste en marcar y medir la
mayor cantidad de tortugas. Sin embargo para ello, se tiene que realizar luego
de que la tortuga haya puesto los huevos. Si la tortuga ya puso huevos se mira
si tiene placas viejas (pieza metálica con una numeración consecutiva que se le
coloca en las aletas), si es así, se escriben los números respectivos. Si no,
se colocan nuevas placas; luego se toman medidas a su caparazón y se hace una
inspección general a la tortuga para encontrar evidencias de cicatrices,
balanos, sanguijuelas o cualquier otra señal que tenga.
El trabajo de patrulla diurna o nocturna no se detiene
por lluvia o por fechas especiales, por lo cual, sin importar si es domingo,
festivo, llueva o diluvie, se tiene que salir. Muchas noches las pasamos bajo
la lluvia caminando en la oscuridad y completamente mojados; pero otras noches
la vía láctea y las estrellas fugaces eran nuestras compañeras de caminata
(claro que también en unas cuantas noches el jaguar rondaba muy cerca y el
encuentro de sus huellas eran la evidencia).

Cuando comenzamos el trabajo, la temporada de tortuga
verde ya iba avanzada, por lo que afortunadamente siempre tuvimos tortugas para
trabajar. Sin embargo el pico de anidación fue como a mediados de septiembre y
en las 4 horas de patrulla podíamos trabajar casi siempre un poco más de 10
tortugas. Mi mejor noche la tuve cuando realizamos la patrulla con Karla y dos
estudiantes del colegio, pudiendo trabajar 18 tortugas. En el cierre de
temporada (a fines de octubre), en una buena noche solo podíamos trabajar unas
3 tortugas.
Adicionalmente en el día hay actividades de caminata en
la playa para la concientización de los turistas, ayudar en el museo, preparar
propuestas para educación ambiental para los niños de las dos escuelas y del
colegio y limpieza y aseo de la cocina y del equipo utilizado en las patrullas.
Por esta razón en ocasiones, los tiempos eran cortos para descansar y poder
realizar otras actividades.
En Tortuguero vale la pena salir a caminar por los
senderos del Parque Nacional para observar la fauna y flora que es muy rica, lo
mismo que por sus canales o subir al cerro Tortuguero a ver las ranitas venenosas.
Por doquier se ven monos cariblancos, araña y congos, teniendo estos últimos un
atractivo especial, por sus aullidos que se pueden escuchar a gran distancia.
Por ello una de las actividades a la que le traté de dedicarle buen tiempo, fue
la de tomar fotografías a la fauna local, como ranitas, culebras, insectos y
otros.
La vida en la estación también es bastante interesante ya
que es una convivencia permanente con personas de diferentes lugares del
planeta, con culturas e idiomas diferentes. El diario vivir también es una
buena forma de aprender inglés, pues algunos compañeros poco hablan el español.
Algo muy especial es que los chicos del colegio se están
empezando a involucrar con las labores y trabajo que realizamos en la estación.
Es así como en este año, más de 70 diferentes alumnos acompañaron a las
patrullas nocturnas o a los censos, algunos de ellos en varias ocasiones, por
lo que un buen grupo tiene gran experiencia en el trabajo con las tortugas.
También llegan participantes de diferentes partes del
mundo que pagan por tener la experiencia de trabajar con tortugas por unos días
o semanas. Ellos también salen con nosotros en las patrullas y comparten la
experiencia del trabajo. 
Hay varios momentos que han quedado muy marcados en mi
mente. Entre ellos tengo una patrulla nocturna con Angie (estudiante del
Colegio) y Vitek y Jared (pajarólogos), donde en un momento fue necesario parar
y esperar unos 10 minutos muy quietos, pues estábamos rodeados de tortugas que
llegaban. Detrás y delante nuestro teníamos tortugas saliendo del mar, a media
playa y llegando a la vegetación. Había bastante luz de la luna por lo que se
podían distinguir claramente las siluetas de las tortugas moviéndose lentamente
y el brillo de sus caparazones cuando salían del mar.
Otra noche, estaba tomando el tiempo de cada etapa del
proceso de anidación para una tortuga: Estuve más de una hora en silencio
detrás de ella, viendo cada movimiento de este bello animal. La luna estaba
llena y sin embargo muchas estrellas también resplandecían. La vista clara de
la tortuga con la luz de la luna creaba un ambiente único.
Otra noche de tormenta con Frankie y otros alumnos fue un
poco preocupante, pues los rayos se sentían cada vez más cerca y la lluvia era
tan fuerte que no dejaba ver casi nada. Claro que de todas formas la disfruté.
Esta experiencia ha sido tan intensa que me ha puesto a
reflexionar sobre mi futuro y como puedo seguir colaborando con esta causa. No
quiero que este trabajo con tortugas termine acá, por lo que espero poder
seguir en contacto en mi país con personas que trabajen con estos animales e
integrarme a ellos de alguna forma.
Adicionalmente esta es una invitación para que todos
colaboren. Nunca acepten carne de tortuga, sus huevos u otros elementos
elaborados con estos animales. Ayuden a concientizar a otros que estas especies
están a punto de desaparecer si no hacemos lo debido y en general busquemos
dejar un poco mejor este mundo que cuando llegamos a él.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
DATOS DE INTERES
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Tortuguero
COSTA
RICA: En el país de los Parques
Naturales (Primera parte)
Del 7
al 18 de Agosto.
Luego de realizar el trámite migratorio en el puesto
fronterizo de Peñas Blancas, entraba a uno de los países con mayor interés para
mí. Un país sin ejército, con un porcentaje muy alto de su territorio en áreas
protegidas y con una propuesta económica basada en gran medida en el
ecoturismo; todo esto me atraía para realmente tratar de conocerlo.
Aunque el paisaje Nicaraguense venía muy bello con el lago de Nicaragua y
sus volcanes Concepción y Madera, como telón de fondo, también se notaba que
las áreas cercanas a la carretera estaban destinadas principalmente para la
ganadería por lo que la tala del bosque había sido necesaria. Al pasar a Costa
Rica el paisaje cambió y una vegetación mucho más frondosa fue la vista común
del recorrido, lo que mostraba el buen estado general de toda la región.
La carretera comenzó a subir un poco para llegar al
poblado de ¨La Cruz¨ donde se sentía un ambiente totalmente diferente a
Nicaragua. Muchos letreros en inglés, una organización de la ciudad con
bastante influencia estadounidense y muchas casas también construidas con este
modelo. Me hacia sentir extraño toda esta importación de cultura en un paisaje
muy característico para mí.
En general el estado de Guanacaste es uno de los que
mayor turismo e inversión estadounidense ha atraído y se ve reflejado en todo
su estilo de vida. Ya acá desaparecieron los puestos de comida ambulante y la economía
informal en general, lo que repercutía en unos costos mucho más elevados. De
por sí, al hablar con más de un ¨Tico¨, me comentaban que lamentablemente
varias regiones del país están pasando poco a poco a las manos de extranjeros
con todas las repercusiones negativas que puede traer esta nueva clase de
invasión territorial y cultural. También la exuberancia de los ecosistemas se
está viendo amenazada por esta avalancha de proyectos constructivos, que con
slogans ecoturísticos, lo que están es destruyendo todo a su alrededor.
La costa se veía desde algunos miradores no muy lejana;
pero la lluvia que empezaba a caer, fue dilucidando el deseo de bajar hasta
estas playas. En últimas, pensaba, mi satisfacción de caminar por playas
estaría más que cumplido en Tortuguero, a donde me dirigía a cumplir un
voluntariado de dos meses y medio para trabajar por la conservación de las
tortugas marinas.
El camino me llevó en medio de dos parques nacionales
naturales (El Santa Rosa y el Guanacaste), para luego descender nuevamente a
una planicie costera que primero me llevó a Liberia y luego a mi destino para
mi primer día: Bagaces.
La carretera pasó cerca a los volcanes de Orosí, Cacao y
Rincón de la Vieja, pero por lo nublado del ambiente solo pude contemplar sus zonas
bajas.
Ya en Bagaces, fue la ¨Cruz Roja¨ la que me abrió las
puertas de su institución y pude tener una estadía realmente cómoda. Me
sorprendió el poder escuchar a los monos aulladores o congos a las afueras del
pueblo y en general por todas partes se sentía la fuerza con que el ecoturismo
mueve gran parte de las actividades de la región.
Seguía camino, ahora a otro de los grandes atractivos de
Costa Rica: el Lago Arenal y su volcán. Para ello seguí por un sector plano
hasta el poblado de Cañas donde enrumbé en sentido norte y la carretera también
se perfiló hacia las alturas. Realmente pensé que tenía que subir mucho más
pero afortunadamente el punto más alto de la jornada no superó los 800 metros.
El lago Arenal es un gran embalse ubicado a los pies de
los volcanes Chato y Arenal. Está a 600 msnm y en sus bordes se puede encontrar
todo tipo de servicios ecoturísticos.
Un fuerte aguacero que se me vino encima, me obligó a
parar y pasar la noche en un pequeño poblado al lado del lago. Gracias a Lidieth
Guzmán y su familia pude colocar mi carpa en un lugar resguardado del fuerte
chaparrón que cayó.
A la mañana siguiente y con un muy buen desayuno al que
me invitaron, perfilaba mi rumbo hacia el poblado de La Fortuna. 
La lluvia nuevamente fue mi compañera dejándome listo
para disfrutar de las aguas termales de Tabacón. Afortunadamente existía la
opción de disfrutar de este privilegio gratuitamente pues si quería entrar al
spa que está a su lado, hubiera tenido que pagar 50 dólares (imposible para mí).
Fue una verdadera terapia disfrutar de este lugar por más
de una hora. Lo único malo es que las aguas termales relajan tanto los músculos
que luego es casi un martirio volver a montarte en la bicicleta y seguir
rodando, más cuando lo que seguía era una buena subida.
Luego de pasar por las faldas del volcán Arenal,
descendía rápidamente hasta la ciudad de La Fortuna. Resultó una ciudad
demasiado turística para mi gusto. Es interesante ver que el turismo que
promueven es el ecológico (caminatas, rafting, rapel, etc), pero
definitivamente mi forma de disfrutar de los escenarios naturales ha cambiado y
prefiero buscarlos y encontrarlos de una forma mucho más personal y solitaria.
Justamente lo comercial del lugar hizo que buscar un
lugar para poner mi carpa se convirtiera en misión imposible. Pregunté en
varios lugares y no tuve opciones, por lo cual decidí seguir camino para
encontrar un lugar más tranquilo al lado del camino. Esta búsqueda me llevó
cerca del poblado de Muelle donde en una casa campestre pude tener el lugar
ideal para poner mi carpa. Había llegado a la casa de Oswaldo Hidalgo y Milagro
Rojas, aficionado ecuestres y que por ello justamente tenía en este lugar ¨La
casa del Rodeo¨ donde criaba algunos ejemplares especiales para cuarto de
milla.
Me quedé en un pequeño cobertizo y luego de cocinar y
leer un rato estaba listo para descansar.
El siguiente día afrontaba ahora sí el ascenso a la
sierra. Estaba nuevamente casi al nivel del mar y tendría que subir más de 2000
metros de desnivel. Los primeros kilómetros fueron planos, luego, entre ¨Aguas
Zarcas¨ y ¨San Miguel¨la carretera tenía bastantes subidas y bajadas pues
rodaba a las faldas del volcán Platanar, pero luego de este punto, la carretera empezó a subir de una forma muy
intensa. No me esperaba estos
porcentajes de ascenso, con algunos sectores de casi 10% de
pendiente. Me dirigía a ¨Vara Blanca¨
pero justamente por lo intenso del camino solo llegué hasta la villa de
Cinchona, donde se encuentra un espectacular mirador de la Catarata de la Paz.
Cinchona, que es el nombre científico de la quinina, resultó ser un lugar
muy especial. Allí conocí a Ricardo quien me permitió poner mi carpa en la
entrada de su casa y me presentó a Guillermo Herrera y su esposa Vera Luz,
quienes tienen un lugar encantador con una vista única de la cascada. El lugar,
aparte de la vista, tiene dispuestos una serie de bebederos para colibríes, por
lo que es posible ver gran cantidad de estas aves revoloteando alrededor de la
casa y en sus ventanales.
El camino seguía serpenteando entre bosques casi
intactos, lo que me mantenía distraído mientras avanzaba lentamente. Por fin al
llegar a Vara Blanca me desvié y el camino se tornó más plano, inclusive con
algunas bajadas. Llegaba a Poasito y allí tenía que tomar la decisión de subir
al volcán Poas ese mismo día o esperar a hacerlo bien temprano al siguiente. Al
final terminé almorzando allí y subí un poco más buscando un lugar para poner
mi carpa más cerca de la entrada del volcán.
Afortunadamente pude encontrar ese lugar como a 5 km de
la entrada del Parque Nacional Volcán Poas y dejaba para conocer este lugar
para el siguiente día bien temprano.
El Parque Nacional Volcán Poas cuenta con dos cráteres,
el principal de 1.5 km de diámetro y con una profundidad de 300 metros y la
laguna Botos, un frío lago alimentado por lluvia, que a su vez alimenta al río
Angel. En la actualidad el volcán emite una gran cantidad de gases y vapor de
agua de las distintas fumarolas. Desafortunadamente las nubes cubren temprano
el cráter y a pesar que estuve a primera hora, sólo pude tener unos minutos de
visibilidad antes que se cubriera. Fue especial llegar a este bello lugar
natural y disfrutar nuevamente del frío de montaña y de ese escenario que
embriaga.
Tenía que regresar a Vara Blanca pues me recomendaron que
era la ruta más directa para mi destino del día: Heredia.
El valle central podía verlo desde la altura del volcán,
por lo que sabía que tendría un día descansado, pues la mayor parte del camino
sería en bajada. Y aunque la primera parte realmente me la pasé subiendo y
bajando, ya cuando tomé la carretera final a Heredia casi que los frenos fueron
los únicos que trabajaron.
Llegaba a la región cafetera de Costa Rica. Las matas de café empezaron a aparecer
a ambos lados de la carretera combinados con zonas cada vez más urbanizadas. Me
acercaba al área metropolitana de San José y a mi encuentro con mi amigo Jaime
Victoria.
Heredia es una ciudad cercana a la capital y un poco más
tranquila. Allí contaba con un amigo de mi país y de mi ciudad, que hace ya más
de 5 años vive en Costa Rica.
Luego de llamar a Jaime y andar un poco perdido por el
centro de la ciudad, por fin me encontré con él y pude llegar a su casa para
descansar algunos días antes de mi partida hacia Tortuguero.
En esos días de descanso aproveché para conocer un poco
de Heredia y la ciudad de San José. Pude ir a caminar y conocer sus calles
principales, sus parques y algunos mercados de artesanías. Eso sí, era
necesario hacerlo temprano pues era casi que una regla que aunque amanecía
prácticamente despejado, al medio día estaba todo nublado y la lluvia se venía
con bastante fuerza.
También tuve que ir a la cede de la CCC (Caribbean
Conservation Corporation) en San José. La CCC tiene una estación biológica en
Tortuguero y era allí donde me dirigía a realizar mi voluntariado de trabajo
con la tortuga marina. Tuve que encontrarme con Emma Harrison, quien es la
coordinadora científica, para ultimar los últimos detalles de mi viaje a
Tortuguero.
Dejaba todo listo para partir el 18 de agosto hacia
Tortuguero, en el Caribe Costarricense.
Esta sería una larga pausa de mi recorrido en bicicleta, pero como a la
vez esta en el final del viaje, es la oportunidad ideal para recapitular todo
mi recorrido y tratar de sacar conclusiones del mismo. También es una
oportunidad única para conocer y ayudar a las tortugas marinas, especies que han sobrevivido desde antes de
los dinosaurios, pero que ahora por nuestras acciones egoístas las tenemos al
borde de la extinción.
La experiencia en
Tortuguero es tan especial, que es el tema de la siguiente historia.
AGRADECIMIENTOS
ESPECIALES:
• En
Bagaces: A la Cruz Roja Costarricensepor
recibirme en sus instalaciones. Un saludo especial a William, a Cuco, David,
Enrique, Yadira, Sofía, Bernal y su hijo Bernal Jr.
• En
Tilarán, la ciudad del viento, un agradecimiento especial a Anais de la ¨Soda
la Amistad¨, quien luego de conocer mi historia no me cobró el almuerzo que
había ordenado. Una deliciosa comida y mucho mejor el calor humano que Anais
tiene con todos sus clientes.
• En la
Laguna Arenal, en la villa del Aguacate un saludo a Lidieth Guzmán y sus hijos
Jeisson y Katy por permitirme quedarme en su garaje y su invitación a un
delicioso desayuno antes de mi partida.
• Cerca de
Muelle, en el río Piedras Blancas, gracias a Oswaldo Hidalgo y Milagro Rojas de
la Casa del Rodeo por permitir colocar mi carpa en su propiedad.
• En
Cinchona gracias a Ricardo por permitir colocar la carpa en la entrada de su
casa y gracias también a Guillermo Herrera y Vera Luz por la invitación a café
y brindarme su confianza y amistad .
• Gracias a
Raul Gutierrez por permitir colocar mi carpa en su casa antes de dirigirme al
volcán Poas.
• A Ana y
Erico Pisani, pareja de españoles que me invitaron la entrada al parque
nacional Volcán Poas.
• Un agradecimiento muy
especial a mi amigo y compatriota Jaime Victoria por recibirme en su casa y ser
mi anfitrión estos días en la ciudad de Heredia. Gracias por mostrarme la
ciudad y por ayudarme en cuanto necesité en esos días por mi paso en la ciudad
(Incluyendo el dejar a Monarca y gran parte de mi equipo en su apartamento
mientras realizo el voluntariado en Tortuguero).
DATOS DE INTERES
Días de recorrido: 12
Días totales de viaje: 413
Kilómetros recorridos: 393
Kilómetros totales: 22179
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Costa Rica
NICARAGUA: Entre Lagos y volcanes
Del 25
de Julio al 7 de Agosto.
Luego de coronar la buena subida que me llevaba a la
frontera y de realizar el trámite migratorio respectivo, que afortunadamente no
se demoró demasiado, entraba a Nicaragua por un sector muy bonito de montaña
con gran cantidad de pinos y un paisaje especial para tomar fotografías. Luego
de un descenso de casi 20 kilómetros llegaba a Ocotal mi primera ciudad de
este, mi octavo país en el recorrido.
Sentí algunos cambios leves, pero en general se respiraba el mismo ambiente
cordial de mis anteriores países.
Saliendo de Ocotal volvía a subir un poco y aunque quería
acercarme lo más posible a Estelí, al realizar una parada fortuita en el
¨Centro Solar¨, me cambiaron los planes. El Centro Solar maneja un programa que
promueve el uso de fuentes alternativas de energía, especialmente la solar y
justamente en esos momentos se encontraba dictando un curso para la
construcción de hornos solares. Pude conocer a su directora Susan, a varios
miembros de la comunidad y a los amigos que estaban tomando el curso, todos
ellos estadounidenses. Al final del día
terminé aprendiendo bastante sobre la construcción de estos hornos solares,
compartiendo con este especial grupo de nuevos amigos, comiendo en la casa de
uno de los miembros de la comunidad de ¨Sabana Grande¨ y durmiendo en la sede
del Centro Solar.
La carretera me llevó un poco más abajo a la zona de
Estelí donde se produce uno de los mejores tabacos de Centro América y aunque
allí había buenas posibilidades de encontrar lugar para alojarme decidí seguir
camino buscando el cruce de carreteras que me desviaban a León.
Como me venía sucediendo, nuevamente rompí un par de
rayos traseros, lo que me obligó a parar en el poblado de La Trinidad donde
pude resolverlo de una forma muy rápida. Allí averigüé con la alcaldía mi
posibilidad de quedarme y cuando me dieron la opción de colocar mi carpa en el
polideportivo municipal, eso sí, luego de los partidos de baloncesto, me relajé
para descansar allí mismo. Al final los partidos terminaron un poco tarde y
casi a las 11 de la noche pude acostarme a dormir.
El siguiente día desviaba para León, una de las ciudades
más bonitas de Nicaragua, pero para ello tuve que tomar una carretera bastante
deteriorada. En algunas partes parecía que hubiera sido parte de un campo de
batalla, llena de cráteres que obligaban a rodar muy lentamente. Lo bueno era
que por esta misma razón la vía era casi completamente para mí. Muy pocos
carros pasaban por allí. Terminaba mi descenso para ponerme casi al nivel del
mar y esto me acercaba a la cadena de volcanes que atraviesan Nicaragua.
La primera imagen que tuve al bajar de la Sierra fue
justamente del Volcán Momotombo y luego de este empezaron a aparecer el volcán
Cerro Negro, el Bombacho y algunos otros, cada uno con algo especial.
Me acercaba a León pero como el camino trae sorpresas,
tuve la grata compañía de Hananías y Edwin, dos hermanos que regresaban en sus
bicicletas a casa. Luego de hablar un poco con ellos, me invitaron a pasar por
su hogar y a pesar que tenía tiempo suficiente para llegar a León, decidí
quedarme allí y compartir con toda su familia de una tarde muy agradable.
Sentarse con tranquilidad y conocer un poco de la forma de pensar, de vivir y
de sentir de parte de ellos, tiene un gran valor y realmente se aprende
muchísimo.
La sencillez que tienen muchas de las personas con
quienes he convivido trae consigo otros aspectos y valores muy importantes. La
entrega, la espontaneidad, la sinceridad y la amistad afloran de forma mucho
más natural.
Llegaba temprano a León y para poder caminarla, dejé a
Monarca en la Cámara de Comercio. León es una de las ciudades con más historia
en Nicaragua, sus iglesias son una muestra de la historia del país y en sus
paredes y algunos murales se puede conocer un poco del proceso que llevó al
Sandinismo hasta la dirección del país.
León también es la ciudad del poeta Rubén Darío, es la ciudad que
recuerda que había divisiones entre indígenas y mestizos, la ciudad que muestra
en algunas ruinas lo crudo de la guerra interna y que en sus calles y
construcciones coloniales ahora deja ver lo esplendorosa que fue su historia.
En León pude contactarme también con Victor, el director
de la Aldea Infantil SOS de la ciudad y esa misma tarde me dirigí para allí. En
la Aldea pude conocer a los niños y compartir con ellos de unos agradables
momentos. El relato de esta visita y las fotos podrán verlas en la sección
dedicada a las Aldeas Infantiles SOS.
Dejaba la Aldea Infantil SOS y partía de León rumbo a la
capital de Nicaragua. Antes de esto pasé por algunos pueblitos cercanos al lago
de Managua. Pude pedalear cerca de las ruinas de León Viejo, cuna de la primera
capital del país y al final del día llegué al poblado de Nagarote. Allí llegué
directamente a su cuerpo de bomberos y tuve la grata sorpresa que la ciudad se
encontraba en pleno carnaval. Tuve la suerte de ver de forma resumida en esta
tarde, las diferentes manifestaciones culturales de todo el país. Sus danzas,
trajes típicos y costumbres pasaron delante de mí con toda la gama de colores y
sonidos que un carnaval puede ofrecer. Fue un regalo inesperado y muy
agradable.
Managua estaba cerca y la siguiente Aldea Infantil SOS, también. Partí
temprano de Nagarote y seguí muy cerca
del Lago de Managua. La capital se empezó a sentir al encontrar más poblados y
cada vez más grandes. Esta vez llegué
directamente a la Aldea Infantil SOS y me recibió Rolando su director. Gran
persona que me abrió las puertas de la Aldea para que mi paso por la ciudad
fuera el mejor posible.
Esa tarde fui con Rolando a conocer un poco de la ciudad
en especial su zona central que fue
destruida por un terremoto y de la que solo quedan pocos lugares como su
catedral y otras construcciones en estado de abandono. El día siguiente tuve algunas entrevistas
para medios locales y al tercer día tuve el encuentro con los niños de la
Aldea. Como siempre recibí mucho de ellos y toda la experiencia se constituyó
en otra fuente de energías y motivación para continuar con mi recorrido. La
historia y fotos las pueden ver en la sección de las Aldeas.
Salía de Managua rumbo a Granada, tal vez la ciudad más
emblemática y turística de Nicaragua. Estaba cerca, pero antes de ir allí
quería visitar el Parque Nacional volcán Masaya. Realmente el cráter más
visitado por su actividad constante es el Santiago y el cráter del volcán
Masaya está inactivo. Llegué a la cumbre del volcán Santiago empapado de sudor
por la fuerte subida que tuve en los últimos 2 kilómetros, pero la vista del
cráter y de su constante fumarola valía realmente la pena. Hice el recorrido
adicional alrededor del cono volcánico de Masaya desde el que se puede ver el
Lago de Managua, el volcán Santiago, el Lago y la ciudad de Masaya y la ciudad
de Granada a lo lejos con el Lago de Nicaragua como Telón de fondo.
Era una vista única. Lamentablemente estaba un poco
nublado pues en días despejados se pueden ver casi todos los volcanes del país.

Al bajar al poblado de Masaya tuve el grato encuentro con
Iscle y Roger, dos ciclistas españoles que venían desde Cancún. Llevaba mucho
tiempo sin rodar con otro ciclista y luego de intercambiar rápidamente nuestras
historias, decidimos rodar juntos hasta Granada. Salimos de Masaya con un poco
de lluvia, pero rápidamente estuvimos en la ciudad emblema de Nicaragua.
Realmente me impactó su sector colonial, con su iglesia imponente de un color
amarillo intenso.
Mis amigos se hospedaron en un hostal, mientras que yo me
fui para los bomberos donde me recibieron muy bien. Esa noche nos encontramos
nuevamente para recorrer la ciudad, que a estas horas tiende a tomar un aire
más especial que evoca tiempos pasados.
Al siguiente día salí bien temprano para recorrer la
ciudad con la tranquilidad que da la soledad de las horas de madrugada. A esas
horas los turistas duermen y de esa forma pude dar un recorrido por sus calles
y sectores sintiendo de una forma más propia su espíritu.
Como el ferri para la isla de Ometepe salía hasta al
siguiente día, decidimos con Iscle salir esa misma tarde en nuestras bicis
rumbo a San Jorge, para tomar el ferri desde este puerto más cercano. Roger se
quedaba un día más y nos alcanzaría en la isla. Sin embargo el plan cambió al
encontrarnos un río especial para nadar. Al final no pudimos aguantar la
tentación de parar y disfrutar del lugar con un grupo de niños que disfrutaban
de sus aguas. De esa forma llegamos tarde a San Jorge, lo que nos obligó a
quedarnos en un hostal y dejar para el siguiente día temprano nuestro paso al
tesoro natural de Ometepe.
La isla de Ometepe está dentro del Lago de Nicaragua y es especial por
estar conformada por dos volcanes hermanos: el
Concepción y el Madero.
Junto con Iscle nos dirigimos a la villa de Bague que
queda a los pies del volcán Madero, pues nuestra intensión era subirlo al
siguiente día. Esa noche nos quedamos acampando al lado del lago y a los pies
del volcán.
El día amaneció nublado y el volcán mantenía su manto de
niebla que no auguraba buena visibilidad. Sin embargo los ánimos estaban altos
y empezamos el ascenso en medio de una vegetación cerrada y de una lluvia que
cada momento se ponía más fuerte. Realmente nunca pudimos ver el paisaje que
quedaba bajo nuestros pies, pero sí tuvimos que sortear, luego de que el
aguacero se hizo más fuerte, un sendero resbaladizo y complicado que en sectores
asemejaba un arroyo.
Por fin llegamos a la cima del volcán y bajamos hasta la
laguna que está en lo que era su cono. Queríamos tomar un baño en sus aguas
pero los rayos que caían cerca nos hicieron cambiar de opinión.
Bajamos cansados pero contentos de este ascenso fuerte
para encontrarnos nuevamente con Roger que ya había llegado.
La tarde la tomamos muy relajada para descansar de la
caminata y así pudimos conversar de nuestras particulares experiencias.
Me separaba de mis amigos Iscle y Roger, pues a la mañana
siguiente yo partía para la frontera con Costa Rica y ellos se quedaban en el
lago de Ometepe para tomar otra ruta.
Aunque el camino hacia mi noveno país no tenía mucha
montaña, fue un poco más largo de lo esperado y como tuve que esperar a que el
ferry me pasara nuevamente a San Jorge la decisión de llegar ese día a Costa
Rica se fue difuminando lentamente. Sabía que en el trámite migratoria
necesitaría por lo menos de una hora y por ello al llegar al pequeño poblado de
Sapoa, decidí buscar donde colocar mi carpa. Estaba a 5 km de la frontera pero
prefería dejarlo para el siguiente día.
En Sapoa encontré a Aldo Moisés quien al saber que estaba buscando lugar
para colocar mi carpa me invitó a su casa con su familia para compartir esa
noche. Nuevamente alguien que era extraño en apenas 5 minutos de plática me
abría las puertas de su casa. Ese tipo de actitudes son las que te enseñan
mucho más que una cátedra de amor al prójimo.
Luego de pasar una noche muy cómoda partía para Costa
Rica y dejaba así a Nicaragua. Costa Rica se me presentaba muy interesante por
su fama en la conservación del medio ambiente, pero a la vez con mayores
limitantes por ser un país muy costoso. Sin embargo esas historias vendrán más adelante.
AGRADECIMIENTOS
ESPECIALES:
Managua
Granada
San Jorge
Sapoa
DATOS DE INTERES
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Nicaragua
MI
PASO POR HONDURAS
Del 8
al 25 de julio
Antes de llegar a la capital de Honduras mi idea fue
realizar un recorrido por buena parte del país incluyendo una visita a su costa
Atlántica.
Sin embargo antes de ir al norte mi primer destino estaba enfocado en
conocer a otra de las joyas del mundo maya:
Copán.
Por ello mi entrada a Honduras la hice por la frontera
del "Poy" y ese mismo día tuve una larga pedaleada para poder llegar
hasta Santa Rosa de Copán. Mi primer día en Honduras tuve que subir mucho y por
ello llegué a la ciudad cuando empezaba a oscurecer. Esta vez fue la Cruz Roja
la que me abrió las puertas de su casa para poder tener un buen descanso.
Mi camino me acercaba a las ruinas de Copán, pero para
ello tendría que desviarme bastante de la vía principal. Por ello al llegar a
"La Entrada", la mejor opción fue descansar allí y dejar para el
siguiente día mi visita a las ruinas. Realmente no valía la pena hacer este
recorrido en bicicleta, por lo que nuevamente tuve la ayuda de la Cruz Roja de
esta ciudad para hospedarme y para dejar mi bicicleta mientras iba en bus a
este lugar arqueológico.
Bien temprano me dirigí a las ruinas de Copán y ya a las
8:30 estaba entrando a conocer la última zona arqueológica de mi ruta.
Copán está ubicada en otro escenario espectacular. Una
vegetación exuberante envuelve los alrededores y sirve de marco ideal para
contemplar las ruinas y monumentos prehispánicos. Ver guacamayas revoloteando
sobre las cabezas de todos los visitantes es algo común.
Algo sobresaliente y especial de Copán son la gran
cantidad de estelas y altares que adornan todos los patios del complejo
arqueológico. Visitar Copán obliga a visitar su plaza de las Estelas, la
Plaza Central, el campo de Pelota, la Plaza de la Escalinata de los
Jeroglíficos y los patios occidental y oriental. Otra opción es entrar a
conocer las excavaciones que se han hecho para conocer un poco más de las
técnicas de construcción, pero te cobran demasiado por este pequeño circuito
adicional.
La escalinata jeroglífica contiene el texto maya más
largo hasta ahora encontrado, con más de 1250 jeroglíficos, aunque su lectura
hasta ahora es incipiente. También sobresale el altar Q donde se representa la
secuencia dinástica de los 16 gobernantes de Copán.
No deja de sorprender cada una de estas ciudades y al
terminar en Copán mi periplo de la cultura Maya, se que apenas vislumbré una
ínfima parte de esta gran cultura.
De regreso en "La Entrada" pude ayudar a los
bomberos en algunos preparativos de la feria que se aproximaba en la ciudad,
incluyendo acompañarlos a algunos barrios marginales a llevarles unas piñatas a
los niños. Fue muy bonito compartir con estos amigos estos momentos.
La carretera al acercarse a la costa en su mayoría era en bajada por lo que al
siguiente día pude hacer bastantes kilómetros para llegar a la ciudad del
Progreso.
Tuve la fortuna de llegar en el momento oportuno a la
estación de bomberos donde me alojaron, pues a los 5 minutos las nubes negras
que rondaban las montañas cercanas descargaron el agua con toda su fuerza
posible.
El clima continuaba despejado por las mañanas pero casi
que era una norma que en la tarde era necesario estar bien refugiado para el
palo de agua que se dejaba caer. Por ello procuraba iniciar mis jornadas
temprano para que luego del medio día estuviera terminando la jornada.
Del Progreso continuaba la ciudad costera de Tela. Tuve
algunas subidas para poder disfrutar de las playas pero luego de 80 kilómetros
nuevamente estaba en el Caribe.
Estuve como una hora en la playa relajándome y hasta
tomando una siesta, luego me fui al centro de la ciudad para buscar a los
bomberos. Una parada adicional en el muelle permitió conocer a otros amigos
incluyendo uno que me comentó de un colombiano viviendo en Tela. Antes de ir a
los bomberos decidí pasar por el restaurante de mi compatriota. Resulto que
¨Oviedo¨, como todos lo conocen en Tela, no solo me recibió de forma excelente,
me invitó a comer y hasta me abrió la posibilidad de ir al siguiente día a una
de las playas más bonitas de las cercanías.

Esa noche me quedé con los bomberos de la ciudad que como
siempre abrieron las puertas de su institución para que tuviera una estadía
placentera.
Al siguiente día al final no salió viaje a Punta Caracol,
pero descansé bastante caminando por las playas de la ciudad y por la tarde
compartiendo con mi amigo colombiano mientras que caía un fuerte aguacero que
convirtió las calles en ríos.
La carretera costera continuaba más al oriente para llegar a La Ceiba. Este tramo
resultó un poco más largo de lo esperado pero a su vez no resultaba aburrida ya
que el paisaje se mantenía espectacular entre el mar que asomaba en ocasiones a
un lado del camino y ríos y montañas que tenía al otro costado, donde el parque
nacional Pico Bonito sobresale por su belleza. Al final llegaba nuevamente a
los bomberos que para mí se han constituido como en un segundo hogar.
Luego de instalarme fui a conocer la ciudad donde pude
constatar que hacer la visita a las islas era demasiado costoso. A pesar que
muchas personas me recomendaron visitarlas, el costo era muy elevado para
simplemente ir por un día o dos. Por lo cual preferí continuar camino al día
siguiente.
Me encontraba recorriendo mis primeros 20 km hacia el
oriente, cuando me encontré con Karla, una chica ciclista que paro para
conversar y terminó invitándome a desayunar en su casa. Allí conocí a su
hermano que también practica el ciclismo y luego de conversar un rato la
decisión de quedarme no fue difícil de tomar.
Por eso con más calma fuimos a la playa a darnos un buen
baño y luego como para terminar el tratamiento relajante fuimos a una poza cercana
que formaba un río de aguas cristalinas. Es realmente un lugar privilegiado al
tener mar, montaña, ríos y selva todo en un mismo lugar.
Esa tarde fuimos a La Ceiba para conocer a otros amigos
ciclistas y luego regresamos a casa para descansar y ahora si preparar mi
despedida de la costa Atlántica por un buen tiempo.
Al día siguiente Karla me acompañó por unos 20 km hasta
la casa de sus padres donde antes de continuar camino llené mis tanques con un
muy buen desayuno. El camino continuó con un paisaje espectacular con quebradas
bajando de la montaña constantemente. Mi destino fue el poblado de ¨Saba¨ donde
existe una pequeña estación de bomberos y donde por supuesto tuve cama y nuevos
buenos amigos.
Me empecé a preocupar cuando todas las personas coincidían
con relación a lo peligroso que era el camino que iba a tomar rumbo a la
capital. Mi plan era tomar la carretera sin pavimento que atraviesa el estado
de Olancho y cada vez que me acercaba a este lugar, los comentarios eran
peores. Nadie me auguraba que saldría con mis pertenencias de la que muchos
llaman la "carretera de la muerte".
Al rodar los últimos kilómetros de pavimento inclusive me
encontré otro ciclista que me recomendaba tomar un bus y al llegar al cruce de
caminos donde debía tomar la nueva ruta, los policías que estaban allí me
aseguraban que me robarían y que adicionalmente tendría que tener cuidado con
el grupo de los "AKAS" que andaban con armamento pesado en la zona.
Ya no sabía que hacer y luego de meditarlo un poco llegué a la conclusión que
mi seguridad era lo fundamental. Con la idea de tomar el bus de la mañana
esperé como media hora y me monté sin ganas al bus. No se si era el destino que
quería que no tomara buses en mi viaje, pero este se varó a los 300 metros de
recorrido. Ni formas, bajé nuevamente mi bicicleta y empecé a rodar pensando
que en últimas tomaría el bus que enviaran de remplazo en una hora.
Con miedo y viendo fantasmas en cada curva continué mi camino realmente
solo. Un carro asomaba por mucho cada media hora, pero poco a poco me fui
tranquilizando y tomando las cosas con calma. Al final luego de 2 horas pasó el
bus pero no me recogió y así la obligación de hacer el recorrido a pedal estaba
definida. La Unión resultaba más lejos de lo esperado y sin más opciones de
parada para el final del día tuve que recurrir a una camioneta que me ayudó
unos 15 km de pura subida. Realmente sin esta ayuda hubiera llegado de noche al
poblado y era lo último que quería para ese día.
En la Unión tuve la fortuna de conocer a Carlos Jiménez,
su esposa Marixa y sus 5 hijos. Me acerqué a comentarles que necesitaba un
lugar para poner mi tienda y terminé invitado a cenar y con un colchón dentro
de la casa.
Con este calor humano terminé de tranquilizarme y sentir
que en muchas ocasiones el miedo es el principal enemigo de las propias
decisiones y acciones humanas. Aunque la región ha tenido historias no muy
agradables y por ello las recomendaciones y los cuidados adicionales, este paso
me trajo a la mente a mi país, pues algo parecido es lo que puede pasar a
muchos otros viajeros que dejan de conocer a mi querida Colombia por toda la
mala reputación que tiene hacia el extranjero.
Toda esta región de Olancho se caracteriza por sus
bosques de pino que en sus 3 variedades principales, se encuentran desde casi
el nivel del mar hasta regiones un poco altas y frías. Por ello la extracción
maderera es la actividad principal de la zona.
De la Unión tenía todavía unos 65 kilómetros sin
pavimento y aunque empezaron los primeros 20 con un clima seco, el cielo cada
vez se tornó más gris hasta que la lluvia se convirtió en mi compañero de todo
el día de pedaleada. La lluvia tornó el camino más complicado y a pesar de que
no estaba rodando en zonas muy altas, en las bajadas mis brazos se erizaban del
frío que sentía. No sé si parecía como un poco complicada mi situación, que
hasta tres carros pararon a ofrecer llevarme y sacarme de este lugar. Sin
embargo yo estaba disfrutando de la situación y nunca pasó por mi mente aceptar
dicho ofrecimiento.
Salía por fin al pavimento y otra vez la preocupación de
rodar por la orilla y el estar pendiente de los autos y camiones volvía a
aparecer. Paré a almorzar en un restaurante al lado de la carretera y creo que
su propietaria al verme empapado y al saber de donde venía se solidarizó
conmigo que al final no me cobró el almuerzo.
El aguacero se hizo más intenso pero por fin llegaba a mi
destino: Guaymaca. Allí terminé siendo entrevistado por Orlando en un canal local
de televisión y gracias a él, pude tener una noche de bastante comodidad en un
hotel de la ciudad y gracias a otros amigos anónimos que vieron el programa
tuve cena y desayuno.
Mi destino estaba ahora en llegar a Tegucigalpa donde me
esperaban unos amigos colombianos. A pesar que todo indicaba que el agua
nuevamente sería mi compañero de viaje, al final solo unas pequeñas goteritas
aparecieron y de esta forma llegué seco a la capital.

Tegucigalpa ha sido la capital Centro Americana con más
complicaciones para entrar. Muchos barrios marginales y calles angostas y
complicadas de entender, pero no faltaba también la gente que me lanzaba una
sonrisa o que me levantaban sus brazos en gesto de saludo. Era necesario tener
mayores precauciones en estos lugares, pero a la vez los gestos positivos de la
gente también aparecían por doquier.
Por fin me encontré con mis amigos Armando y su hermano
Leonardo. Fue como llegar a casa después de un largo viaje. Me recibieron como
si me conocieran de años atrás y yo fuera un miembro más de la familia. Para mí
era realmente necesario este descanso y esta tranquilidad. Llevaba varios días
de constante pedaleo y sentir sobre todo la amistad de Leo y Armando
reconfortaba rápidamente frente a los días de lluvia y los kilómetros
realizados.
En Tegucigalpa tuve tiempo para descansar, conocer un
poco de la ciudad, estar en algunas entrevistas para algunos periódicos de la
ciudad y nuevamente dejar mi equipo listo para continuar. Estuve como 5 días en
la ciudad dentro de los cuales llegó Cielo la prima de mis amigos que también
con su alegría y buen ambiente terminó por completar unos días espectaculares
en la ciudad.
Daba tristeza seguir dejando a mis amigos, inclusive
estuve tentado a quedarme por lo menos otro día más, pero al final necesitaba
avanzar para entrar a mi siguiente país.
Salir de Tegucigalpa no fue tan rápido pues tuve que
sortear unas buenas subidas antes de descender a la zona Tabacalera de
Danlí. Allí y con un aguacero que me
pisaba los talones pude alojarme nuevamente en su cuerpo de bomberos. Quedaba ahora si, realmente cerca de la
frontera y solo una buena subida me separaba de mi octavo país en el recorrido.
Honduras como ha sido la constante en los países centro
Americanos, me ha brindado mucho más de lo esperado, en cuanto a su gente y a
sus paisajes. Me queda la sensación de solo haber conocido una parte pequeña de
todo lo que ofrece, pero a su vez la satisfacción de haber visitado muchos de
sus lugares más bellos.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
En La Ceiba
En Sabá
La Unión
En Guaymaca
Tegucigalpa
Danli
DATOS DE INTERES
Completaba así mi séptimo país del viaje.
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Honduras
DEL
MAR A LA MONTAÑA EN EL SALVADOR
Del 3
al 8 de julio, 2008
Entraba al Salvador muy cerca de la playa y por ello los
primeros kilómetros fueron bastante planos y sencillos en medio de un paisaje
siempre verde y húmedo.
Mi primer día en este pequeño pero interesante país, quería
pasarlo en una playa, por lo que fue necesario hacer un poco más de 70 km hasta
que las palmeras de coco fueron visibles y el olor y la sensación que deja el
mar se sentían en el ambiente. Llegué a la playa de Sihuapilapa y era el lugar
ideal para pasar el resto de la tarde. Dejé mi bicicleta y caminé un poco por
ella. Estaba en estas cuando en una de las casas que dan a la playa se
encontraban unos muchachos realizando el trabajo de mantenimiento de sus redes
de pesca. Entré, les comenté de mi
viaje y luego de la consulta obligatoria a sus padres ya tenía lugar para
poner la carpa esa noche.
Con la tranquilidad que da tener el lugar de descanso,
fui a caminar un poco más lejos y tomar unas fotos. Esa noche pude hablar con
varios miembros de la familia Hernández que cuidaban esa casa y también se
dedican a la pesca. Pude compartir con ellos la cena y al final me invitaron
para que al siguiente día los acompañara a recoger las redes que habían dejado
puestas.
Esa noche, como de costumbre en esos días de invierno,
cayó un fuerte aguacero, pero afortunadamente yo estaba acampando debajo de una
maloka o palapa. Fue muy especial esa noche dormir con el sonido de las olas
rompiendo fuertemente, el viento soplando y la lluvia cayendo a mi alrededor.
La mañana siguiente me tuve que levantar bien temprano
pues la intención era salir a las 6 de la mañana a recoger las redes. Tuve todo
listo a la hora fijada y tardamos como 2 horas en el proceso de recoger 3
trasmallos. Lo único malo era que por la
tormenta de la noche, el mar estaba muy movido y en todo el proceso yo ya
andaba muy mareado por el movimiento constante del bote.
Ya en tierra firme y respirando bien profundo para que me
pasara el mareo, pude desayunar y luego de despedirme de toda la familia seguí
camino.
A pesar que el camino ahora seguía pegado a la costa, la
montaña llegaba también a sus pies y eso hizo que la carretera no parara de
bajar y subir; inclusive tuve que pasar 5 túneles y muchos puentes. En fin un
camino lento pero muy bonito, al tener el mar y sus acantilados a un lado y la
montaña y selva al otro.
De esta forma me fui acercando al puerto de La Libertad
donde el camino volvió a ponerse un poco más plano.
No quería pasar la noche en este lugar y quise avanzar un
poco más por la carretera que empezaba a subir a la capital. Ascendí únicamente
4 kilómetros donde tomé la decisión de buscar un lugar para pasar la noche.
Estaba en estas cuando encontré una bonita casa al lado de la carretera y paré
a preguntar. Luego de hablar con Ibeth, pude consultarle a Don Lito, su
propietario, quien muy amablemente me ofreció aparte del lugar para quedarme,
un buen baño en la piscina y hacer canoping en las instalaciones que tenía en
su propiedad para este deporte de aventura. Resultó que yo ni siquiera me había
dado cuenta del anuncio a la entrada de la casa.
Con la ayuda de Diego y otros muchachos, me facilitaron el arnés y el
equipo necesario y nos fuimos a lanzarnos por varios cables que rozaban los
árboles. En total fueron unas 6 estaciones donde pude bajar rápidamente.
Una estadía única tuve acá donde después de esta
diversión inesperada pude compartir con la familia de una deliciosa cena y ya
en la mañana, nuevamente del baño en la piscina antes de partir hacia la
capital.
Estaba a tan solo 29 km de San Salvador, pero en su gran
mayoría fueron de subida lo que hizo que los terminara en casi 3 horas. Al
final llegaba a la capital y me dirigía donde mi contacto Diego Barrios y su
tienda de bicicletas Bicimanía.
Gracias a Diego tenía un lugar para quedarme el tiempo
que necesitara y terminé conociendo a varios amigos que practican el ciclo
montañismo en la ciudad. Dentro de ellos conocí a Cesar Solano, un Colombiano
que hace varios años vive en el Salvador.
Al siguiente día justamente me encontré con Cesar, Oscar
y Alexander, otro par de amigos amantes del ciclismo. Desayunamos y luego de
una buena charla tuve la invitación de Oscar y su hermano Alexander para
conocer la ciudad y luego con su familia nos fuimos a almorzar unos deliciosos
mariscos.
Esa noche fui a descansar a Bicimanía con la grata
compañía de mi amigo Ricardo. Realmente me empezaba a sentir mal, pues una
gripa cada vez se manifestaba con más fuerza.
Partía al siguiente día buscando acercarme a la frontera
con Honduras, el camino en su primera parte fue ondulante y luego una muy buena
bajada hizo que los kilómetros pasaran rápidamente. Sin embargo luego de esta
parte relajada el camino volvió a subir y los kilómetros se hicieron muy, pero
muy lentos. Adicionalmente la gripa no me había dejado y por el contrario este
día mi cuerpo tenía los peores síntomas con dolor de huesos y debilidad general
lo que hizo de esta parte del recorrido una experiencia no muy agradable.
Subía por la ruta de las artesanías, por lo que al final
del día pude visitar el pueblo de La Palma donde realizan trabajos artesanales
de diferente tipo, en especial bonitos grabados en madera y cerámica. Sin
embargo no encontré donde quedarme allí y avancé hasta San Ignacio, otro
pequeño poblado donde gracias a Manuel López, su esposa Magdalena y su familia
pude quedarme en el centro Scout que tienen allí.
Estaba realmente cerca de la frontera con Honduras y a
pesar de corto tiempo que pasé en El Salvador, mi paso por este país se llenó
de buenos amigos, bonitos paisajes y gratos momentos. A pesar de algunas
advertencias sobre el tema de seguridad, que son las básicas cuando viajas,
encontré un país que vale la pena visitar y disfrutar.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
En San Salvador
En San Ignacio
ALGUNOS DATICOS DE INTERES
Días De viaje por el Salvador: 6
Días acumulados en el viaje: 372
Kilómetros recorridos: 264
Kilómetros acumulados 20154
Me agarró por fin la primera gripa en todo el viaje.
Más fotos de este recorrido : Fotos
El Salvador
RECORRIENDO
LAS MONTAÑAS GUATEMALTECAS
Desde
Cobán hasta la salida al Salvador: del
19 de junio al 3 de julio.
La geografía del interior de Guatemala tiene mucha
montaña y se caracteriza por una serie de volcanes (12 en total) que atraviezan
todo el país.
Otra característica que solo he encontrado aca, es que buena parte de sus
carreteras están diseñadas con una inclinación alocada. Parece que los
ingenieros de vías en este país no se tomaron la molestia de analizar rutas más
suaves sino que escogieron en muchos casos unos toboganes casi imposibles para
hacerlos en bici.
Salí de Cobán dejando unos buenos amigos y tomaba camino
rumbo a Chichicastenango para conocer este mercado tradicional que tiene gran
fama en el país.
Un pedacito de la ruta sin pavimento y sin casi carros,
me llevó a algunos lugares muy bellos que no aparecen en las rutas de viajeros.
Eso si, las montañas se perdían en el
horizonte y la necesidad de bajar hasta encontrar un río y luego volver a
escalar al otro lado de la montaña, con esas inclinaciones poco convencinales,
eran la constante del recorrido.
La ruta me llevó a algunos poblados como San Cristobal
Verapaz, Santa Cruz Verapaz y Chicamán, donde me quedé en la iglesia, gracias
al padre Felix.
Poco a poco fui ascendiendo hasta pasar de los 2100
metros para luego tener que bajar fuertemente hasta el poblado de Sacamulas,
1000 metros más abajo. Era como empezar de nuevo el ascenso. Era necesario
tener paciencia y volver a mirar hacia adelante y hacia arriba para volver a
remontar el siguiente paso. Esa noche me pude quedar en una escuelita en medio
del campo donde una tormenta que se desató, convirtió el lugar en el ideal para
un cuento de terror.
Me acercaba ahora si al poblado de Chichicastenango. Por
fin no tuve que bajar más de lo que había subido y fue una jornada más bien de
culumpios, algunos suaves, otros al estilo de las vías guatemaltecas: lentas,
sudando por montones y de mucha paciencia.
Chichicastenango tiene su típico mercado dos veces por
semana: los jueves y domingos y a pesar que llegué el sábado ya se podía sentir
la fuerza del lugar. El mercado parecía activo, aunque realmente muchas
personas estaban preparándo su lugar para el siguiente día. Estuve recorriendo
la ciudad, almorzando en su mercado y al final gracias a los Bomberos
Voluntarios del lugar tenía garantizado mi hospedaje allí. 
El siguiente día me fui temprano al mercado para ver el
movimiento y sentir el espíritu del lugar. Mucho movimiento, color, gente de
todos los alrededores, lengua maya por doquier, trajes de distintos grupos,
todo al mismo tiempo y en un lugar reducido.
Muchos estaban terminando de colocar su sitio de ventas y
hasta la salida de la iglesia se llenó de flores e incienso. Fue realmente
especial recorrer este lugar con tanta gente alrededor y sentir la fuerza de su
ambiente. Inclusive entré a la misa de las 10, la cual se reza en español y en
lengua maya y en algunos ritos los hombres están con sus trajes típicos.
Ese mismo día, ya un poco tarde seguí camino ahora hacia
otro destino obligatorio en Guatemala: El lago de Atitlán.
Aunque el lago estaba a casi 500 metros por debajo del
nivel de Chichi, me pasé la mayor parte del día nuevamente subiendo. Algunas
cuestas casi imposibles y al tomar una vía central por un momento la carretera
volvía a subir de una forma normal. Claro que este contentillo duró poco pues
nuevamente al salir a otra vía secundaria, esta nuevamente se empinaba como
queriendo no cortar camino. Eso sí, el descenso final al lago fue de bastante
adrenalina. En menos de 10 km bajé 1000 metros con algunos sectores de curvas
tan cerradas que tenía que tomarlas a menos de 10 km por hora. Tenía que estar
muy concentrado pues no podía dejar tomarle ventaja a mi pesada bicicleta.
Cuando por fin el lago apareció fue una vista increíble: Su color azul intenso
con un telón de volcanes a sus lados y una serie de pueblitos regados en sus
orillas. No podía levantar la mirada muy seguido por lo cual era preferible
parar y disfrutar del escenario.
Gracias a las orientaciones de Edward, a quien encontré
pinchado al lado del camino, pude llegar a mi destino en San Juan de la Laguna
y al cuerpo de Bomberos Voluntarios. Resultó que San Juan estaban en ferias y
fiestas por lo que tenía un movimiento inusual, pero a su vez podría ver
aspectos especiales de su cultura.
Gracias a Abel Pérez, uno de los bomberos, pude visitar las cuatro
cofradías que en honor a algún santo se mantienen en una casa de la comunidad y
que para las fiestas se sacarían en procesión. También pude participar de parte
de estos ritos y tomar Etole, una bebida a base de maiz con anís que brindan en
cada una de las paradas de la cofradías.
Ese día me quedé en San Juan hasta las 3 de la tarde pero
quería pasar al otro lado del lago para conocer un poco de Panajachen antes de
seguir el recorrido. Fue así que me fui para San Pedro de la Laguna a tomar la
lancha y ya al otro lado del lago nuevamente los Bomberos Voluntarios fueron
mis ángeles del camino.
Panajachel resultó muy comercial para mi gusto. Es el
sitio donde todos los extranjeros llegan. por lo cual está adaptado para
brindarles servicios especiales. Esto hace que se pierda lo auténtico que
pueden tener los pueblitos del otro lado del lago.
Nuevamente a subir 600 metros, luego bajar 400, volverlos
a subir casi 2 veces más para al final llegar a la ciudad de Antigua casi a la
misma altura que había empezado. Eran etapas de no muchos kilómetros pero que
te dejaban rendido al final del día.
En Antigua, la joya colonial de Guatemala, nuevamente los
Bomberos Voluntarios me recibieron. Creo que voy a pedir que me hagan miembro
honorario de esta institución.
Salí a dar un primer vistazo a la ciudad, pero el
cansancio no me permitió disfrutarlo de verdad, por lo que regresé a los
bomberos a descansar y dejaría una visita más relajada para la mañana.
Antigua es realmente un lugar especial, a pesar que la
mayoría de sus iglesias colapsaron en terremotos pasados y hoy sólo se pueden
conocer sus ruinas, las iglesias que quedan, sus calles empedradas y toda su
arquitectura colonial pintada de colores terracotas le dan un aire único al
lugar. Es una ciudad que se presta para todo tipo de intención que se tenga:
tranquilidad, fiesta, aventura o cultura.
Es un lugar que atrapa y lo constaté pues no sería la
última vez que la visitaría.
Luego de recorrer sus calles y tomar muchas fotos esa
misma tarde decidí que aprovecharía el buen clima y me iría a la capital. Tuve
un ascenso de por medio pero luego de coronarlo y tener el premio de ver a
Ciudad de Guatemala en todo su esplendor, el regalo fue una bajada casi
constante hasta ella.

Mi primera parada sería la tienda de bicicletas
"Bike Center", donde tenía garantizado un servicio completo a mi
bicicleta. Gracias a mi amigo Diego Garavito que acababa de ganarse una
competencia de ciclomontañismo en Antigua, me contactó con don Gonzalo Quevedo
dueño de la tienda que me ofreció el servicio.
Realmente mi querida Monarca lo requería pues desde la
ciudad de San Diego en Estados Unidos no había sido consentida.
Me encontré luego con mi amigo Alvaro, al que había
conocido en Ciudad de Belize y cuando menos lo esperaba me dijo que
regresaríamos a Antigua a acompañar a otro amigo.
Me imaginé que sería una visita corta pero esta se
prolongó hasta la 1 de la mañana con unas cervezas adicionales y una muy buena
bailada de salsa. Al comienzo estaba como oxidado, pero el cuerpo poco a poco
fue recordando los pasos que aprendí desde mi época de colegio. Y como son
pocos los que bailan estos ritmos, tuve la fortuna que hasta algunas chicas
lindas me sacaran a bailar. Que grande es Antigua.
El siguiente día fue uno de los más lentos y cansados que
he tenido. Las cervezas y el trasnocho hicieron su efecto y en realidad no tuve
ganas de hacer nada. Solo preparé los papeles para mi solicitud de visa para
Costa Rica. Sin embargo al otro día tuve la buena noticia que al tener la visa
de Estados Unidos no necesitaba hacer este trámite. Por lo menos una
preocupación menos.
Luego de salir de la embajada fui a recoger a Monarca a
Bike Center. Tuve la grata sorpresa, cuando aparte del servicio, cambiaron todo
el enradiado de la rueda trasera y le pusieron llantas nuevas. Monarca quedó
como si la estuviera sacando nueva de la tienda. Esa tarde fui a conocer un
poco del centro de la ciudad de Guatemala y al siguiente día junto con Julia,
Ben y Alvaro regresamos a Antigua para ir a visitar el volcán Pacaya que se
encuentra activo y poder estar muy cerca de un río de lava.
Nuevamente en Antigua esa misma tarde contratamos el tour
y pudimos estar llegando cerca del cono volcánico a eso de las 6 de la tarde.
Al final la noche nos atrapó pero a su vez la sensación que el río de lava daba
en medio de la oscuridad era mayor. Uno podía acercarse a unos 3 metros de
distancia. Más cerca era imposible por el calor que se sentía. Inclusive se
tenía la sensación de estar caminando en un suelo falso cuando por algunas
grietas se podía ver la lava incandesente abajo de uno y escuchar como crujía
el piso en el que estaba apoyado.
Como para completar el escenario se desató una lluvia intensa que al caer
en la lava despedía vapor intensamente. La oscuridad total nos atrapó y salir
de allí en medio del chubasco se hizo más difícil, pero fue el ingrediente que
me gusta para sentir un poco la adrenalina.
Regresabamos a Antigua pero el cansancio solo dejo
alientos para comer algo y dormir.
Nuevamente el siguiente día tempranito me levanté para
darme otro recorrido por esta ciudad que tiene nuevos lugares y postales en
cada esquina.
Antes de devolvernos a la capital acompañamos a Julia y
otros amigos alemanes a hacerle fuerza a su selección en la final de la
Eurocopa. Lamentablemente para ellos la celebración no se pudo realizar al
ganar España.
Regresamos a Ciudad de Guatemala y yo me preparaba para
seguir camino al siguiente día.
Me despedía de Alvaro y su famlia con quienes pude estar
en la ciudad como si estuviera en mi casa. Siempre es duro decirle adios a un
buen amigo.
Mi destino ahora estaba en la costa Pacífica para conocer
un campamento tortuguero. Era una jornada larga pero con unos buenos kilómetros
de bajada que la hacían posible.
Al final tras una jornada de casi 150 km, la más larga en
mi viaje, llegué a la comunidad de Conacaste y pude conocer a Don Marco Tulio y
su familia. Su hijo Ismael ahora es el encargado del campamento tortuguero y
con él tuve la posibilidad de salir a un recorrido nocturno y ayudarle en la
colocación de la sombra en el sector donde se trasladan los huevos que se
encuentran.
Otra gran familia que me brindó mucho cariño de hogar y
junto con el cumpleaños número 66 de don Marco Tulio, también celebraron mi
primer año de haber salido de mi país y haber llegado a Alaska. Fue una
celebración con pato incluido y una deliciosa torta. De esta forma celebraba
este año de grandes experiencias.
Llegaba mi último día en Guatemala y mi intención era llegar
a la frontera o muy cerca de ella. Por un camino casi plano, poco a poco me
acerqué a mi sexto país pero la amenaza de lluvia hizo que buscara refugio unos
10 km antes. Gracias a don Alfredo y doña Bertha pude tener el lugar ideal para
colocar mi carpa, una buena charla y hasta una deliciosa comida para terminar
el día en medio de la lluvia.
Se terminó Guatemala y me llevo en la mente un país
cargado de cultura ancestral, mucho color en sus paisajes, vestidos y pueblos,
mucha alegría en su gente y buen ánimo para ayudar, pero a la vez contrastes en
relación con las desigualdades sociales que se pueden percibir en relación a la
gran mayoría que apenas puede vivir de forma muy básica y otros en la ciudad
que poseen en demasía. Lamentablemente creo que esta es la regla más constante
en nuestros países latinoamericanos.
Apesar de muchas prevenciones, me sentí muy seguro y en
ningún momento tuve problemas. Al contrario, la ayuda y buena gente fue la
constante de mi paso por Guatemala. Claro que se que la delincuencia ha
aumentado y siempre hay que tomar las medidas básicas al momento de acampar o
buscar el lugar para terminar la jornada.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
En Ciudad de Guatemala
En Conacaste
Cerca a la frontera
DATICOS DE INTERES
Días de viaje 14
Km recorridos 630
Días totales de viaje 364
Km totales recorridos 19890
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Fotos de Guatemala
GUATEMALA:
LA TIERRA DEL COLOR.
Rodando
por el norte del país. Del 11 al 18 de junio.
Salía de Belize y entraba a la ciudad de Melchor. Un
pequeño incoveniente me dejó sin poder sacar dinero de los 2 únicos cajeros
automáticos y por ello mi presupuesto quedó muy limitado para la entrada a
Tikal.
Sin tener otra opción seguí camino internándome en terrenos más boscosos.
Primero fueron 30 km sin pavimento y cuando por fin ví el asfalto al final de
una buena trepada, también se vino encima un aguacero bastante fuerte.
Fue necesario guarecerme en una casa a orillas del camino
pero esto se convirtió en una buena oportunidad para conocer un poco de mi
nuevo país al charlar con la familia que allí se encontraba.
Como el aguacero duró bastante, ese primer día solo
avancé unos kilómetros más. Una bella familia me permitió acampar en su casa.
Fue bonito compartir con ellos, en especial con los niños, mi experiencia del
viaje.
Al siguiente día el camino se volvió más ondulate,
selvático y húmedo. Mi paso por varios lagos, incluyendo el famoso Lago Petén,
hicieron que parara muchas veces a tomar fotografías de estos paisajes únicos.
El verde en todas sus tonalidades brotaba en cada rincón del paisaje y el azul
turquesa del agua completaban el cuadro.
La entrada a Tikal no iba a estar tan sencilla, unas
cuantas subidas bastante pronunciadas eran obligatorias para ganarse el premio
de llegar a este lugar único. Sin
embargo, luego de cruzar la entrada del parque nacional había un premio adicional,
pues pedaleaba en medio de una selva intacta donde tuve la posibilidad de ver
monos araña, aulladores, muchas aves y otros pequeños animalitos que escapaban
rápidamente.
Lo único malo de Tikal fue su precio, pues a partir de
noviembre del año pasado el costo subio de 50 a 150 Q (de 7 a 20 USD aprox).
Con mi presupuesto bajo y con la necesidad de pasar una
noche acampando en el lugar, me quedé prácticamente sin dinero. Esa tarde
llovío de la forma en que solo se da en la selva. Que diluvio, del que
afortunadamente me escapé por cuestión de minutos.
El recorrido por Tikal se hace en medio de una hermosa
selva y por pequeños senderos que conectan las diferentes construcciones y
templos del complejo arqueológico. Este lugar fue una de las ciudades más
importantes del período clásico de los Mayas y sus pirámides están consideradas
como una de las maravillas del mundo moderno y la UNESCO la declaró patrimonio
cultural de la humanidad. Dentro de los
principales lugares a visitar en Tikal sobresalen, la Gran Plaza con el famoso
templo del Jaguar, el templo IV y V desde donde se tienen unas vistas únicas de
la selva y de las partes altas del resto de pirámides, el Mundo Perdido y el
templo de las Ventanas.
Recorrer Tikal es una experiencia única, la cual compartí
con Nathanael, un amigo frances que conocí el día anterior y con quien
compartimos nuestra sorpresa del costo de la entrada y también nuestra
iliquidés al salir del parque.
Salía con 5 Q en mi bolsillo (ni 1 dolar) y sabía que
necesitaba pasar una noche en el camino antes de llegar a Flores. Tampoco tenía
para cocinar, pues mis reservas las había gastado en el camping.
Afortunadamente el ángel de la guarda estaba conmigo y primero a la salida del
parque en el puesto militar, luego de hablar un momento con los guardias, me
invitaron a almorzar y cuando llegué al Remate, a orillas del lago Petén, a
buscar mi sitio de camping, me encontré con una familia que llegaba a hacer un
asado y también me invitaron a la cena. Terminé comiendo mucho más que en las
ocasiones normales del viaje.
Pedaleando un camino casi plano llegué a la ciudad de
Flores, la cual es la capital del estado de Petén. Es una pequeña isla con una
arquitectura especial y colorida. Anexa a ella están las ciudades de Santa
Helena y San Benito que son mucho más grandes.
Aquí ya encontré por fin un cajero electrónico, pude ir a
internet y me fui a conocer las grutas de Actún Kan. Pequeñas pero interesantes
por sus formaciones y por los pasadizos que se van descubriendo si te tomas el
tiempo de escudriñar.
Pretendía salir de la ciudad pero la ruptura de un rayo
me obligó a buscar un taller de bicicletas, el que no me dió mucha confianza
pues su mecánico no sabía como quitarle los piñones a mi bicicleta y me toco
explicarle y hacerlo prácticamente a mí.
De todas formas, mientras trabajaban en mi bici, cayó
otro de esos aguaceros tropicales fortísimos. Cuando terminamos, la lluvia
había cesado pero el cielo amenazaba más lluvias y la hora no era la mejor para
seguir. Así que me devolví un poco, busqué el cuerpo de bomberos Voluntarios de
San Benito y como siempre no tuve ningún inconveniente para contar con su
ayuda.
De flores a Chisec sería un camino prácticamente plano, escaso en ciudades
pero lleno de pequeñas aldeas indígenas.
Era como trasladarse al pasado y ver a la población
indígena con sus labores y costumbres de antaño: sus mujeres, lavando sus ropas
en las quebradas, cargando el agua, enseres o ropa sobre sus cabezas y
caminando al lado de la carretera con sus vestidos típicos.Los hombres siempre
con su machete trabajando el campo o también acarreando cargas que parecían
imposibles de llevar. El idioma maya es el que manda en la región, inclusive
muchos no hablan español. Resultaba eso sí en ocasiones algo contrastante
verlos también hablando por teléfono celular y sentir que de todas formas la
modernidad va entrando lentamente y transformando su cultura.
Algo muy curioso pasó en todo mi recorrido; ya lo había
vivido en Perú, pero acá fue más intenso: mi paso causaba mucha curiosidad entre
toda la población indígena. Algunas mujeres cuchicheaban y reian, la mayoría de
los hombres saludaban y los niños no paraban de gritarme "Gringo,
Gringo". No importaba lo lejos que estuvieran, escuchaba salir de todos
los rincones de las casas estas palabras que se convirtieron en mi identidad
por estos días. No valía mi bandera, ni mi apariencia muy alejada a la de un
europeo o estadounidense, pero el simple hecho de viajar de esta forma, me
categorizaba para ellos como Gringo.
Tuve que pasar el río de la Pasión en un pequeño ferry y
luego de encontrar donde peluquearme y comer algo en el poblado de Sayaxché
continué por un camino siempre ondulante pero afortunadamente sobre suaves
colinas.
Esa noche puse mi carpa en una pequeña maloka al lado de
un comedor y al siguiente día emprendía el camino hacia Chisec.
Me sorprendió siempre lo verde del paisaje, tal vez por
las lluvias recientes pero todo a mi alrededor irradiaba todos los tonos de
verde posibles y el contraste con un cielo azul con nubes bien definidas como
pacas de algodón regadas por el cielo, daban un escenario muy especial para
tomar fotografías.
Las montañas empezaron a verse a la distancia con lo que
supe que la parte suave de la ruta estaba terminando. Antes de llegar a Chisec
pude entrar a conocer las grutas de la Candelaria y ya en la ciudad, sin saber
donde quedarme, apareció nuevamente mi salvador.
Esta vez fue Juan Manuel Alvarado a quien entré a
preguntarle si tenía internet en su negocio y terminó ofreciéndome un cuarto
con cama y mosquitero en la parte de atrás. 
Afortunadamente tuve esa noche larga y confortable para
descansar pues al siguiente día empezaban las fuertes subidas hacia Coban.
Ya tenía referencia de ellas, pero una cosa es
imaginarselas y otra sentirlas en tus piernas y tu aliento. Que camino tan
duro, empezaba con el ascenso a la Ventana con unas rampas que deberían tener
en partes más del 12% y lo peor de todo fue coronarla y luego después de una
bajada vertiginosa volver a la altura en que estaba inicialmente. Así me la
pasé todo ese día viendo pasar los kilómetros tan lentamente que se veía lejano
el final. Y ese día Coban no apareció; un fuerte aguacero que duró casi las 2
horas me obligó a refugiarme y ya por la hora, opté por acampar en la escuela
de Pequichú, una pequeña aldea al lado del camino.
Dejé mi llegada a Coban para el siguiente día bien
temprano. Antes de las 9 ya estaba en la ciudad y justamente cuando me
encontraba pensando si iba a pasar una noche allí o seguía camino, apareció
Eduard. Eduard es un Colombiano que al ver mi bandera no dudó en acercarse a
saludarme. Al final me invitó a su casa y mi duda estaba resuelta, me quedaba
un día en la ciudad.
Eduard y su esposa Yesenia me hicieron sentir como en
casa, adicionalmente fuimos donde Alvaro y su esposa Eugenia. Él es también
colombiano de Cartagena y ella de Guatemala y tienen un restaurante
con mucho sabor colombiano. Gracias a su invitación pude degustar una deliciosa
mojarra frita y tomar un jugo de maracuyá que no probaba desde mi salida de
Colombia.
La lluvia se vino nuevamente y me preparaba para
continuar camino, ahora por zonas con mucha montaña. Estuve tentado a hacer un
nuevo desvío para conocer el famoso parque nacional Lachuá, pero a la vez
quería llegar al mercado de Chichicastenango por lo que decidí seguir mi ruta
programada.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
Tikal
El Remate
San Benito
Sayaxché
Chisec
Coban
DATICOS DE INTERES
Número de veces que los niños me gritaron Gringo: Les
aseguro que más de 500
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Guatemala
POR LOS CAMINOS DE
UN PAIS DIFERENTE: MI PASO POR BELIZE.
Del 5 al 11de junio.
Por fin, con mi visa Beliceña, la mañana del 5 de
junio le decia adios a mis amigos colombianos en Chetumal y también, luego de 6
meses en el país, le decía adios a México.
Solo 12 km me separaban de la frontera y me
acercaban a un país diferente al resto de Centro América: otra moneda, otro
idioma y una mezcla de culturas,
estampan un sello único a Belize.
Luego de hacer los trámites respectivos y cambiar los pocos pesos que me
quedaban, entraba oficialmente a este país. El español, el inglés y el creole
serían ahora la mezcla de idiomas que empezaría a escuchar entre la población.
El español lo podría utilizar en la medida que me encontrara con inmigrantes
centroamericanos o al estar cerca de las fronteras, el inglés es el idioma que
todos hablan y el creole es una mezcla entre inglés, español y otras lenguas de
origen africano, pero que varía dependiendo de la región del país. Es el
producto de cientos de años de relación cultural que también le da una
identidad especial al país.
Tendría que desempolvar mi poco inglés,
especialmente si tenía que hablar con la población negra del país, los cuales,
poco hablan el español.
Belize lo habría podido pasar en 3 dias, sin embargo
quería conocerlo un poquito mejor.
El primer poblado que visité fue Corozal, allí pude
sentir el cambio cultural, en especial al ver en su arquitectura el legado
inglés caribeño. Construcciones en madera sobre palafitos, la mayoría con
colores claros o pastel, daban un toque único al lugar. Adicionalmente la población rasta me recordaba a la isla de San
Andrés en mi Colombia.
Seguí mi camino en medio de plantaciones de caña de
azucar, pues cerca se encontraba una de las pocas industrias que tiene el país:
un ingenio azucarero.
Aunque el clima había mejorado, rodaba con un cielo
nublado que podía cambiar en cualquier momento.
Pasé por la ciudad de Orange Walk, donde pude ver a los
Menonitas, quienes con un buen grupo de población Koreana e Indú, son los que
manejan la gran mayoría de la agricultura
y el comercio del país.
Esa primera noche busqué refugio a las afueras de la ciudad y en una gran
maloka, sede de una empresa turística que viaja en lancha por el "New
River" hasta las ruinas de Lamanai, pude encontrarlo. Gracias a Juan
Antonio Maldonado, un hondureño radicado hace más de 20 años en Belize, pude
tener un lugar seguro y seco para esa noche que amenazaba lluvias.
Seguía con destino a la ciudad de Belize. Aunque no
es su capital, si es la ciudad con mayor población del país.
Allí me esperaba Ruben Pineda, otro amigo de
couchsurfing, quien me había confirmado que me podía recibir en su casa.
Gracias a Ruben, ese mismo viernes de mi llegada a
la ciudad de Belize, pude ir a la embajada de Guatemala y dejar lista mi visa
de entrada a mis próximos 4 países. Por un convenio multilateral entre
Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, con la visa de uno solo de estos
países puedo entrar al resto, lo que me ahorra tiempo y me quita una
preocupación de encima.
Ruben fue un gran anfitrión, siempre estuvo
pendiente de hacer de mi paso por Belize una gran experiencia.
Al siguiente día fuimos a recoger a dos amigos más
que llegaban de Guatemala. Se trataba de Pampa y su amiga Julia. Junto con
Lisandra otra amiga de Rubén formamos un grupo bastante interesante, pues
eramos 6 amigos de 6 nacionalidades diferentes.
Realmente la pasé muy bien ya que pude compartir con
todos ellos gratos momentos, incluyendo la ida al cayo Caulker al siguiente
día.
Belize es reconocido en todo el mundo como un
paraiso para practicar el buceo, ya que comparte con México, Guatemala y Honduras la segunda barrera de coral más
grande en el mundo. Por ello, por lo menos quería ir a dar un vistazo a sus
cayos que se constituyen en la puerta de entrada a este mundo acuático.
Mis limitantes de tiempo y presupuesto no me
permitieron ir a bucear, pero por lo menos estuve con la careta y el snorkel
buscando pecesitos en las inmediaciones del cayo. No fue lo esperado pues el
arrecife está muy retirado, pero el consuelo de ver una gran morena en el fondo
del muelle me alegró las zambullidas.
Los cayos atraen a mucho turismo internacional y el espíritu caribeño se siente
con mayor fuerza en ellos.
Seguía mi camino ahora rumbo a la frontera con
Guatemala. Había leído bastante sobre las ruinas arqueológicas de Caracol, pero
las lluvias anteriores sumado a un camino largo sin pavimento, me tenían en
duda si tomaría ese desvío que implicaba 3 días adicionales de viaje. La
decisión la tomaría cuando estuviera en la intersección de caminos.
Me despedía de Ruben, Pampa y Julia. El camino plano
y una brisa que me ayudaba un poco hizo que rápidamente llegara a la capital de
Belize: Belmopan.
Belmopan, es tal vez, la capital más pequeña en el
mundo. Con tan solo 6000 habitantes, alberga las entidades del gobierno central
que se independizó de Inglaterra apenas en 1971.
Solo estuve aproximadamente una hora en la ciudad
recorriendo sus calles y entidades gubernamentales. Le dediqué otro tiempo para
visitar el pequeño parque Nacional Guanacaste, que mantiene una muestra de
selva que era el paisaje que originalmente dominaba toda esta área.
El camino fue cambiando lentamente con más colinas y
con una vegetación que se fue poniendo más frondosa y selvática.
Llegué al punto donde necesité tomar la decisión
para desviarme a las ruinas de Caracol. No tuve que pensarlo mucho pues una
fuerte lluvia llegó al mismo tiempo. Con una carretera no muy buena y la
perspectiva de un clima que continuaría con mucha agua, realmente no era muy
buena la idea de adentrarme en la selva.
Por ello cuando bajó un poco la intensidad de la
lluvia me dirigí a San Ignacio donde Marcus y Theo me recibieron en su casa.
Era un lugar a las afueras del poblado, en medio de la selva y al lado del río.
El ver iguanas, pacas, loros y otros animalitos era lo común en este lugar.
Pensaba salir al siguiente día pero la magia del
lugar, sobre todo su tranquilidad, me sedujo para parar un día más y descansar.
Entraría a un nuevo país y este lugar sería mi
despedida de Belize.
Me faltaban apenas 20 km a la frontera, por lo cual
esperaba estar entrando temprano a mi quinto país en el viaje. Sin embargo en
el camino y a escasos 5 km de llegar al puesto fronterizo, estaba la desviación
para ir a las ruinas arqueológicas de Xunantunich. Como no había estado en
ningunas en Belize opté por visitarlas. Fue necesario pasar en un pequeño ferry
el río Mopan y luego superar un par de trepadas cortas pero que me dejaron sin
aliento y empapado en sudor. Al final estaba entrando a este pequeño lugar
arqueológico que resultó muy interesante y especial. Aunque no son muchas las
edificaciones, están en buen estado y la pirámide principal es de gran tamaño y
posee parte de decorados que casi se han perdido en el resto de sitios de esta
zona. Estuve más de una hora allí y quedé muy contento de haber optado por
desviarme.
Regresé al camino principal y rápidamente llegué a
Benque Viejo del Carmen, el último poblado Beliceño. Realicé los trámites de
salida donde me sacaron otros 20 dolares (que no los tenía previstos) y
oficialmente tocaba suelo guatemalteco.
Belize me dejó con un grato sabor y a pesar del
tiempo que estuve, sentí que no entré realmente en su cultura, sabor,
costumbres y ritmo. Una semana es muy poco para un país por pequeño que sea y
me queda la inquietud de algún día regresar, más cuando conocí a algunos nuevos
amigos.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
·
Mi entrada a Belize no hubiera
sido posible sin la ayuda de Chajira y Hugo del consulado belizeño. Además le
doy las gracia al señor consul de Belize en Chetumal, don Rafael Chávez
Martínez por su interés y ayuda para que mi visa saliera lo más pronto posible.
·
A Juan Antonio Maldonad cerca de
Orange Walk por permitirme quedar en la maloka que el vigila y por la amistad
que me brindó mientras estuve allí.
En la ciudad de Belize
·
A Rubén Pineda quien estuvo
realmente muy pendiente de mi paso por la ciudad. Un gran anfitrión y embajador
de Couch Surfing en Belize.
·
Un saludo especial a Pampa,
Julia, Lisandra, Pejman y Janine con quienes compartí mi estadía en la ciudad.
En San Ignacio
·
A Marcus, Theo, Clhoe y KIatia. Una hermosa familia que me
abrió las puertas de su bella casa en medio del bosque.
DATICOS DE INTERES
·
Días de viaje 7
·
Km recorridos 280
·
Días totales de viaje 345
·
Km totales recorridos 18810
Más fotos de este recorrido : Fotos
de Belize
DEL SOL RADIANTE AL
DILUVIO: VIAJANDO DE CANCUN A CHETUMAL.
Del 20 de mayo al 4
de junio.
Entraba a Cancún con toda una cantidad de opiniones
contrastantes de esta turística ciudad. Muchos que la habían conocido aportaban
opiniones bastante diferentes y por tanto quería hacerme a mi propia idea de lo
que era Cancún.
Mi primera impresión fue la de encontrarme en el
mismo lugar, la miseria de algunos barrios totalmente marginales a las afueras
de la ciudad y la opulencia exagerada de su zona hotelera y turística.
Generalmente pasa que estos dos polos opuestos se atraen cuando los más pobres
buscan una oportunidad de acceder así sea a las migajas de los más ricos.
Por esto creo que nunca voy a poder sentirme bien en
estos lugares, por más bonitos que sean, pues resultan una contradicción social
para mí.
Por otro lado, Cancún me presentó a nuevos amigos:
Manolo y Erick, quienes fueron mis anfitriones; los contacte por couchsurfing y
no dudaron en recibirme de gran manera. También en mi primer día conocí a José
Manuel Hernández, otro colombiano que andaba en un evento en la ciudad y
gracias al hecho de nuestra nacionalidad, nos hizo platicar y recordar muchas
cosas de nuestro país. Realizando una consulta en la oficina de inmigración
conocí a Eliana y Cecilia de Argentina, con quienes compartí una noche de buena
charla y un par de cervezas y por último conocí a Carlos Palazuelos, un amigo
que quiere mucho a Colombia y con quien pude conversar de forma muy especial en
el hotel donde trabaja. Carlos a pesar de que es Mexicano, resultó queriendo a
mi Colombia mucho más que otras personas que conozco que si nacieron allí. De
todos ellos me llevo su amistad y buenos recuerdos.
En Cancún visité algunas de sus playas públicas, que
son pocas, en comparación con tanta playa que de alguna manera funcionan como
privadas al ser difícil su acceso. Es un destino diseñado para el que tiene
dinero y quiere derrocharlo, especialmente para los estadounidenses. Los
europeos tienden a ir a otros lugares cercanos más tranquilos.
De todas formas lo que no se puede negar es la
hermosura de sus playas con su arena blanca y sus aguas que cambian en todos
los tonos de azul y verde. Es un placer disfrutar de sus aguas tibias y ver un
amanecer o atardecer allí.
No gasté más días en Cancún pues mi visa mexicana
estaba pronta a vencerse y quería llegar a Chetumal a terminar de hacer mis
trámites en el consulado de Belice, para poder entrar a mi siguiente país.
Luego de Cancún siguió otro lugar bastante
turístico: Playa del Carmen. Me enteré que justamente por la belleza de
sus playas y la llegada masiva de muchos europeos y argentinos, en estos
momentos es la ciudad con mayor crecimiento en todo México. Al comienzo me
esperaba una ciudad pequeña pero son muchos los nuevos barrios que proliferan
por doquier.
Allí otro colombiano me recibía. Gracias a mi Amigo Andrés, de
San Miguel Allende, Roberto Ramírez esperaba por mí en la ciudad.
Como siempre que me encuentro con algún colombiano,
empezaron las charlas de nostalgia con relación a lugares, costumbres y comidas
que son difíciles de encontrar fuera de nuestro país. Roberto me hospedó en su
casa y gracias a él pude tener una estadía realmente cómoda,
inclusive pude tener una sesión de masajes en un spa de unos amigos:
realmente mi espalda lo necesitaba.
Antes de salir de Playa del Carmen tuve dos
encuentros muy agradables. El primero con Edison Leonardo y parte de su familia
México-colombiana. Leonardo trabaja en su panadería y pudimos compartir una
noche de buena charla disfrutando de una deliciosa pizza preparada por ellos.
El segundo encuentro fue con Lynn Earle a quien había contactado por la página
de couchsurfing. Realmente una gran mujer que vive de una forma muy natural y
ecológica, por lo que pude sentir muchas cosas en común de nuestra forma de ver
la vida.
En medio de tanto hotel no me imaginé que iba a
encontrar un oasis de tranquilidad. Me habían hablado de la playa de Xcacel, la
cual es un santuario de protección de las tortugas marinas y me dirigí allí con
la intención de contarles mis anteriores experiencias y que me dejaran
ayudarles una noche en su labor de protección de estas especies amenazadas de
extinción.
En el camino no pude entrar con mi Monarca a una
playa pública pues el acceso era por un hotel y ellos no permitían dejar pasar
bicicletas. Afortunadamente, empezando la tarde pude llegar al santuario de las
tortugas. Que bueno que existe este lugar en medio de tanto artificio y sentido
comercial que el turismo ha traído a todas las playas cercanas. Espero que
nunca prospere el deseo de algunos políticos corruptos que ya hicieron un
intento de venderla a una cadena hotelera, a pesar de que es declarada área
natural protegida.
Esta playa recibe principalmente poblaciones de
tortugas Blanca y Caguama, aunque por ahora solo están empezando a arribar de
la segunda clase.
Allí encontré un grupo humano increíble que me
permitieron quedarme y conocer del trabajo que realizan. Me esperaba una noche
de gratas sorpresas.
La labor empezó a las 9 de la noche y a esa misma hora
reportaron rápidamente 3 tortugas que estaban empezando su labor para dejar sus
huevos. Que hermosas tortugas, más grandes que las Golfinas que había conocido
en Michoacán y con una cabeza grandísima.
Fue mágico verlas en su proceso de abrir su nido, depositar
los huevos y cubrirlos de una manera meticulosa. Al final de la noche fueron 4
las tortugas que pude ver, de las cuales tuvimos que reubicar 2 de los nidos,
pues quedaron muy cerca de la línea de la marea.
Como a las 3 y media de la mañana me fui a dormir, cansado pero contento
de aprender un poquito más de estos animales, de haber colaborado en algo y de
saber que sigue habiendo esperanzas para su conservación, pues hay personas que
se comprometen de lleno en su vida, para la protección de estos animales.
Un poco con sueño, pero con la necesidad de seguir
avanzando esa mañana dejaba el campamento tortuguero de Xcacel y continuaba
para conocer las ruinas arqueológicas de Tulum.
Aunque las ruinas de Tulum son pequeñas en
comparación a otras antes visitadas, estas ruinas tienen unos atractivos
especiales. Fue una ciudad Maya amurallada, tal vez para protegerla de la
piratería que había desde esas épocas y al estar sobre la costa, pude nadar en
sus aguas azul aguamarina con la vista de estas edificaciones como telón de
fondo.
La energía estaba presente en el lugar, de tal forma
que al salir de allí, las ganas de pedalear, los deseos de conocer otros
lugares y de obtener lo mejor del viaje, se sentía con más fuerza.
Me despedía de la famosa Riviera Maya, me alejaba de
la costa, las playas llenas de hoteles y turistas y entraba en un área natural
de mucha riqueza y afortunadamente más tranquila en cuanto al turismo masivo.
Se trataba de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka´ an. La reserva protege un
área enorme de lagunas, esteros y bosques.
Llegué al sector de Muyil donde también encontré
unas ruinas mayas. Como seguía un sector sin pueblos ni lugares para acampar,
esa noche la pasé ahí, colocando mi carpa cerca de la laguna del mismo nombre.
Gracias a Manuel, el funcionario encargado de cuidar
esa parte de la reserva, pude tener una deliciosa cena con Bocona, un tipo de
pez que acababan de sacar de la laguna.
El único problema fue que mientras tomé una siesta,
alguien se tomó la molestia de abrir mi maleta frontal y sacar el cargador y
una batería extra de mi cámara fotográfica. Eso me puso en problemas pues en
estas latitudes no sería fácil encontrarlos.
Ahora me dirigía a un lugar realmente hermoso. Le
llaman la laguna de los 7 colores pero su real nombre es la laguna de Bacalar.
Primero me sorprendió encontrarme en el poblado, un fuerte español que se
construyó para intimidar a los piratas que asediaban la región, lo que
denota su importancia desde épocas de la conquista y luego, quedé
fascinado al ver que realmente esta laguna posee los 7 colores o hasta más.
No podía dejarla pasar sin darme un chapuzón en sus
aguas tibias. Ya en la carretera pude disfrutar de sus tonos que cambiaban en
cada recodo. Parecía al mar que vi en Cancún pero con la ventaja de sus aguas
dulces.
El día se ponía cada vez más gris y el agua empezó a
caer. Me encontraba conociendo el Cenote Azul. Otro placer que no dejé pasar,
fue increíble nadar en sus aguas transparentes y sentir la profundidad desde el
primer momento en que se entra. En promedio tiene 80 metros de profundidad y
por ello me sentía como un astronauta flotando en la oscuridad al mirar hacia
el fondo.
Pude hacer unos kilómetros más sin lluvia, para
llegar al poblado de Xul Ha, donde pude colocar mi carpa nuevamente al lado del
lago de Bacalar pero protegido para el aguacero que volvía a comenzar.
Estaba cerca de Chetumal y por ello al día siguiente
entré a la ciudad temprano. Primero fui a inmigración donde me aconsejaron
esperar un poco más para hacer el trámite de salida definitiva, con la que
puedo contar con unos días extras y luego me fui al consulado de Belice para
realizar mi trámite de la visa. Yo había mandado por internet los papeles desde
20 días antes pero mi sorpresa fue grande cuando en el consulado no sabían nada
de ellos. A partir de allí empezó la peregrinación de todos los días al
consulado para averiguar como iba mi trámite.
El clima cambió radicalmente y por la tormenta
tropical ¨Arthur¨, empezó a llover sin parar durante los siguientes 4 días. Las
calles inundadas el viento fuerte y las ganas de no salir fueron la constante
de mis días.
Afortunadamente estuve con mis amigos Colombianos Daissy y Daniel. Con
ellos pude compartir muchos gratos momentos, ir a cine, ir a Taekwondo, conocer
la ciudad y tener la comodidad de un hogar en estos momentos de lluvia
incesable.
Eso sí, cuando supe de Daniel el manatí y a pesar de
la lluvia me fui a su refugio en la Laguna Guerrero para conocer este hermoso
animal. Gracias a don Eladio Juárez, su padre adoptivo, pude saber un poco más
de ellos y a pesar de la lluvia y las condiciones no muy buenas del momento, me
permitió darle de comer y meterme con él para interactuar de forma más cercana.
Realmente fue otra gran experiencia que me empieza a generar otro compromiso
cada vez más fuerte en la protección de nuestros recursos tan maltratados.
Quien quiera conocer a Daniel, el Manatí, puede
visitar la página en internet http://w2.ecosur-qroo.mx/manati/index.htm
Al final fue necesario realizar el trámite de Salida
Definitiva con la inmigración mexicana para obtener unos días más en el país y
luego de tanto ir y venir la visa Beliceña me salió el 4 de junio.
Fueron 6 meses exactos en México donde pude conocer
un poco de su variada geografía y cultura, muchas personas de las cuales dejo
bastantes amigos y desde ya, siento nostalgia de salir de este gran país.
Empieza mi tránsito por Centro América. Países
pequeños y trámites por doquier para entrar a cada uno de ellos. Espero que no
vayan a ser tan demorados como el trámite de Belice, porque si no, voy a
necesitar otro mes extra con tantas visas que tengo que sacar.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
CANCUN
·
A Manolo y Erick por recibirme en
su casa y brindarme toda las comodidades y confianza para poder conocer la
ciudad. Espero que sus proyectos continúen y que pronto estén en Nueva York.
·
A Eliana y Cecilia por compartir
conmigo un agradable momento en la ciudad.
·
Carlos Palazuelos, por invitarme
a comer, pero más que nada por su amor por Colombia. Sentir que un Mexicano
habla tan bien de mi país y lo siente como suyo me hace seguir teniendo
esperanzas que nuestro país puede cambiar para bien.
PLAYA DEL CARMEN
·
A Roberto Ramirez, por recibirme en
su casa y estar pendiente de mi paso por la ciudad. Gran anfitrión con quien
disfruté mi paso por la ciudad. Gracias por su invitación para que pudiera
tomar un masaje que lo andaba necesitando.
·
Al grupo Colombo-Mexicano que conocí: Edison Leonardo, Julian, Edgar
Marín, Yuly y Elsa. Fue muy emotivo compartir con
ellos y sentir mi país un poquito más cerquita.
·
A Lynn quien me había invitado a
quedarme en su palapa. Aunque sólo estuve una mañana me contagié de su alegría
y su espíritu libre. Que rico fue conocerla y ver un ejemplo de vida acorde con
la naturaleza. Espero seguir parte de tus pasos.
CAMPAMENTO TORTUGUERO XCACEL
Fue toda una experiencia poder ayudar una noche en
el campamento. Tengo que agradecer en primer lugar a Emmanuel funcionario del
SEDUMA y a Leonel, el coordinador del programa por permitir quedarme para
conocer y ayudar esa noche de seguimiento al desove de la tortuga.
Todo el grupo de amigos que trabajan en este
programa, ya sean contratados o voluntarios me brindaron su amistad y apoyo
para que mi paso fuera el mejor. Un saludo a Eva, Marcela, Laura, Grendi,
Nilvia, Erika, Edwin Flores, Raimundo, Rosendo y Ricardo.
Gracias a todos ellos pude aprender mucho sobre las
tortugas Caguama y me hicieron sentir como un miembro más del grupo de trabajo.
Con personas como ustedes hay esperanza para que
estos animales continúen con nosotros.
RESERVA DE LA BIOSFERA DE SIAN KA´ AN
·
Gracias a Manuel por permitirme
acampar dentro de la reserva e invitarme a una deliciosa cena con pescado frito
que acababan de sacar de la laguna de Muyil.
EN ANDRES QUINTANA ROO
·
A doña Ebelina y su sobrino por
permitir colocar mi carpa en su patio y pasar una noche realmente tranquila
RONDANDO LA LAGUNA DE BACALAR
·
Un saludo a Anita y Victor de
Hungría con quienes estuve charlando un poco acerca de nuestros viajes y
proyectos.
·
Al representante del poblado de
Xul Ha por permitir quedarme en el balneario de la comunidad
EN CHETUMAL
·
A Mario Lievano de la oficina de
turismo municipal, pues apenas supo de mi viaje me invitó a comer y terminé
quedándome en su casa esa primera noche. Es agradable encontrar personas como
él, que conociéndote de 5 minutos, te abren las puertas de su casa como si te
conocieran de mucho tiempo atrás.
·
Un agradecimiento bien especial a
mis amigos colombianos Daniel y su esposa Daissy. Junto con la familia de
Daniel hicieron de mi paso por Chetumal un descanso necesario para la nueva
etapa que empieza. Me hicieron sentir como en casa mientras esperaba que mi
visa de Belice se desempantanara. Gracias a Ana, Masa y Chiro por compartir
conmigo diferentes momentos en mi paso por la ciudad, incluyendo unos buenos
entrenamientos de taekwondo a los que pude asistir.
·
A Manuel Amaro director de la
academia de Taekwondo Eagle Park por permitirme entrenar en su academia.
DATICOS DE INTERES
Días de viaje 8
de recorrido entre Cancún y Chetumal y 4 en la ciudad
Km recorridos 472
de carretera y 88.2 en la ciudad
Días totales de viaje 338
Km totales recorridos 18517
Lluvia que cayó: en cuatro días cayó toda el agua de
la que me había salvado en mi recorrido por la parte norte del país.
Más fotos de este recorrido : Fotos
desde Cancun hasta Chetumal
ADENTRANDOME EN LA
PENINSULA DE YUCATAN
De Palenque hasta
Cancún. Del 5 al 18 de mayo.
Salir de Palenque era dejar definitivamente la
sierra y adentrarme en una zona prácticamente plana con solo algunas colinas
que columpiaban al camino pero de forma leve.
Era también adentrarme en el mundo mágico y místico
de los mayas, de sus ciudades perdidas y de otros tesoros como sus cenotes y
playas. Por todo esto, entrar a esta gran península era otra etapa en mi
recorrido.
Pero para acceder a todas estas maravillas tendría
que pagar el precio. La temporada de calor empezaba y las temperaturas
superaban los 30 grados y en muchas ocasiones pasaban de los 40. Con estas
condiciones pedalear al medio día se convertía en casi una misión imposible.
Salí de Palenque, Chiapas y ese día con un terreno de suaves ondulaciones
pude realizar un paso fugaz por el estado de Tabasco para luego adentrarme en
mi estado mexicano número 20: Campeche.
En medio de ranchos ganaderos transcurrió un día
bastante estresante por lo angosto del camino y por la cantidad de camiones que
transitaban la zona. Afortunadamente pude tener el premio al final de este
caluroso día al terminar nadando en las aguas del río Chumpán. Esa noche la
pasé detras de la estación de policía de la pequeña población y aunque pude
dormir con solo la colchoneta, preferí armar la carpa debido a la cantidad de
mosquitos que querían hacer de mí, su festín nocturno.
Bien temprano me levanté para aprovechar el poco
tiempo de frescor que la mañana brinda. Pude tomar un café en un rancho cercano
y seguir pedaleando, eso sí, bien concentrado en mi espejo cada vez que sentía
que un camión se acercaba por la retaguardia.
Quería llegar nuevamente a las costas del Golfo,
pero eso implicaba una etapa bastante larga. Sin embargo poco a poco los
kilómetros pasaron y con una mejor carretera pude tener un par de horas en las
que pude disfrutar mejor del paisaje.
El cambio entre la región húmeda, boscosa y lluviosa
de Palenque y ahora una región seca y plana se sentía con cada pedalazo que
daba. Hay algunos ríos importantes y zonas boscosas cercanas, pero la gran
mayoría son pastizales para la ganadería. Sin embargo me puedo imaginar que
muchas de estas áreas son el producto de la tala y la quema que también pude
ver en la región.
Tomé un nuevo desvío por un camino más angosto, pero
afortunadamente mucho más solitario. Sin embargo después de superar los 100 km
en el día, ya las piernas empezaron a pedirme un descanso. Ya sentía la costa
cercana, pero esta cercanía también llegó con un viento en contra que me puso a
sufrir la última hora de pedaleo.
Llegaba al poblado de Sabancuy preguntando por los
bomberos o Protección Civil, pero resultó un poblado muy chico para tenerlos.
Estaba en el momento de mi día cuando realmente no se donde voy a terminar,
cuando aparecieron mis ángeles para esta jornada. Se trataba de Alejandro,
Jonathan y Antoine, tres jovenes investigadores universitarios que estan
realizando estudios con los monos aulladores de la región. Ellos viven en una
casa con otras dos chicas investigadoras y me invitaron a compartir con ellos
esa noche. Inclusive tuve lavadora para mi ropa, computadora y cocina para
prepararme algo de comida.
Bien a las 6:30 de la mañana, estaba listo para
iniciar el día, pues mis amigos también partian en su labor de investigación
con estos animales. Me hubiera gustado acompañarlos pero con mi tiempo
contado para México, era necesario seguir.
Nuevamente el mar del Golfo sería el paisaje a tener
a mi costado. Lo que si sentí era que sus colores y su temperamento habían
cambiado. Ahora parecía más una piscina tranquila y sus tonos azules y verdes
se asemejaban más a las postales caribeñas. Sin embargo Campeche no es un
estado de playas, más bien sus costas son rocosas y esas playas de postal
estarían dadas para más adelate.
No quería llegar a la ciudad de Campeche sin pasar
una noche en una playa y nadar en sus aguas, por esto fue que muy cerca de
Villa Maderos en una playa de pescadores, decidí que allí terminaba mi día. Con
la ayuda de Irma y su esposo Angel, pude comer y tener un lugar donde poner mi
colchón muy cerca del mar. Conocer a estas personas y tener como final de la
jornada la puesta de sol sobre el mar, es un gran premio que definitivamente
recarga de energía y motiva para seguir con el viaje.
No tenía muchas referencias de la ciudad de
Campeche, realmente no sabía que su centro histórico era patrimonio cultural de
la humanidad, por ello me sorprendí gratamente cuando poco a poco fui
descubriéndola a mi entrada a la ciudad. Primero fue el Fuerte San Miguel, al
que me topé de pura casualidad cuando entre a la ciudad por la ruta escénica.
Allí me enteré que junto con el fuerte de San José, los baluartes y la muralla
que rodeaban la ciudad, convirtieron a Capeche en la mejor defendida de toda
América Latina para el siglo XVIII.
Ya en la ciudad tuve primero que pasar por una
bicicletería, pues la ruptura constante de rayos tenía a mi rueda un poco
descuadrada. En esta búsqueda le dí una primera pasada a su centro histórico
donde de primera mano pude encontrar mucho parecido entre Campeche y Cartagena
de Indias en mi Colombia.
Me encontré con mis anfitriones, Reyna y Daniel, a
los que había contactado gracias a mi amigo Rubén de Xalapa. Fuimos a su casa
donde me pude instalar y regresé esa noche para hacer un primer recorrido
nocturno de la ciudad.
El siguiente día lo dediqué para visitar la ALDEA
INFANTIL SOS de Hampolol. Tuve que pedalear como 20 km en pleno medio día, pero
encontrarme con un auditorio lleno de niños hace que se te olviden todos esos pequeños
sacrificios. Sin embargo esta historia queda como un capítulo adicional.
La ciudad me había dejado con ese deseo de
adentrarme más en sus calles y construcciones, por lo que al siguiente día me
fui a recorrerla. Visité 4 de sus 7 Baluartes, lo mismo que la gran mayoría de
sus calles y lugares de interés. Es una ciudad tranquila que conserva parte de
su historia, donde su comercio pujante y por ende la piratería, modelaron cada
una de las etapas y estilos arquitectónicos por los que pasó la ciudad.
Me despedía de Reyna, su madre Chela, su hijo Yamil y su esposo Daniel.
Hicieron de mi paso por Campeche una experiencia única. Ahora mi camino
apuntaba a un nuevo estado, Yucatán y su capital Mérida.
Tenía dos opciones, una vía corta pero sin mucho que
observar u otra que implicaba un día más de pedaleo, un poco más de subidas
pero la oportunidad de conocer algunas ruinas mayas de la región.
Como pueden imaginarse opté por la segunda opción.
El primer día mi destino era la población de Hopelchen. Aunque la altura máxima
fue de apenas 100 metros fue una etapa con bastantes subidas y bajadas durante
toda la jornada.
Esta es una región sin ríos y las ciudades que
crecieron aquí dependían en su totalidad del almacenamiento del agua en época
de lluvias. Pude encontrarme con un primer vestigio al lado de la carretera, se
trataba de las ruinas de Tacoh. Queda muy poco de ellas pero fueron el
abrebocas de las demás ruinas de la ruta.
En Hopelchen me pude hospedar en la casa parroquial
gracias al padre Jesús. Me abrió las puertas de su casa y a pesar de que tuvo
trabajo toda esa tarde que impidió que pudieramos hablar más de 10 minutos, me
dejó habitación, baño y cocina a mi disposición. Que más podía pedir.
El lunes 12 de mayo continué mi recorrido hacia las
zonas arqueológicas de Kabah y Uxmal.
De la primera se han rescatado parte de sus palacios
y otras estructuras piramidales, lo mismo que un arco que servía de puerta de
comunicación con la ruta a Uxmal.
Sin embargo fue Uxmal la que me dejó realmente
sorprendido. Tal vez por que había escuchado hablar de otras ruinas como
Chichén Itzá, Tikal, Tulum, Calakmul, pero de Uxmal había escuchado muy poco.
Entrar a Uxmal fue sentir la grandiosidad del
imperio Maya, la elegancia de sus construcciones y palacios, la imponencia de
sus pirámides y la belleza de su arquitectura. La imaginación vuela al soñar
como sería en su esplendor con toda la población en sus calles y plazas. No
diré que es mejor o peor que las ya vistas, pero por lo que me encontré, para
mí debería tener la misma fama de Palenque, o las ruinas antes mencionadas. Lo
único positivo de que no tenga este reconocimiento, es que se puede visitar sin
el turismo masivo que empantana la magia y misticismo del lugar.
Esa noche quería acampar cerca de Uxmal para poder
ir al espectáculo de luz y sonido que presentan, sin embargo la única presencia
de hoteles alrededor de ellas hizo que me alejara demasiado buscando un lugar
para descansar. Terminé avanzando hasta Muna, donde pude acampar muy cerca de
su iglesia.
Por unas vías mucho más anchas entraba a la capital
de Yucatán: Mérida. Conocida como la ciudad Blanca (No por el color de sus
fachadas, sino por ser, al comienzo de su fundación, el único lugar con
población europea y mestiza de la región).
Aquí pude llegar a casa de Adan Villanueva, otro
amigo de Couch Surfing quien me abrió las puertas de su casa.
La ciudad de Mérida posee muchas casas de estilo
francés que dan una muestra de su época de auge, donde prevalecía mucho más la
cultura importada de Europa, que las raíces indígenas que la rodeaban. Sin
embargo hoy en día, sus mayores atractivos y el motivo por el que el turismo llega a la ciudad, está
dado más por el legado Maya y por los tesoros naturales.
Salía de Mérida rumbo a unos de los destinos
turísticos más famosos del mundo: las ruinas de Chichen Itza y la ciudad de
Cancún.
Tomé una vía alterna que inicialmente me llevó al
pueblo de Cuzamá. Quería llegar allí para visitar algunos cenotes. En toda la
península de Yucatán hay más de 1000 de estas joyas naturales, sin embargo
muchos son de difícil acceso, otros están en propiedades privadas y los más
accequibles, lamentablemente cobran cada vez más por su entrada.
De por sí, a los cenotes de Cuzamá se accede por un
caminito con una pequeña linea de rieles. Un guía local te lleva en un carrito
jalado por un caballo en un recorrido de ida y vuelta de 15 km. Como yo podía
hacerlo en mi bicicleta, afortunadamente no tuve que cancelar por el servicio
aunque al comienzo no me querían dejar pasar.
En total pude acceder a 5 cenotes, cada uno de ellos
con particularidades especiales: Sus estalactitas y estalagmitas, sus aguas
color azul intenso, la luz entrando por pequeñas claraboyas en lo alto de la
caverna, sus peces ciegos y el ambiente natural del que están rodeados, todo
ello hace que el nadar en sus aguas se convierta en el mejor premio y terapia
al llegar a esta región. Adicionalmente pude hacerlo bien temprano por lo que
me encontraba completamente solo en estos lugares. Lástima que no tenía una
cámara submarina pues el paisaje que se ve al sumergirse es también único.
Mi siguiente destino era Chichen Itza, la
recientemente declarada nueva maravilla del mundo. Antes de llegar allí, pude
entrar a otro cenote en el poblado de Homun y colocar mi carpa en la comisaría
de Libre Unión.
La ruta de estos días fue recta y apenas con
pequeñas ondulaciones, era eso sí de mucho cuidado pues era angosta y sin
acotamiento.
Llegar a Chichen Itza era nuevamente entrar a una
zona muy turística con varios hoteles lujosos y muchos autobuses transportando
gran cantidad de europeos, estadounidenses, canadienses, japoneses y algunos
Mexicanos. Es realmente apabullante la cantidad de turismo que llega a estas
ruinas. Afortunadamente el llegar un poco temprano hizo que me pudiera escapar
a esas oleadas que luego fueron llegando.
El símbolo de este legado Maya es el castillo de
Kukulcan, que se encuentra en medio de toda la zona arqueológica y domina los
demás templos como el grupo de las Mil Columnas, el Osario, el Observatorio, el
templo de los retablos y la zona del juego de pelota, que es el más grande
hallado en toda esta cultura prehispánica.
Estuve varias horas recorriendo los anteriores templos y pirámides y me
queda el contraste de una cultura con un conocimiento detallado de astronomía y
matemáticas pero que a la vez mostraban el lado oscuro del ser humano con sus
rituales de sacrificios humanos que se podían ver represenrtados en varios
grabados de sus templos.
Era muy difícil acampar cerca a las ruinas. Me pasó
lo mismo que en Uxmal. El turismo convierte la ayuda en un asunto comercial y
mi presupuesto, luego de pagar la entrada a este lugar estaba un poco
descuadrado.
Por este motivo continué otro trecho para encontrar
mi hospedaje en Cuncunal, donde coloqué mi carpa en el segundo nivel de una
plaza de toros que hacen de forma muy artesanal para un evento donde todo el
pueblo participa lanzándose al ruedo o apoyando a sus nuevas figuras taurinas.
Eso sí, varios lesionados salen de cada evento y de vez en cuando, alguno que
otro de gravedad. Es lo mismo que las corralejas en mi Colombia.
El camino seguía un poco monótono en su paisaje de
bosques bajos, donde algunas quemas indicaban que los agricultores se están
preparando para la época de lluvias.
Entraba a mi estado número 22 en México. Se trataba
de Quintana Roo y con él, el caribe se sentía cerca.
Ahora si entraba a la famosa Cancun, ciudad que hace
30 años era una pequeña villa y hoy por hoy alberga a las principales cadenas hoteleras
del mundo. Eso si, retornaba a un mundo bastante alejado de la realidad
mexicana, pero eso será historia del próximo relato.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
En el Ahuacatal al Comisario Oscar por permitir
colocar la carpa en el patio de la Comisaria
·
A Alejandro, Jonathan y Antoine
por su invitación para pasar la noche en su casa en Sabancuy.
·
A Nikko un amigo con padre
Colombiano que al ver la bandera en mi bici me invitó a desayunar en el
restaurante Bahia de Tortugas.
·
En Villa Maderos, en la playa de
pescadores "Costa Blanca" a Irma y su esposo Angel por su ayuda y su
invitación a comer.
En
la ciudad de
·
Un saludo a Reyna, su esposo
Daniel, su hijo Yamil y su madre Chela, quienes fueron mis anfitriones y
estuvieron pendientes para que mi estadía en la ciudad fuera la mejor.
·
Un saludo a todos los niños,
niñas y tías de la Aldea Infantil SOS de Hampolol.
·
Un agradecimiento especial a
Maria Angélica González, trabajadora social de la aldea y a su directora Sandra
María García.
En Hopelchen gracias a su párroco Jesús quien abrió
las puertas de su parroquia para que me sintiera como en casa.
En
Mérida
·
Adam Villanueva fue mi anfitrión
en la ciudad. Pudimos platicar muchísimo y compartir nuestros sueños de viajar.
Cada encuentro como este, aviva el deseo para el futuro de seguir viajando y
conociendo otros lugares.
En Cuzamal a los coordinadores del transporte hacia
los cenotes, pues a pesar que al comienzo estaban reacios a que pasara en mi
bicicleta, comprendieron mi estilo de viaje y pude conocer los cenotes de
Chelentun
En libre Unión a Carlos, el secretario del poblado
quien permitió alojarme en la comisaría.
·
A la policia de Cuncunal por
ayudarme en mi paso por su poblado.
·
A la policia de Nuevo Xcan, en
especial a Eutimio por permitirme dormir en sus instalaciones.
ALGUNOS DATICOS DE INTERES.
·
Días de viaje en el tramo: 15
·
Días totales de viaje: 322
·
Kilómetros recorridos en el
tramo: 1115
·
Kilómetros acumulados: 17925
3 rayos rotos en 3 días me pusieron bastante
nervioso sobre si la rueda aguantará para los caminos centroamericanos. Espero
que sean los últimos a cambiar.
Más fotos de este recorrido: Fotos desde Palenque hasta Cancun
CON LA LENGUA DE
CORBATA Y MOJADO HASTA LAS MEDIAS.
Adentrándome hacia
el interior de Chiapas con un calor infernal.
Del 21 de abril
hasta el 4 de mayo, 2008
Le daba un hasta luego a las aguas cálidas del Golfo
de México y partía hacia una de las regiones más esperadas en mi recorrido por
este país. Chiapas venía cargado con gran misticismo y expectativa por los
comentarios que se fueron sumando sobre esta región, de parte de otros viajeros
y residentes mexicanos.
Sin embargo, primero necesitaba recorrer unos kilómetros de montañas
ondulantes y algunas sierras con muy buenas subidas.
Salía de la región de los Tuxtlas y buscando hacerlo
por una ruta diferente, en mi mapa encontré una carretera sin pavimento que
estaba muy cerca de la Sierra de Santa Martha. A pesar de algunos comentarios
que buscaron desalentarme por lo difícil del camino, estos lo que hicieron fue
animarme aun más.
Sin embargo rodar con un clima frío por la montaña
es muy diferente a tener que hacerlo con temperaturas que rondan los 40 grados
y desde el comienzo de mi retirada de la playa lo pude comprobar.
Tenía que deshacer mis pedalazos por unos 20
kilómetros superando un paso de apenas 520 metros de desnivel. En mi viaje he
tenido que hacerlo muchas veces, pero en esta ocasión el calor me cobró con
todo. No se cuantas veces paré al sentir que pedaleaba dentro de un horno,
gasté toda mi agua en poco tiempo y mis fuerzas se desvanecieron con cada
pedalazo. Lo peor es que sabía que este era solo el abrebocas de la etapa.
Ese día con la lengua de corbata, haciendo muchas
más paradas de lo acostumbrado y sudando a litros por todos los poros de mi
cuerpo, llegaba al poblado de La Magdalena. Fue una etapa corta en kilómetros
pero que vi pasar lentamente uno a uno de ellos, sobre todo en cada una de las
fuertes subidas que tuve que remontar con una carretera que en sectores parecía
una senda para autos 4x4.
En La Magdalena, gracias a don Jesús Gutiérrez,
representante oficial del poblado, pude
descansar en el salón comunal y también recuperar energías gracias a su
invitación a comer.
Salía al siguiente día prevenido del camino que me
esperaba por la sierra, pero a pesar de unas subidas fuertes en un comienzo, el
terreno empezó a cambiar y ahora la tendencia era a la bajada. Luego de pasar
unos poblados indígenas donde sus mujeres usaban trajes bastantes coloridos, el
camino mejoró y aunque seguía rodando por terracería, se encontraba en muy
buenas condiciones y las pendientes volvían a ser las normales.
Justo antes de salir al pavimento y luego de una
bajada deliciosa, me percaté que se me había caído el GPS. Me regresé unos 4 km
de ascenso en pleno medio día y no logré encontrarlo. Cuando ya me resignaba a
seguir sin este aparatito y estaba retomando la ruta, por fin lo pude ver a un
lado del camino.
La carretera volvió al pavimento y con él empezaron
a aparecer nuevamente los autos. Una bajada suave pero constante hizo que
avanzara rápido y pudiera llegar a otra vía todavía más importante. Ahora
nuevamente mi mayor preocupación volvía a ser los grandes camiones.
Esa noche pude contar con la ayuda de la
"Protección Civil" de Cosoleacaque y me preparaba para tomar una
autopista nueva que no contaba con poblados, por lo menos en el mapa.
Luego de unos 50 kilómetros de columpios encontré mi
nueva ruta. Una autopista relativamente nueva que afortunadamente para mí,
tenía muy buen acotamiento y no era muy transitada. Suaves ondulaciones en el
camino fueron la constante del resto del día, alternando algunas
zonas boscosas con grandes sectores talados y adaptados para la
ganadería. Se nota que antes todo este gran territorio era una selva del que
sólo pequeños fragmentos dan una idea de su exhuberancia.
Ese día por la falta de poblados el hambre se estaba
apoderando de mí, hasta que al fin en el kilómetro 45 de esta autopista,
encontré un pequeño ejido donde pude comer arroz, huevos a la Mexicana y
fríjol, pero lo más gratificante de esta parada fue mi encuentro con Daniel
Pereira, quien se puso a filosofar de muchas cosas de la vida, de una manera
tan clara y profunda que realmente era un gusto escucharlo. Encontrarse con un
filósofo en medio de la nada en un pequeño poblado como estos, son los premios
que definitivamente tiene el andar en bicicleta.
Al
final de mi día llegué a otro pequeño ejido:
Cuahutemoc Pedregal. Aquí un grupo grande de niños fue
el que me dio la bienvenida. Luego conocí a los padres de algunos de ellos y
pude darme un buen baño y comer gracias a su invitación. Pasé una tarde muy
amena al son de cumbia colombiana que estaban escuchando.
Seguía en Veracruz pero Chiapas se sentía cada vez
más cerca. Primero tuve una entrada fugaz al estado de Tabasco y luego Chiapas
me recibía con el embalse de Nezahualcoyotl que es el tercero de los cuatro que
represan al río Grijalva en su paso por México.
El clima seguía siendo el que marcaba el paso. Tenía
que avanzar lo más que pudiera en la mañana, pues a eso del medio día y hasta
las 3 el calor era tal que obligaba a realizar algunas paradas para recobrar
las energías e hidratar.
Ese día luego de unas últimas subidas que me dejaron
sin aliento y buscando mi lugar para colocar la carpa, encontré un recodo junto
al pequeño río de Cacahuano. Allí estaba Eneas quien me permitió colocar mi carpa
en la propiedad que el vigilaba. Lo primero que hice allí fue darme un buen
chapuzón en este río que me invitaba a refrescarme.
Todavía me encontraba en una zona baja y sabía que
para llegar a Tuxtla Gutierrez, me esperaba una buena subida pero nunca me
imaginé que fuera tanta. Toda la mañana me la pasé suba que suba y cuando
parecía que ahora si empezaría la bajada final a la ciudad de Tuxtla, aparecía
una nueva rampa que me encumbraba otros metros más.
Lo malo fue que cuando realmente empezó la bajada y
ya estaba dispuesto a disfrutar de mi premio, la ruptura de un rayo (el segundo
en esta etapa) hizo que la rueda se desequilibrara e hiciera imposible rodar.
Fue necesario solicitar ayuda y llegar en auto directo a buscar una
bicicletería donde reparar a mi Monarca. Gracias a Rober De Los Santos
pude dejar lista mi bicicleta para continuar con mi viaje.
En Tuxtla me esperaba mi amigo Irving Niño, a quien
había contactado con anterioridad. Me encontré con él en el parque principal y
debido a su trabajo de fotógrafo no podía acompañarme hasta la casa. Sin
embargo con las llaves en mi bolsillo y con unas indicaciones pude ir a
relajarme y preparar estos días de descanso.
Tuxtla aunque es la capital de Chiapas, no es la
ciudad más visitada por los turistas en este estado. Sin embargo para mí sirvió
de punto de partida para visitar al día siguiente el poblado de ¨Chiapa de
Corzo¨ con su imponente Cañón del Sumidero, el cual pude recorrer en bote en un
trayecto que dura 2 horas en ir hasta la presa de Chicoasén y regresar. También
pude visitar otra Aldea Infantil SOS, de la cual habrá una historia particular,
ir a una pelea de boxeo, estar en el concierto del grupo Argentino ¨Enanitos
Verdes¨ y compartir con todos los amigos que conocí en la ciudad: Irving, Rudy, Pablo, Venus, Ariel y Hélèn y
Francis, una pareja de ciclistas que iniciaron su viaje en Canadá y van para
Suramérica.
Ahora emprendía camino para San Cristóbal de Las
Casas, pero para alcanzarlo tenía que superar una subida con 1900 metros de
desnivel. Tuve la suerte que ese día estuvo completamente nublado y hasta frío
para lo acostumbrado y pude tomar este reto con paciencia y ritmo, lo que me
permitió coronarla hacia la 1 de la tarde. Fueron 40 kilómetros sin ningún
descanso donde nuevamente rompí otro rayo que preferí arreglar para no tener el
problema de mi llegada a Tuxtla.
San Cristóbal tiene una mezcla interesante entre su
legado de arquitectura colonial, su población indígena, el turismo que llega en
buena cantidad y el bullicio propio de ser un centro comercial y económico de
la región. Aquí confluyen muchos aspectos positivos y negativos de la vida del
sur de México.
Me recibía Tania, quien me acompañó a dar una
primera vuelta para mostrarme los lugares más representativos.
Al siguiente día primero tomé un colectivo para ir
al tradicional pueblo de Chamula y ver más de cerca el colorido de su mercado y
su población, que casi en su totalidad es indígena. De todas formas algunos de
ellos están bastante influenciados por el turismo y esto se siente cuando los
niños se acercan a ti con la única intención de pedirte dinero.
Regresé a San Cristobal a seguir recorriendo sus
calles y edificaciones coloniales. Sus casas llenas de colores y el constante
ir y venir de población indígena por todas sus vias empedradas, generaban un
ambiente muy particular. Me adentré también en su mercado, que considero es el
mejor lugar para ver la realidad de todo el movimiento y las diferentes
relaciones entre la gente local.
Esa tarde pude reencontrarme con mis amigos de
pedaleada Matt y Scott. Con ellos había compartido algunos días muy frios en
California y por esas coincidencias mágicas del viaje nuevamente estabamos en
el mismo lugar.
Junto con otra amiga de San Cristobal, Janis,
estuvimos charlando toda la tarde, acompañados de una cerveza mientras afuera
llovía fuertemente. Estos momentos de buenos amigos, relajados y sin ningún
tipo de preocupaciones recargan energías para esos días de soledad y de
condiciones un poco adversas.
Me encontraba haciendo consultas para la obtención
de mi visa de Belice y un correo electrónico de parte de la embajada de este
país me dejó un poco preocupado frente a los trámites que debía realizar. Ya
estoy en la recta final de mi paso por México y el tener los días contados,
hizo que decidiera que debía continuar camino.
Tenía por delante un día que por la ubicación de mi
destino, debía ser con tendencia a la bajada, sin embargo las subidas aparecían
constantemente y este carrusel hizo que en tiempo total estuviera mayor parte
de él pedaleando fuertemente en un ascendo bastante intenso. Esta
es la zona nucleo del grupo Zapatista, por lo cual frecuentemente
encontraba consignas que me lo recordaban.
La ruta me llevó de sectores con bosque de pinos a
una vegetación más tropical hasta la población de Ocosingo. Allí el grupo de
rescate y Protección Civil me recibió muy bien y en medio de un diluvio que se
desató al final de la tarde, pudimos realizar unas prácticas de ascenso y
descenso por cuerdas.
Antes de continuar hacia Palenque quise ir a conocer
las ruinas de Toniná. Había escuchado muy buenos comentarios de este lugar y
realmente tiene su magia, más cuando fui el primero en entrar y por casi una
hora era el único que deambulaba por sus construcciones, sus pasillos y sus
escalinatas. Fue un centro religioso que rendía especial culto al Inframundo,
que para la cultura maya es el paso siguiente luego de la muerte terrenal.
Necesitaba rodar 65 km hasta las famosas cascadas de
Agua Azul y a pesar que la jornada la empecé tarde y que también encontré
algunas buenas subidas, hacia las cuatro y media estaba entrando a este lugar
único.
Había visto fotos del lugar y por ellas pensaba que
sería un lugar casi virgen, pero la sorpresa fue grande cuando al entrar, los
autos, buses, turistas por doquier, restaurantes y vendedores ambulantes
pululaban en cada recodo del camino a sus miradores. El sitio natural es único
y su belleza hipnotiza, sin embargo tanto comercio tan cerca de ellas rompe el
encanto que se pueda llegar a tener.
Esa noche conocí a otros amigos de Colombia y una
española que trabajaban en Oaxaca. Hablamos de todo un poco y me invitaron a
colocar mi colchoneta en su cabaña. Ellos partía bien temprano al día siguiente
y yo aproveché esa mañana para visitar las cascadas sin turistas ni vendedores.
A pesar que salí temprano, el camino a Palenque se empezó a poner
complicado por el calor tan fuerte que hacía y las subidas que empezaron a
aparecer. Al final bastante deshidratado estaba llegando a la famosa Palenque.
Tomé camino hacia el sector de las ruinas buscando
un campamento y por las cosas que tiene el viaje, volví a encontrarme con mis
amigos Colombianos, justo para despedirme de ellos con la idea de volvernos a
ver en Colombia a mi llegada.
Dejé un día completo para conocer las ruinas
arqueológicas de Palenque. La magia que se siente al estar en medio de una
selva bien conservada, con los rugidos y bramidos de los monos aulladores como
telón de fondo y el encuentro con los vestigios de esta imponente ciudad, es
única.
Se pueden visitar las pirámides construidas como
cámaras funerarias de los jerarcas mayas. La más importante es la de Pakal, lo
mismo que sus majestuosas edificaciones como el templo de las Inscripcioes y el
Palacio.
Todo el recorrido está lleno de la grandiosidad de
esta cultura y solo queda a la imaginación el contemplar esta gran ciudad en
todo su esplendor. Toda la mañana estuve recorriendo sus palacios, habitaciones
y subiendo y bajando sus escalinatas angostas. En la tarde fuí a visitar el museo
y ya rendido regresé al campamento sintiendo que apenas me unté de un poquito
de todo lo que Chiapas tiene para ofrecer.
De todas formas quedé con preocupación pues esta
área que era pura selva, hoy es más un gran pastizal para el ganado y la visibilidad
desde lo alto de las pirámides en Palenque, solo permitia ver una mancha gris
producto de tanta quema que se da en la región.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
En La Magdalena:
·
A Eneida Solano y su esposo Jesús
Gutierrez por su invitación a comer y por permitir colocar mi colchoneta en el
salón comunal del poblado.
·
A Protección Civil de
Cosoleacaque, en especial a su comandante Ivan y a Servando e Ignacio quienes
pusieron a mi disposición el lugar.
·
Un saludo especial a Daniel
Pereira, un filósofo en medio del camino. Todas sus palabras me llegaron muy adentro.
·
A la familia de Wilmer y María
Aurora en el Ejido Cuahutemoc Pedregal. Los niños Anahí, Fredy, Lorena, Irving,
Anabella, Herbey y Alexi hicieron muy amena mi estadía allí.
En
·
A Rober de Los Santos de la
Colonia San José Teheran por arreglar mi bici y hacerlo sin cobrarme ni un
peso. Y eso que hasta ahora está empezando con su nuevo pequeño taller.
·
En la oficina de turismo un
agradecimiento a Ariosto Montero por toda su ayuda y paciencia para brindarme
toda la información que necesitaba.
·
A Irving Niño por ser mi
anfitrión en la ciudad, abrirme las puertas de su casa y ayudarme en todo lo
que necesité.
·
A Venus Montalvo y Rodolfo Robles
por la compañía y buenos momentos que compartimos.
·
Ariel Silva por mostrarme todo su
trabajo fotográfico y compartir parte de su experiencia en este gusto que
también comparto. Si quieren ver el trabajo de este amigo pueden visitar www.arielsilvafoto.blogspot.com
·
A mis amigos ciclistas Hélène y
Francis con quienes compartimos este mismo sueño y con quienes pude aprender y
ver la experiencia de viajar en bicicleta desde otra perspectiva. Ellos tienen su sitio en www.rollingforgreen.org
En
la Aldea Infantil SOS
·
Raul Diaz Zárate, su director,
por abrirme las puertas de la aldea para compartir con los niños y sus madres,
conocer de este gran trabajo y sentirme más comprometido con esta causa.
·
Al Licenciado Jaime Javier López,
Director nacional de las Aldeas en México, a quien conocí en Tuxtla, por su
apoyo en este deseo de visitar las Aldeas.
En San Cristobal de Las Casas.
·
A Tania Liseth Cifuentes por
permitir quedarme en su casa y ser mi guía en la ciudad.
·
A Alejandra Carrillo (Janis) por
compartir esa tarde de buena charla. Una mujer muy interesante a la que espero
encontrar en otra oportunidad.
·
A mis amigos Matt y Scott por su
amistad y en realidad les deseo lo mejor en la continuación de sus sueños.
En
Ocosingo
·
Un saludo y agradecimiento
especial al Cuerpo de Rescate y Protección Civil
·
Gracias a Remigio de la zona
Arqueológica de Toniná por su invitación a conocer el área.
En Las Cascadas de Agua Azul y Palenque:
·
Un saludo especial a Alejandra,
Catalina, Andrea y Leo. Fue muy especial encontrarme con compatriotas en estos
parajes distantes, volver a probar bocadillos de mi tierra y ante todo dejar
unos buenos amigos que espero volver a ver cuando regrese a Colombia.
ALGUNOS DATICOS DE INTERES.
·
Días de viaje en el tramo: 14
·
Días totales de viaje: 307
·
Kilómetros recorridos en el
tramo: 715
·
Kilómetros acumulados: 16810
Paradas para pedir agua y recargar mis botellas: en
promedio unas 7 por día.
Más fotos de este recorrido: Fotos desde Tuxtlas hasta Palenque
RODANDO POR EL GOLFO
DE MEXICO. De Veracruz a la reserva Biológica de los Tuxtlas. (13 al 20 de
abril, 2008)
Saliendo de la Playa de Chalchihuecan me despedía de
mi amiga Deyanira y también lo hacía del poblado de Antigua (donde Hernán
Cortéz piso por primera vez suelo continental de las Américas).
El fuerte viento que el "norte" había
traído, afortunadamente estuvo a mi favor, por lo que los 23 km que me
separaban del puerto de Veracruz los pude hacer en menos de una hora.
Allí me esperaba Jorge Lara, a quien había conocido cuando volé en globo
sobre las pirámides de Teotihuacan. Realmente Jorge fue un gran anfitrión, con
sus invitaciones para que degustara la comida de mar de la región, el hospedaje
que me brindó en las "Suites Sofía", y las gestiones que realizó para
que no me fuera sin una entrevista con la televisión local.
Por el trabajo que Jorge realiza en su agencia, pude
conocer unas nuevas amigas Paraguayas, quienes están realizando diferentes
trabajos de modelaje en la ciudad y sus alrededores. También con ellas pude
compartir una parte de mi paso por la ciudad.
Veracruz es llamada la "Cuatro veces
Heroica" gracias a que soportó diferentes invasiones y asedios por parte
de la corona española, del partido conservador y en dos ocasiones por los
estadounidenses, entre los años 1823 y 1914. Por esta razón sus calles y
construcciones están cargadas de historia, en especial el Fuerte de San Juan de
Ulua, el Baluarte Santiago y muchas edificaciones cercanas al puerto.
Otro lugar que vale la pena conocer en la ciudad es
el Acuario. Pude visitarlo gracias a Raul González quien está encargado del
programa de tortugas marinas. Lamentablemente por los fuertes vientos, que
todavía continuaban, no pude ir hasta una isla cercana a conocer el trabajo que
Raul realiza de una forma más directa.
Me despedía de Jorge y de los nuevos amigos que
había encontrado en Veracruz, para continuar mi camino junto al mar ahora rumbo
a una región especial por su riqueza biológica: La Reserva de la biosfera de
los Tuxtlas.
Antes había algunos pueblos que esperaba conocer. El
primero de ellos era Alvarado que es reconocido en la región por la pesca que
realizan del camarón y otras especies marinas. Allí me recibieron Graciela y
Toño, los padres de Graciela Tiburcio, la coordinadora del grupo de tortugas
marinas de la región de Los Cabos en Baja California Sur.
Toño se iba de cacería y me invitó a que participara
de ella, pero realmente no lo hice pues justamente yo estoy en contra de esta
práctica que está llevando a muchas especies al borde de la extinción. Preferí
quedarme a descansar, comer pescado que doña Graciela había preparado y luego ir
a caminar por la arena de la playa esperando que el sol con sus últimos rayos
se despidiera hasta el próximo amanecer.
Estaba como a 30 km de un pueblito pintoresco
declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Se trataba de Tlacotalpan y
gracias a que salí temprano y a que la vía sólo tenía algunas pequeñas colinas,
estuve allí antes de las 11 de la mañana.
Mi intención era conocerlo en un par de horas, pero
cuando estuve allí y me llené de su colorido, de su tranquilidad, de su
arquitectura particular y de sus gentes amables, me dieron ganas de quedarme. Y
justamente gracias a uno de sus habitantes, Juan Manuel, pude dejar descansar a
mi Monarca y deleitarme con la paz que este lugar brinda.
Con Juan Manuel fuimos a otros rincones que no
aparecen en las guías turísticas y al final de la tarde disfrutamos de una
buena nadada en el "Río de las Mariposas" o "Papaloapan",
que pasa junto al poblado y que muchos años atrás fue el que le trajo el
esplendor al poblado, cuando arribaban barcos de gran importancia.
A la mañana siguiente Juan Manuel me acompaño en su
bicicleta por unos 15 kilómetros hasta que retomé nuevamente la ruta principal.
Seguía por un camino con ondulaciones suaves pero ya a la distancia se empezaba
a ver la silueta borrosa de la Sierra de los Tuxtlas y su pico principal del
"Volcán San Martín".
Estos días había tenido la fortuna de contar con un
clima agradable pero ya el norte se había ido y el calor empezaba a sentirse
con más fuerza.
La cercanía a la Sierra trajo las primeras subidas y
con el calor que ahora se empezaba a sentir, hacían que las fuerzas se
empezaran a perder rápidamente así como el liquido corporal.
Ya en la región de los Tuxtlas pude visitar en
primer lugar a Santiago Tuxtla donde se puede conocer aspectos de la cultura "Olmeca"
en su museo "Tuxteco" donde sobresalen 2 de las grandes cabezas de
esta cultura.
Por un pequeño brote de rubéola que estaba aquejando
la región norte de Veracruz, terminé aplicándome la vacuna. Aproveché la
cordialidad y las sonrisas de las enfermeras para no preocuparme de la aguja
entrando en mi brazo.
Mi siguiente ciudad era San Andrés Tuxtla donde
gracias a los bomberos pude terminar el día descansando cómodamente.
La Sierra de Los Tuxtlas presenta gran cantidad de ríos y quebradas que
forman hermosas cascadas. Quería ir a conocer el salto de Eyipantla, quizás el
más famoso de la región. Fue necesario tomar un desvío pero realmente valió la
pena el conocer este lugar de gran belleza natural.
Eso si, el regreso fue intenso por la subida y el calor
que cada vez se hacía más intenso.
Pude hacer una parada en la casa de Isaac, uno de
los bomberos que me había dado las señas de la casa de su familia para que
parara a descansar y comer antes de continuar mi camino.
Tenía el plan de llegar a una de las playas de la
reserva, pero tendría que rodear esta parte de la sierra y eso implicaría
algunas buenas subidas.
Antes de ello pasé por la ciudad de Catemaco donde
su gran laguna creaba un escenario único.
Me acercaba a la costa y antes tuve que superar un
paso montañoso que en días atrás no hubiera tenido ninguna dificultad, pero que ahora con el calor que rondaba los
40 grados, parecía un reto inalcanzable.
Una bajada de casi 10 kilómetros por fin me refrescó
y pude volver a sentir la playa cerca. Sin embargo la geografía quebrada de la
sierra hizo que la espera se prolongara por un poco más, incluyendo un par de
subidas adicionales que me fueron dejando con el tanque de combustible casi
vacío.
Me pareció bastante triste ver como la Reserva de la
biosfera de los Tuxtlas está bastante degradada, realmente la ganadería
extensiva tiene destruido este legado natural. Según algunos estudios en estos
momentos tan solo el 15% de la cobertura original de la selva sigue en pie y
sobre todo se ha perdido la cobertura de las zonas bajas.
Quien sabe cuantas especies habrán desaparecido sin
ni siquiera haberlas conocido y el problema es que el deterioro continua.
Llegué a la playa de Monte Pío motivado en gran
medida por la posibilidad de ver monos aulladores, pero ni sus aullidos pude
escuchar. Lo único que pude ver y sentir fue el turismo masivo que llegó a
estas playas para dejar botellas, latas e inclusive pañales tirados al final de
este día de descanso.
Un bonito atardecer ya en solitario me hizo volver a sentir el contacto
con este entorno tan maltratado.
No quería partir de este lugar así no más. Por lo
cual planee para el siguiente día visitar otras playas. Regresaría un poco y me
desviaría para conocer la playa donde se filmaron algunas escenas de la película
"Apocaliptico" de Mel Gibson y luego iría hasta la "Barra de
Sontecomapan" donde buscaría pasar la noche.
La Barra de Sontecomapan resultó una playa muy
especial donde confluyen las aguas dulces de una laguna cercana con el mar y la
presencia de mangle le dan un colorido hermoso. También es especial el poder
adentrarse en sus aguas caminando en sus arenas de baja profundidad.
Llegué temprano y pude disfrutar del paisaje,
escribir, leer, nadar y conocer nuevos amigos. Terminé compartiendo con Saul y
su familia de una tarde muy agradable.
Me preparaba para salir de la costa del Golfo para
adentrarme ahora en la búsqueda de Chiapas, una región con bastantes atractivos
naturales y culturales.
Quedaba preocupado por la degradación en que se
encuentra esta región y con la despreocupación que la gente tiene en general
sobre el medio ambiente. Ojala que las acciones gubernamentales tengan algún
efecto, aunque creo, que si la gente no toma conciencia y somos todos los que
ponemos nuestro grano de arena en cada acción cotidiana, la tarea y deber de
salvar nuestro planeta, va a estar bien difícil.
AGRADECIMIENTOS
ESPECIALES
En
·
A Jorge Lara y su esposa Ana
Medellín por hacer de mi paso por el puerto un momento de tranquilidad y
descanso.
·
A Marco Lopez y Antonia Albuerne
de "Suites Sofía" por la amistad que me brindaron
·
A Raul González por recibirme en
el acuario de la ciudad e invitarme a conocerlo.
·
Un saludo especial a Alexandra,
Alice y Vanessa de Paraguay.
En
Alvarado
·
A Toño Tiburcio y su esposa
Graciela por recibirme en su casa.
En
Tlacotalpan
·
Un saludo especial a Hisa y Fallo
del Ropero de los Abuelos por su recibimiento y amistad.
·
A Juan Manuel Alvizar por
invitarme a quedarme en su casa y ser mi guía del poblado y sus lugares
desconocidos.
San
Andrés Tuxtla
·
A su cuerpo de bomberos, en
especial a su comandante Hugo Ponce y a Isaac Hervis que me recibió en la casa
de su familia.
En
Barra de Sontecomapan
·
A Saul Santos y su familia por la
invitación que me hicieron a una excelente comida y por la tarde agradable que
pude pasar con ellos.
·
A Juanita y Andrés Rosario de la
Palapa Estrella de Mar por permitir quedarme a pasar la noche.
ALGUNOS DATICOS DE INTERES.
·
Días de viaje en el tramo: 8
·
Días totales de viaje: 293
·
Kilómetros recorridos en el
tramo: 327
·
Kilómetros acumulados: 16095
Muchos litros de sudor derramados en estos días de
intenso calor.
Más fotos de este recorrido: Fotos desde Veracruz hasta la reserva
biologica de los Tuxtlas
EL GOLFO DE MEXICO:
MI NUEVO DESTINO
Del Distrito Federal
a las playas de Chalchihuecan (del 2 al 12 de abril, 2008)
Salía de la ciudad más grande del mundo y para ello
tuve que rodar por más de 20 km antes de sentir que el campo empezaba a
aparecer a los lados del camino. A pesar del estrés propio de rodar en medio de
un tráfico bastante agresivo, me fue muy bien en esta parte del camino, sin
percances o incidentes.
Cuando por fin dejé las últimas casas de Ixtapaluca, apareció ante mí la
visión del volcán de Iztaccihuatl y con
él, empezaron a vislumbrarse las primeras colinas que auguraban un gran ascenso
para superar la base de esta gran montaña nevada.
Fue un ascenso de casi 1000 metros de desnivel donde
al final me encontré en medio de bosques de pino que hacían parte del parque
Nacional de Zoquiapan. A partir de allí me cambié a la autopista para descender
rápidamente hasta la ciudad de San Martín donde tomé el desvío hacia Cholula. Había escuchado hablar de esta
población, por su hermosa zona histórica donde sobresale la gran cantidad de
iglesias incluyendo una de ellas en la cima de una gran pirámide descubierta
recientemente.
Ya al siguiente día pude visitarla y comprobar que
prácticamente cada cuadra de su zona histórica tiene una iglesia. También pude
visitar la famosa pirámide, recorrer los túneles que excavaron para descubrir
la magnitud de la misma y los vestigios que aún quedan en pie. Resulta curioso
saber que hasta hace poco tiempo no se sabía que esta gran colina era una gran
pirámide.
Algo muy particular de esta región es la posibilidad
de ver en toda su magnitud los volcanes de Iztaccihuatl y el Popocatepetl.
Hermosos, pero lamentablemente sobreexplotados a pesar de ser Parques
Nacionales.
Seguía camino rumbo a la ciudad de Puebla donde
afortunadamente me esperaba Fátima. Como
llegué relativamente temprano, pude visitar su centro histórico antes de llegar
a la casa de mi amiga. Fue un primer vistazo pues esperaba recorrer con más
detenimiento sus calles y construcciones al siguiente día.
Ya en casa de Fátima pude descansar de un día
bastante caluroso y revisar lo que quería visitar en el centro histórico de
Puebla. El siguiente día mi amiga me acompañó al centro y fue mi guía antes de
que tuviera que irse a su clase de economía. Como siempre, caminé bastante de
una iglesia a otra, de una calle a la siguiente y de un museo a otro.
Partía ahora rumbo a un nuevo estado. Se trataba de Tlaxcala con su
capital que tiene el mismo nombre y que estaba a tan solo 30 km de Puebla. A
pesar de unas pequeñas colinas llegué rápidamente a la ciudad, por lo que tuve
tiempo de conocerla. Allí tuve la suerte de encontrarme con Zeus Rodríguez, un
deportista consumado, quien al saber de mi viaje no dudó en invitarme a su
casa.
Luego de instalarme y tomar una ducha, retornamos al
centro para recorrer otros sitios turísticos que había pasado por alto.
Inclusive resultamos en el poblado vecino de Chiautempan para conocer su
¨Tianguis¨ o mercado popular.
Continuaba camino ahora rumbo a Xalapa y para ello
tomé un camino alterno a la autopista con la vista siempre presente del volcán
Malinche y sorteando un rosario de pequeños poblados. Me gusta mucho más estos
caminos que permiten ver la vida del campesino, del lugareño, del hombre de
pueblo de una forma más directa.
Huamantla, me trajo unos bonitos encuentros. Primero
fue José Luis, un artesano quien me regaló un zapatito en miniatura que ahora
cuelga en uno de los costados de mi maleta y el otro encuentro fue con Omar, su
esposa Susy y sus hijos Diego y Faby. Luego de conversar un poco acerca de mi
viaje me preguntaron si sabía a que ritmo trabajaba mi corazón; realmente era
una pregunta curiosa pero como ellos tienen un centro de spinning sabían del
tema. Al final de todo, para que pudiera responder la próxima vez a esta
pregunta, me regalaron un reloj medidor de frecuencia cardiaca. Realmente fue
un regalo muy especial con el que ahora espero saber si estoy andando demasiado
relajado o si alguna subida está a punto de hacerme reventar el corazón.
Esa noche el hospedaje fue cortesia de la Policía
Federal. Nunca les había pedido ayuda y realmente me recibieron muy bien en su
estación de Zacatepe.
Antes de llegar a la ciudad de Xalapa en mi paso por Perote, pude conocer
el fuerte de San Carlos, el cual es un vestigio del poderío español en América
y que luego sirvió de escuela militar y por último de carcel. Ojalá lo
recuperen para mostrar una parte de la historia de la región.
Luego de un gran descenso, donde la adrenalina
estuvo al ciento por ciento al momento de pasar gran cantidad de camiones,
entraba a la capital del estado de Veracruz. Xalapa me recibía con un buen
grupo de amigos bicicleteros. Tenía la invitación de Ruben Hernández del grupo
los Cafecletos y también al llegar a la ciudad pude conocer a Raul y Roy
quienes coordinan el grupo "Xalapa pro ciclismo". Gracias a estos
encuentros mi estadía en la ciudad estuvo llena de gran calor humano y
realmente no me quedó casi ningún momento libre, pues siempre había alguna
actividad programada con alguno de ellos.
El día siguiente a mi llegada realicé una pequeña
charla organizada por mi amigo Ruben en "El Café Latino", donde pude
conocer a más amigos del ciclismo de la ciudad e inclusive dar un par de
entrevistas para un periódico y un canal de televisión local.
Gracias a Victor Escoto y Denisse de la tienda de
bicicletas "Bike-X", quienes asistieron a la charla, mi Monarca tenía
garantizada una revisión para el siguiente día, donde le pude resolver un
problema con mi parrilla, con los pedales y con el cuentakilómetros.
Mi Monarca quedó lista para recorrer las calles de la ciudad en el
acostumbrado paseo nocturno de los miércoles donde se reúnen ciclistas urbanos
para dar un recorrido por sus calles, promoviendo el uso de este gran medio de
transporte y buscando que exista un mayor respeto por parte de los demás
vehículos frente a la bicicleta.
El jueves fue un día que lo dediqué a las tareas
rutinarias del viaje, como son, el organizar ropa, escribir un poco, revisar
correos y tratar de adelantar mi sitio web que en ocasiones se me empieza a
quedar atrasado por todas las demás actividades que aparecen en el recorrido.
Me habían recomendado de antemano visitar un par de
poblados cercanos a Xalapa y para ello, Raul, Roy y Alison se ofrecieron a
acompañarme mostrándome una ruta muy especial por carreteras de terracería y en
algunos lugares inclusive sorteando senderos en medio de cafetales. El camino
no era muy largo, pero la belleza de cada mirador o los detalles que aparecían
en cada recodo del sendero hicieron que se nos fuera todo el día en el
recorrido. Visitamos el pueblo de Coatepec donde sobresalen sus casas
virreinales y toda la cultura entorno al café y Xico donde es obligatorio
visitar el salto de Texolo y disfrutar de una comida típica en el restaurante
"La Molienda".
Esta es una región de mucha naturaleza con varios
atractivos para realizar deportes de aventura, pero hubiera necesitado quedarme
varios días más para disfrutar de todas sus posibilidades.
Afortunadamente gracias a que don Tomás Martínez nos
acompaño con su camioneta escolta, pudimos regresar con seguridad en medio de
la noche.
Se me acababan los días en Xalapa y partía con la
nostalgia de dejar buenos amigos. Sin embargo Ruben no quería dejarme partir en
solitario por lo que convocó a algunos amigos que se sumaron a mi jornada en
busca de las costas del Golfo.
Al día siguiente éramos un grupo como de 12 personas las que salíamos de
la ciudad rumbo a tierras más calientes. Mi destino propuesto era llegar a una
playa veracruzana con la intención de tener mi encuentro con este nuevo
escenario: el Golfo de México. Había podido compartir con mi amiga Deyanira
este deseo y ella me comentó de la playa de Chalchihuecan, la cual también
tenía un significado especial para ella, por lo que me acompañaría a este lugar
especial.
El día afortunadamente estuvo fresco y en la medida
que iban pasando los kilómetros empezaron las despedidas. Primero fue Rubén,
luego don Tomas, su familia y otro grupo de jóvenes ciclistas, hasta que en
Antigua nos despedimos de los últimos amigos. Solo quedamos Deyanira y yo en
busca de nuestra playa a la que nunca me le aprendí el nombre.
Lo único malo fue que se estaba presentando lo que
llaman "Norte" o temporal de mal tiempo, por lo que los vientos
fuertes convirtieron las aguas calmas del Golfo en un escenario de mayor
cuidado. Sin embargo no podía dejar para otro día el zambullirme en sus aguas.
Estaba al otro lado de México y mi viaje ahora
continuaba muy cerca del Golfo y de sus aguas calidas. Nuevos paisajes,
cultura, costumbres y amigos. El viaje sigue cargado de todos estos encuentros
que le dan el picante al recorrido.
AGRADECIMIENTOS
ESPECIALES
En
·
A Gabriel Mora y su amigo Emanuel
Solis. De jugos "El Mora" por su invitación a deleitarme de un gran
jugo a mi llegada a la ciudad.
·
A Fátima quien me recibió en su
casa, me mostró los lugares interesantes de la ciudad y fue una gran anfitriona.
Realmente
gracias por su amistad.
En
Tlaxcala
·
A Zeus Rodriguez por su
invitación para quedarme en su casa, por guiarme en mi paso por esta ciudad y
por la buena dotación de barritas de cereal para el camino.
En
Huamantla
·
A Omar Rodriguez, su esposa Susy
y sus hijos Diego y Faby. A pesar del corto tiempo que estuvimos juntos me
entregaron su amistad y llevaré ahora otro aparatito más con el que sabré si mi
corazón no se está esforzando mucho o si estoy a punto de reventar. Gracias por este gran
regalo.
·
A Jose Luis, un artesano del
lugar que me regaló un zapatito miniatura que ahora llevo colgado en mis
maletas. Espero
encontrarle su pareja cuando llegue a
En
Zacatepec
·
A la Policia Federal por
permitirme pasar la noche en su estación, por la invitación a comer y por la
buena energía que me brindaron. Un saludo especial al oficial Sanchez Delfín.
En
Xalapa
·
A Rubén Hernández quien a penas
supo de mi viaje se puso en contacto conmigo y gestionó gran parte de las
actividades que realicé en la ciudad. Un gran amigo "Cleto" al que le
deseo lo mejor en sus próximas actividades y viajes.
·
A Roy por brindarme el hospedaje
en su casa y ser otro gran promotor del ciclismo en la ciudad. Pueden conocer
su trabajo en www.xalaparoy.com
·
A Raul por toda la fuerza que le
impone al sueño de tener ciudades bicicleteras, por los proyectos que adelanta
y su amistad y compañía en estos días en la ciudad. Los proyectos de Xalapa Pro
Ciclismo los pueden conocer comunicandose al e-mail: xalapaprociclismo@yahoo.com.mx
·
A Victor Escoto y Denisse Jácome,
de la tienda de ciclismo "Bike-X" por solucionar todos los
problemitas de mi querida Monarca. Si están en la ciudad y quieren el servicio
de una excelente tienda no duden en consultarles. Su sitio web es: www.bike-x.net
·
A Hilder Lara del Café Latino y
del restaurante "La Molienda" en Xico, por sus invitaciones a comer .
Creo que gracias a ellas salí un par de kilitos más gordito de la ciudad.
www.coyopolan.com
·
A Yolanda y Leonardo del
Restaurante Lola por su amabilidad y también por las invitaciones que me
hicieron a comer en su restaurante muy tradicional.
·
A mi amiga Deyanira por su
amistad, hospitalidad y por ser mi compañera de viaje en un día de recorrido al
llegar a la playa de Chalchihuecan.
·
A David Pettitt y Paula Johnson,
dos amigos estadounidenses que conocí en la casa de Roy y que me brindaron su
amistad. Espero
algún día ir a visitarlos.
·
A todos los amigos ciclistas de
la ciudad que fueron a la charla y a los que me acompañaron a mi salida de la
ciudad. Algunos me ofrecieron otras ayudas para mi bici o llevarme a conocer
algunos lugares cercanos pero creo que hubiera necesitado estar otra semana
para haber realizado todas las actividades que se me fueron abriendo poco a
poco. Les quedo agradecido y espero volver para compartir más tiempo con cada
uno de ellos.
ALGUNOS DATICOS DE INTERES.
·
Días de viaje en el tramo: 11
·